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Orden: Teleosteos

Hacia el final de la Era Mesozoica, hace unos 65 millones de años, los teleósteos estaban bien establecidos como los peces óseos predominantes en los mares, lagos y ríos del mundo.
Los teleósteos habían evolucionado más de 150 millones de años antes del final del Mesozoico.

Hicieron su aparición en los mares de fines del Triásico, hace unos 220 millones de años. Al principio, eran peces pequeños semejantes a arenques, con colas simétricas y mandíbulas flexibles, como las de los neopterigios avanzados, entre ellos Aspidorhynchus.
Pero a mediados del periodo Cretácico, los teleósteos experimentaron una fase explosiva de su evolución, que tuvo como resultado peces más avanzados, como el salmón y la trucha modernos.
Estos peces se diversificaron rápidamente, y hacia fines del Cretácico y principios de la Era Terciaria una segunda explosión evolutiva fue el origen de los teleósteos más avanzados de la actualidad: los de radios espinosos, del tipo de las percas.

El Hypsocormus de mediados a finales del Jurásico vivió en Europa (Inglaterra y Alemania), media hasta 1 m de longitud.
La línea divisoria entre los neopterigios avanzados y los teleósteos primitivos resulta incierta.
Fue un ágil predador carnívoro que pudo haber pertenecido a cualquiera de los dos grupos, ya que presentaba a la vez rasgos avanzados y primitivos.
Por ejemplo, tenía la pesada y «anticuada» coraza externa de sus ancestros paleoníscidos, compuesta por escamas romboides recubiertas de esmalte. Pero se trataba de escamas comparativamente más pequeñas, que le permitían mayor movilidad al nadar.

La cola era simétrica y en forma de media luna, similar a la de una caballa moderna, aunque con muchos más radios óseos en la estructura de los lóbulos que los observados en los teleósteos actuales.
También las aletas tenían una disposición diferente. Además de la aleta anal alargada, había una única aleta dorsal.
Las aletas pectorales, más largas que de costumbre, estaban situadas en posición muy baja a los lados del cuerpo (en lugar de encontrarse más arriba en los flancos, detrás de las agallas, como es el caso de los peces óseos más avanzados).
Las aletas pélvicas, por su parte, eran desusadamente pequeñas y estaban situadas hacia la mitad del vientre.
Sin embargo, el Hypsocormus tenía unas mandíbulas bastante avanzadas. Eran flexibles y móviles, y estaban provistas de puntos de fijación musculares que aseguraban una poderosa mordedura. Los huesos de los maxilares superior e inferior eran largos y presentaban dientes en toda su longitud.

El Pholidophorus vivió de mediados del Triásico a finales del Jurásico en África (Kenya y Tanzania), Europa (Inglaterra, Alemania, Italia y URSS) y América del Sur (Argentina). Medía 40 cm de longitud.
Es uno de los primeros teleósteos indiscutidos que hicieron su aparición en los mares. Superficialmente, se parecía a los arenques modernos, con una cola simétrica, una única aleta dorsal situada hacia la mitad del dorso, un par de aletas pectorales y otro de aletas pélvicas en la parte inferior y una aleta anal cerca de la cola.

Los ojos grandes y las mandíbulas flexibles provistas de dientes pequeños y redondeados hacen pensar en un predador de movimientos ágiles, que probablemente se alimentaba de los crustáceos del plancton.
Se han hallado además algunos especímenes con restos de otros peces óseos en el estómago.
Pese a su aspecto “moderno”, el Pholidophorus y sus parientes eran osteictios primitivos, tal como se desprende de dos de sus características.
Tenían el cuerpo protegido por las pesadas escamas esmaltadas de los peces “ganoideos”, los paleoníscidos y su columna vertebral sólo estaba osificada en algunos tramos.
Sus sucesores, los leptolépidos, fueron los primeros teleósteos en tener la columna vertebral enteramente compuesta de tejido óseo.

El Leptolepis vivió de mediados del Triásico a principios del Cretácico en África (Tanzania), Australia (Nueva Gales del Sur), Europa (Austria, Inglaterra, Francia y Alemania) y América del Norte (Nevada), y medía 30 cm de longitud.

El Leptolepis y sus parientes eran peces semejantes a arenques, como los folidofóridos. Pero a diferencia de éstos, los leptolépidos vivían y se desplazaban en cardúmenes, obteniendo seguridad de la cantidad, mientras se alimentaban del plancton en las aguas superficiales.
Este modo de vida gregario se deduce de los numerosos hallazgos fósiles, en los que cientos de estos peces se han conservado en el mismo trozo de roca.
Los leptolépidos eran también más avanzados que los folidofóridos en dos importantes aspectos. En primer lugar, su esqueleto estaba compuesto enteramente de tejido óseo, y en segundo lugar, su cuerpo estaba recubíerto de escamas delgadas y redondeadas, sin revestimiento de esmalte.
Estos dos avances facilitaban los desplazamientos. La columna vertebral constituía una vara poderosa pero flexible, capaz de resistir las presiones creadas por los sinuosos movimientos del cuerpo al nadar.
Las escamas más finas, por su parte, reducían el peso del pez, y su forma redondeada volvía más hidrodinámico el cuerpo.

