Las pesadillas de Malthus sobre el colapso demográfico habrían tomado tintes apocalípticos si hubiera conocido en detalle la biología de algunos organismos.
Algunas bacterias se dividen cada veinte minutos, con lo que podrían ocupar la superficie del planeta en poco más de un día. Las hembras de algunos roedores son fértiles inmediatamente después de destetarse. Las larvas del díptero Miastor generan incontables larvas hijas que crecen en su interior, a partir de óvulos no fecundados. Cuando no caben todas en el cuerpo de su madre, revienta su piel y las hijas se liberan.
Una población sólo alcanza el equilibrio si la tasa de muertes aumenta con la densidad de la población o si la tasa de nacimientos se reduce al aumentar la densidad o si ocurren ambas cosas a la vez. En algunas poblaciones, sin embargo, las muertes descienden con la densidad y los nacimientos aumentan. Esto conduce a un crecimiento explosivo que sólo puede ser detenido por un colapso catastrófico.
En la naturaleza aparecen ejemplos de todo esto. En el famoso caso de los lemmings, cuando las condiciones ambientales son favorables, la tasa de natalidad se dispara, proporcionalmente a la densidad de individuos, mientras que las muertes permanecen casi constantes. Pero cuando se rebasa un umbral de densidad, los individuos cambian su comportamiento: no toleran a otros lemmings en las cercanías y se vuelven agresivos. Esto empuja (sobre todo a los jóvenes y débiles) a migrar y expandirse hacia fuera de los territorios. No es cierto que los lemmings se dirijan en caravanas hacia acantilados con el propósito decidido de despeñarse. Lo que ocurre es que a veces los accidentes geográficos, como ríos y desfiladeros, los hacen concentrarse en enormes cantidades y avanzar en la misma dirección. Muchísimos mueren durante la travesía por enfermedades contagiosas y ataques de predadores (son muy visibles), y a veces ocurren ahogamientos masivos por crecidas de los ríos. Al encontrarse frente a precipicios pueden caer a causa del pánico y la ansiedad por separarse de sus congéneres.
En el caso de las liebres americanas boreales, se producen ciclos inusualmente regulares en el tamaño de la población, que están sincronizados prácticamente desde Alaska a la costa este de Canadá. La población alcanza un máximo cada 8-11 años, para caer espectacularmente después (la población puede hacerse cien veces más pequeña). Las liebres recurren a los dos mecanismos antes descritos para bajar rápidamente sus peligrosas cifras máximas (que las llevan al borde del colapso ecológico): la supervivencia de las liebres jóvenes durante el invierno disminuye y cae en picado el número de nacimientos. Esta etapa dura unos tres o cuatro años y al final también aumenta la mortalidad de las liebres adultas. Tras esto, empiezan a subir marcadamente las tasas de supervivencia y natalidad.
La causa del descenso a partir del máximo es el agotamiento de las plantas que las liebres ramonean durante el invierno. Tras la correspondiente hambruna, la acción de los depredadores sobre las liebres es muy intensa, ya que su número ha crecido siguiendo al de las liebres, y por la inercia reproductora, continúan creciendo hasta un poco después de la caída de las liebres. Esto hace bajar aún más la población de liebres, pero llegan a ser tan escasas que los depredadores mueren en masa. Gracias a ello, y a la recuperación de las plantas durante esos años, las poblaciones de liebres pueden crecer de nuevo rápidamente.
Los lagomorfos (liebres y conejos) presentan muchas adaptaciones para poder reproducirse rápidamente cuando las condiciones son favorables. Los individuos alcanzan muy pronto la madurez sexual, los tiempos de gestación son muy cortos y las camadas muy numerosas. Además, la ovulación puede ser inducida por la cópula y las hembras pueden quedarse preñadas nada más dar a luz. En sentido opuesto, las hembras pueden controlar la natalidad reabsorbiendo embriones en condiciones climáticas adversas o cuando la densidad de individuos es muy alta.
Los lagomorfos y muchos roedores son estrategas de la “r”. Se llama así a los organismos que escogen unas altas tasas de reproducción y un ciclo de vida corto, para aprovechar las oportunidades momentáneas y adaptarse a entornos cambiantes. Estos organismos tienen que recurrir a veces a medios muy drásticos para controlar la sobrepoblación: canibalismo sobre las crías, luchas entre adultos, migraciones en masa, etc.
Otros organismos, entre los que se encuentra el hombre, optan por bajas tasas de natalidad, camadas pequeñas y tiempos prolongados de gestación, crianza y madurez. Son los estrategas de la “k”, que son más eficientes en el uso de los recursos en entornos estables y pueden llegar a adquirir complejas conductas adaptativas por medio del aprendizaje individual o social. Una de las medidas más efectivas a largo plazo para moderar el crecimiento de las poblaciones es retardar el comienzo de la edad fértil. Por ejemplo, la capacidad de reproducción en las hembras de mamíferos está controlada por la cantidad de grasa corporal acumulada. En sociedades de cazadores-recolectores, con un aporte de calorías no muy abundante y altos niveles de ejercicio, las niñas llegan a la pubertad a los catorce o quince años, mientras que en nuestras sociedades industrializadas, con abundancia de alimentos ricos en grasas y calorías, la edad de la primera menstruación ha bajado hasta los 11-12 años.
Las aves pueden regular razonablemente bien el número de huevos que ponen para que el número de polluelos que llegan a adultos sea máximo, a pesar de que muchas pueden poner muchos más (por ejemplo, si retiramos los huevos que va poniendo una hembra de gorrión, llegará a producir hasta cincuenta). Este número puede variar en función de las necesidades de termorregulación, la facilidad para obtener alimento o la presión de los predadores. Por tanto, las aves cuentan en general con mecanismos adecuados de control de su reproducción. Es interesante el ejemplo de muchas aves tropicales: cuando aumenta la población y no hay nidos libres, los ejemplares jóvenes se quedan en el nido de sus padres para ayudar a cuidar a sus hermanos y no se reproducen.
En nuestras manos está que nuestro modelo de crecimiento inmediato siga estas pautas previsoras. Debemos usar sosteniblemente los recursos y disminuir la natalidad. Si no actuamos así, nos ocurrirá lo que a los lemmings y las liebres boreales.

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Sinceramente deseo felicitaros por la información que tiene esta página. Es muy interesante.