Las plantas pueden parecer muy sedentarias, pero nada más lejos, en realidad sus viajes son comparables a los de los animales.
Algunas se alejan sólo unos centÃmetros de su planta madre, lo suficiente para evitar la competencia con ella, pero otras recorren miles de kilómetros. La peculiaridad de las plantas es que viajan normalmente sólo cuando son muy jóvenes: cuando son embriones (semillas) cómodamente instalados en un vehÃculo muy eficaz y económico (el fruto).
Las plantas han inventado por su cuenta prácticamente todas las modalidades de viaje: la autopropulsión, el autoestopismo, el vuelo planeado, el viaje en coche, avión, barco y submarino, la excavación… Para ello han diseñado multitud de dispositivos en los que han tenido que fijarse los ingenieros humanos.
Si vas andando por la cuneta de una carretera y de pronto sientes en la cara una lluvia de pequeños impactos, puede que hayas rozado con el pie un fruto de pepinillo del diablo. Estos frutos están hinchados por efecto de un lÃquido sometido a gran presión y cuando los rozas, se desprenden de su pedúnculo. Mientras el fruto cae hacia abajo, las semillas son disparadas a gran velocidad hacia arriba a través del orificio por donde se unÃa el pedúnculo. Otras plantas tienen frutos que explotan cuando se secan demasiado y a veces el sonido que producen es casi tan fuerte como el de un disparo.
Pero las plantas que usan la autopropulsión son más bien escasas. La mayorÃa prefiere métodos más económicos y que permitan un desplazamiento más lejano. Una especialidad de las plantas es viajar como polizones de animales. Muchas semillas pequeñas viajan con el barro que se pega a las patas de los pájaros o de los mamÃferos. Otros frutos asaltan a sus vehÃculos: se agarran con ganchos pegajosos al pelo (de ahà nació la idea del velcro) o se clavan por medio de crueles espinas.
Muchas plantas, sobre todo del sotobosque, contratan un servicio de transportistas muy eficiente, las hormigas, pagándoles con una gotita de sustancia grasa que lleva adherida la semilla. Las hormigas no sólo dispersan las semillas, sino que las depositan bajo tierra, en un entorno abonado y muy propicio para su germinación. Otras plantas pagan a los roedores y otros animales con algunas de sus semillas, que producen en gran número. Los roedores entierran las semillas que no se pueden comer y luego no se acuerdan de volver a por todas.
Muchas semillas viajan como polizones internos de los animales. Las plantas no producen frutos apetitosos para alimentar a los animales: lo que buscan es que sus semillas viajen en el interior de sus cuerpos (esta táctica tiene además la ventaja de que son depositadas en su lugar de destino junto a un montón de abono). Muchas semillas no germinan si no son tratadas previamente con ácido clorhÃdrico como el del estómago o con enzimas digestivas. Las frutos suelen presentar colores llamativos (sobre todo rojos y azules, en general para atraer a los pájaros, ya que son los colores que mejor perciben las aves) y olores irresistibles (sobre todo los frutos dispersados por mamÃferos, que se valen de su olfato más desarrollado para localizarlos).
Otras plantas usan reptiles o peces para su dispersión. Algunas plantas presentan adaptaciones muy especializadas. Por ejemplo, algunas especies de muérdago, que son parásitas que viven sobre árboles, producen unos frutos muy pegajosos, para que los pájaros que los ingieren no depositen los excrementos en el suelo. Cuando el pájaro intenta defecar, el excremento no se desprende del todo y el único modo que tiene de librarse de él es restregándolo contra el tronco del árbol, donde se queda pegado.
Muchas plantas usan un transportista que está presente en todas partes, que no necesita ser recompensado y que puede llevarlas hasta muy lejos: el viento. Para ello han diseñado paracaÃdas y plumas (vilanos), alas (frutos del olmo, por ejemplo) y hélices, que giran como un helicóptero (frutos del arce). Otras plantas transportan a sus semillas a ras de tierra, rodando ellas mismas impulsadas por el viento (los tÃpicos hierbajos esféricos que se ven en las pelÃculas del oeste). El inconveniente de este modo de transporte es que el viento es muy caprichoso: puede no soplar o arrastrarte hasta lugares en los que nunca podrÃas sobrevivir, y lo mismo te apea en medio del mar que en un desierto. Por ello, las plantas que lo usan suelen producir bastantes semillas.
Otro medio de transporte gratis es el agua: algunos frutos pueden ser arrastrados por los rÃos y las semillas pueden germinar donde la corriente se haga más lenta (el transporte rÃo arriba puede ser llevado a cabo por animales o por el viento). Otros frutos son transportados a través del mar, pero este viaje puede ser larguÃsimo: las plantas que lo realizan, como los cocoteros, dotan a sus semillas de una gran cantidad de alimento, de una cubierta muy resistente y de tejidos especiales de flotación (en este caso la envuelta fibrosa del coco).
Por último, hay frutos que emprenden un viaje hacia abajo, para que las semillas puedan germinar en el suelo. La planta del cacahuete, por ejemplo, entierra activamente a sus frutos, emitiendo tallos que se introducen en la tierra, pero otros frutos tienen que excavar por su cuenta. Es el caso de los populares relojitos (los frutos de una planta de la familia de los geranios) o de los frutos de ciertas especies de esparto. Estos frutos tienen forma de hélice taladradora y son capaces de girar cuando el tiempo es seco, debido a las diferencias de humedad entre sus células.

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Hola,
Enhorabuena por el documento. Se agradece la alta calidad y el trabajo divulgativo realizado a través de estas páginas.