Español flagInglés flag

Tiempo estimado de lectura 4:13 min. rellotge
Plantas prometedoras: Nuevas especies en agricultura

Hasta el momento hay catalogadas más de 200.000 especies de plantas, de las cuales se estima que al menos 30.000 contienen partes comestibles para el hombre, pero sólo unas 7.000 se han cultivado alguna vez.

La base de nuestra alimentación (hasta el 90%) está constituida por sólo unas 20 especies, y sólo tres (trigo, maíz y arroz) acaparan el 50%.

La inmensa diversidad vegetal de la Tierra (que además contiene seguramente muchas especies que aún no han sido descritas) es un recurso que está claramente infrautilizado. Muchas de las plantas que ignoramos pueden poseer cualidades nutritivas extraordinarias, producir incontables sustancias útiles para la medicina o la industria o adaptarse muy bien a condiciones extremas que impiden el cultivo en extensas regiones del mundo.

La dependencia de la humanidad de un puñado de especies para su alimentación es peligrosa. Siempre se generarán tensiones entre los territorios productores y los consumidores de estos alimentos, y además la uniformidad genética puede conducir a una rápida extensión de plagas y enfermedades que diezmen las cosechas y causen hambrunas generalizadas. Ante una población humana creciente, es cada vez más necesario cultivar mayores extensiones, y se debe procurar que las distintas regiones del mundo sean en gran medida autosuficientes, para lo cual se debe disponer de plantas que estén adaptadas a climas y suelos muy diferentes.

Por ejemplo, se estima que los países tropicales y subtropicales cuentan actualmente con unos 93 millones de hectáreas de terreno potencialmente cultivable para expandir su agricultura, pero se necesitará más del doble para alimentar a su población dentro de 25 años. Además, muchas de estas tierras están ahora ocupadas por bosques de alto valor ecológico. Parte de la solución al problema podría ser poner en cultivo enormes extensiones de desiertos costeros, regándolos con agua de mar. El problema es que las principales plantas cultivadas que consumen los humanos no toleran la sal.

Se están realizando pruebas alentadoras con la salicornia, una planta carnosa que vive en las costas y en lagunas salinas. Puede servir como alimento para el ganado y de sus semillas puede extraerse un aceite con sabor a frutos secos. Se están examinando además las cualidades de cada una de las 3.000 especies de plantas tolerantes a la sal que se conocen en todo el mundo.

El riego con agua del mar podría presentar el problema de que la sal se acumulara en los terrenos (éste es un problema también en los terrenos áridos que se riegan con agua dulce si el drenaje no es suficiente). Pero los desiertos arenosos junto al mar suelen tener un buen drenaje y los acuíferos naturales ya tienen de todas formas un alto contenido en sal. Además, se usarían terrenos que en la actualidad son prácticamente estériles. La agricultura en estos terrenos costeros podría ayudar también a solucionar otro problema ambiental: la fertilización excesiva del agua del mar por culpa de los desechos de las explotaciones de camarones. Si estos desechos se canalizan hasta los cultivos costeros, se resuelven dos problemas: el abonado de los campos y la eliminación de los desechos.

Otro recurso del que disponemos para atacar el problema creciente de la escasez de alimentos es acudir a la sabiduría tradicional de los diferentes pueblos del mundo, que conocen las plantas que están mejor adaptadas a cada territorio. Esta estrategia es particularmente productiva en las regiones tropicales, donde la biodiversidad es inmensa y las culturas tradicionales poseen un acervo riquísimo de conocimientos sobre plantas útiles en medicina (las farmacéuticas suelen aprovechar estas informaciones para desarrollar medicamentos sin pagar luego los derechos de propiedad intelectual a sus legítimos dueños) y agricultura. Además, en los ecosistemas tropicales, muy ricos y frágiles al mismo tiempo, es preferible adaptar las estrategias de producción a las especies locales, para asegurar la conservación de la biodiversidad, en lugar de realizar arriesgados experimentos ambientales introduciendo plantas procedentes de otras regiones.

Sería muy interesante, por ejemplo, potenciar el cultivo de la judía careta o de Goa, de Nueva Guinea, que ha demostrado ser superior en muchos aspectos a nuestras especies preferidas. Es comestible prácticamente en su totalidad: las hojas pueden consumirse como verdura, al modo de las espinacas, las vainas tiernas se pueden consumir como las judías verdes y las jóvenes semillas y los tubérculos se pueden cocinar de muchas formas y son más ricos en proteínas que las patatas. Las semillas maduras se pueden cocinar, se puede hacer harina de ellas o se puede preparar con ellas una bebida que sabe a café y no tiene cafeína. La planta crece a un ritmo extraordinario y, como leguminosa que es, extrae nitrógeno de la atmósfera y contribuye a fertilizar el suelo.

Otras especies que poseen cualidades formidables son por ejemplo la baya de la serendipidez, de África occidental, que produce un edulcorante natural 3.000 veces más dulce que el azúcar, o la palma babasú, de la Amazonia, que ostenta el récord de producción de aceite por hectárea, y cuyas diversas partes son usadas para muchos fines por los indígenas. Miles de frutos tropicales están esperándonos con su exquisito y sorprendente sabor y muchos tubérculos poseen propiedades nutritivas adecuadas para suponer la base de la alimentación de millones de personas.

Por otro lado, las variedades olvidadas o en desuso de los cultivos de siempre pueden extender el rango de tolerancia de estas plantas a condiciones diversas y suponer una garantía ante la vulnerabilidad de unas pocas variedades seleccionadas a plagas y enfermedades. Por ejemplo, se conocen hasta 9 estirpes relacionadas con el tomate que podrían contribuir a su acervo genético para potenciar cualidades como la tolerancia a la sal, la resistencia a la sequía o a enfermedades o un mayor contenido en vitaminas o en azúcar.

La posibilidad de usar racional y sosteniblemente la diversidad vegetal del mundo debe ser un aliciente más para aumentar nuestro conocimiento de ella y para promover su conservación. Quizá dentro de unas décadas nuestra supervivencia como especie dependa de ello.

1 Estrella2 Estrellas3 Estrellas4 Estrellas5 Estrellas (1 votos, promedio: 4 de 5)
Cargando ... Cargando ...



...por Antonio Jiménez ...por Antonio Jiménez


Otros Reportajes:

Otros Reportajes Plantas siniestras: La cara oculta »
Otros Reportajes Vegetación del mundo: Los incontables paisajes vegetales »






Publicidad


Publicidad




PortalMundos Factory, S.L. | 2000 - 2008 | Hosting Profesional por isyourhost.com isyourhost.com