El Thrissops vivió de finales del Jurásico a finales del Cretácico en Europa (Inglaterra, Francia y Alemania) y medía 60 cm de longitud.
Era un predador de líneas hidrodinámicas que perseguía a otros peces óseos en los mares cálidos y poco profundos de fines de la Era Mesozoica, hace unos 140 millones de años.

Tenía la cola profundamente hendida en dos lóbulos iguales, lo cual debe de haber favorecido su velocidad. Las aletas pélvicas eran diminutas y es poco probable que desempeñaran un papel importante en la estabilización del cuerpo del pez.
Tal vez para compensar este rasgo, la aleta anal formaba un largo reborde en la parte inferior.
El Thrissops era pequeño en comparación con algunos de sus parientes, entre ellos el Xiphactinus (antes llamado Portheus), pez fósil que llegaba a alcanzar los 4 m de longitud, tanto como los mayores tiburones que surcaban los mares del Cretácico.
Se conserva un espécimen que tiene intacto en el estómago un pez óseo de 1,8 m de largo.
Ciertos peces de agua dulce podrían ser los únicos supervivientes de la familia de Thrissops.
Se trata de los llamados “lenguas de hueso” (agrupados en el orden de los osteoglosomorfos), así denominados por las placas dentarias alojadas en su robusta lengua. Esta lengua se cierra sobre los dientes del paladar y de esta forma sujeta y despedaza a la presa.
El enorme pirarucu (Arapaima gigas) de los ríos de América del Sur es el mayor de los actuales peces de agua dulce conocidos. Puede alcanzar una longitud de 4 m. y un peso de alrededor de 200 kg.

El Protobrama vivió a finales del Cretácico en Asia (Líbano) y medía 15 cm de longitud.

Este pequeño pariente de Thrissops había perdido las aletas pélvicas. Su redondeado cuerpo estaba bordeado hacia la parte trasera por dos largas aletas dorsal y anal, por delante de una cola profundamente hendida.
Las aletas pectorales estaban situadas en posición elevada, sobre los flancos, lo cual mejoraba considerablemente su maniobrabilidad.
El tamaño de este pez y la forma de su cuerpo hacen pensar en un habitante de los arrecifes, que acechaba a su presa entre las cavidades formadas por el coral.

El Enchodus vivió de finales del Cretácico al Paleoceno por todo el mundo y medía 18 cm de longitud.
Al final del Cretácico y durante el principio de la Era Terciaria, una segunda explosión evolutiva determinó la aparición de los peces óseos avanzados. El salmón y la trucha son supervivientes de esta fase de la evolución. De sus antepasados descienden todos los tipos modernos de teleósteos.
Fue uno de los primeros teleósteos semejantes al salmón. Su cabeza grande y sus prominentes ojos, junto con la ligereza y la naturaleza hidrodinámica del cuerpo, sugieren un ágil predador de mar abierto.

Las escamas se reducían a una banda a cada lado del cuerpo; las aletas pélvicas estaban situadas en posición ventral muy retrasada, justo por debajo de la gran aleta dorsal estabilizadora, y las aletas pectorales se encontraban bastante más arriba, sobre los flancos, ofreciendo mayor control de las maniobras y el frenado.
Sin embargo, el rasgo más sobresaliente de Enhodus eran sus dientes alargados, ligeramente recurvados. Cuando el pez cerraba la boca, quedaban encastrados, formando una eficaz trampa para la víctima.
Es probable que Enchodus se alimentara de los peces que recorrían las aguas superficiales.

El Hypsidorís vivió en el Eoceno en América del Norte (Wyoming), y medía 20 cm de longitud.
A principios de la Era Terciaria, un grupo de peces (llamado Ostariofisios) se separó de la línea principal de los teleósteos para especializarse en la vida en ríos y lagos, aunque algunos grupos volvieron más adelante al mar.
Actualmente sobreviven más de 6.000 especies, entre ellas las carpas, los barbos, las tencas, las pirañas y los bagres.
El Hypsidoris, bastante parecido a un bagre moderno, vivía en los ríos y los lagos subtropicales del oeste de Norteamérica hace unos 50 millones de años. Se han conservado muchos especímenes excelentes en los sedimentos de Green River, en Wyoming, depositados durante el Eoceno.

La estructura de la columna vertebral del Hypsidoris indica que el pez tenia el agudo sentido del oído (especialmente de los sonidos de alta frecuencia) característico de todos los ostariofisios de la actualidad.
Esta sensibilidad al sonido es el resultado de una singular especialización, en estos peces, de las vértebras de la parte delantera de la columna vertebral. Estas vértebras están modificadas para formar una cadena de pequeños huesecillos móviles, que transmiten hacia el oído interno las vibraciones captadas por la vejiga natatoria (que actúa como hidrófono amplificador).
Una vez en el oído interno, las vibraciones son interpretadas por el cerebro como procedentes de una víctima potencial o de un posible predador.
Estos huesos transmisores del sonido en los peces se denominan aparato de Weber y su función es semejante a la de la cadena del martillo, el yunque y el estribo en el oído medio de los mamíferos.
Como sus parientes modernos, el Hypsidoris presentaba una púa en el borde delantero de ambas aletas pectorales. Estas púas, de naturaleza defensiva, se erguían por la acción de poderosos músculos, en caso de necesidad.
El pez localizaba a su presa o advertía los peligros mediante su agudo sentido del oído, una importante ventaja en las aguas a menudo oscuras y revueltas de los ríos cargados de sedimentos donde vivía.
Una vez localizada la potencial víctima, el pez determinaba si era comestible o no mediante los largos filamentos sensoriales que rodeaban su boca.
Estos “sensores” eran sensibles al tacto y a las sustancias químicas disueltas en el agua. La presa más común del Hypsidoris eran los peces, pero este teleósteo no desdeñaba los cangrejos ni otros habitantes del fondo, cuya presencia detectaba con sus largos sensores.

El Sphenocephalus vivió a finales del Cretácico en Europa (Inglaterra e Italia) y medía 20 cm de longitud.
A partir de los antepasados del salmón y la trucha surgieron dos grupos de teleósteos avanzados: los semejantes al bacalao y el abadejo (paracantopterigios) y los similares
a la perca (acantopterigios).

La estructura de Sphenocephalus parece situarlo en una posición intermedia entre los dos grupos. De hecho, se parece mucho a la actual «trucha-perca» de agua dulce de Norteamérica, así llamada porque presenta a la vez las características primitivas de la trucha y las más avanzadas de la perca.
Además de la cabeza más bien grande, el rasgo que distinguía a Sphenocephalus era el desplazamiento hacia adelante de las aletas pélvicas, situadas justo por debajo de las aletas pectorales, que se encontraban en posición elevada, a los lados del cuerpo.
La disposición de estos dos pares de aletas facilitaba los movimientos del pez. En el moderno grupo del bacalao, las aletas pélvicas están en realidad por delante de las pectorales.

El Berycopsie vivió a finales del Cretácico en Europa (Inglaterra), y medía 35 cm de longitud.
El Berycopsis fue uno de los primeros teleósteos con las aletas sostenidas por radios espinosos (acantopterigios). En la actualidad, este grupo, que tiene una historia evolutiva de unos 70 millones de años, es el de mayor éxito y el más variado entre los osteictios.
Representa el 40 % de todas las especies vivas, desde la barracuda hasta el pez espada, pasando por la perca, el lenguado y el caballito de mar.

Este pez, reunía todos los rasgos típicos del grupo. El primer radio de las aletas dorsal y anal se había transformado en una robusta espina, que el pez podía erguir como arma defensiva.
Las aletas pectorales se encontraban en posición elevada, a los lados del cuerpo, para controlar mejor las maniobras y el frenado, y las aletas pélvicas se habían desplazado hacia adelante, para compensar la situación de las pectorales.
El cuerpo del pez estaba recubierto por un ligero revestimiento de escamas finas y redondeadas, provistas de diminutos dentículos que volvían abrasiva la superficie de la piel.
La vejiga natatoria ya no estaba conectada a la garganta, sino que disponía de glándulas independientes para la secreción y la absorción de gases.

El Eobothus vivió a mediados del Eoceno en Asia (China) y Europa (Inglaterra y Francia), y medía 10 cm de longitud.
Como “recién llegados” desde el punto de vista evolutivo, los peces planos, como el Eobothus, ocuparon uno de los pocos nichos que quedaban vacantes en el grupo de los peces de radios espinosos.

A diferencia de las mantas y las rayas, que se aplastaron en sentido horizontal, estos peces se achataron en sentido vertical. La señal más evidente de esta compresión lateral es la presencia de ambos ojos sobre un mismo lado de la cabeza, ya que el ojo que había quedado “debajo” tuvo que migrar hacia “arriba”.
Como en todos los peces planos, las aletas dorsal y anal del Eobothus formaban un marco casi continuo alrededor del cuerpo ovalado.
Mediante la ondulación de estas aletas, el pez se deslizaba sobre el lecho marino. El lenguado, la platija, el rodaballo y el halibut son todos parientes vivos de Eobothus.








...por Redacción


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