La esperanza es un sentimiento extraño: es tenaz y frágil al mismo tiempo y necesita ser alimentada con mucho cuidado, ya que lo mismo puede salvar vidas que trastornar la mente.
Por eso abordo este reportaje con muchísimo respeto hacia los enfermos y sus familiares. Demasiadas veces se han generado precipitadamente expectativas de curación en base a terapias con poco contraste experimental.
Este reportaje pretende desprender un optimismo sereno y realista. Está claro que no se va a encontrar en pocos años un remedio mágico para una enfermedad tan compleja y multiforme como el cáncer. Pero vivimos un momento alentador, porque en los últimos 25 años se ha avanzado enormemente en el conocimiento básico de las causas y la dinámica de los diferentes tumores. La aplicación clínica de esos conocimientos es una tarea lenta y cuidadosa, pero ya se van cosechando algunos frutos. Se va imponiendo una nueva estrategia contra el cáncer: multidisciplinar, selectiva y personalizada. Los tiempos de supervivencia crecen significativamente en bastantes casos y los expertos auguran que a medio plazo el cáncer podría ser una enfermedad crónica, con la que se conviviría muchos años.
La quimioterapia tradicional explota la única peculiaridad conocida hasta hace poco de las células tumorales: su gran velocidad de proliferación. Pero esto provoca la muerte de cualquier célula del cuerpo que se esté dividiendo, en particular las que lo hacen rápidamente, como las del revestimiento del aparato digestivo. El conocimiento de la biología molecular íntima del cáncer ha permitido en los últimos años diseñar fármacos que bloquean selectivamente las moléculas alteradas de las células tumorales o los factores de crecimiento que necesitan, sin dañar las células sanas. Gleevec, aprobado en 2001, eficaz contra un tipo de leucemia y un raro tumor del aparato digestivo, fue el primer fármaco desarrollado bajo este enfoque inteligente, que ha generado nuevos compuestos en los últimos años.
Este sueño de encontrar “balas mágicas” contra el cáncer se había originado a principios de los 80, cuando se elaboraron los primeros anticuerpos monoclonales en cantidades masivas. Cada una de estas moléculas del sistema inmunitario reconoce un receptor específico en la superficie de las células. Si se identificaban los receptores característicos de las células cancerosas, podrían bloquearse con estos anticuerpos, que también podrían llevar adheridos fármacos antitumorales. Estas expectativas se vieron frustradas porque los anticuerpos se obtenían de ratones y el sistema inmunitario del cuerpo los destruía o reaccionaba exageradamente ante ellos, dañando las células sanas.
Estas dificultades se están solucionando porque los nuevos anticuerpos monoclonales han sido modificados para parecerse mucho más a los humanos, lo que prácticamente elimina el ataque del sistema inmunitario hacia ellos. Herzeptin es un anticuerpo humanizado que actúa bloqueando un factor de crecimiento tumoral y está cosechando muy buenos resultados contra una forma especialmente agresiva del cáncer de mama. Recientemente se están probando también los nanocuerpos obtenidos de camellos y llamas, unos anticuerpos baratos y diminutos que en teoría deben provocar escaso rechazo. Pueden unirse a dianas más pequeñas y portar cargas letales para las células, como fármacos o isótopos radiactivos. Algunos llevan añadidas enzimas que transforman en el lugar del tumor los precursores de los fármacos en su forma activa. Otras vías ensayadas en inmunoterapia son la estimulación y la modulación de nuestro sistema inmunitario para que actúe preferentemente contra los tumores.
Una terapia especialmente ingeniosa es la fotodinámica. El descubrimiento de que algunas sustancias alteradas de nuestros cuerpos, si son activadas por la luz, provocan enfermedades, sugirió a los científicos usar mecanismos similares para tratar los tumores de forma localizada, sin dañar los tejidos adyacentes. Se administran estas sustancias, que tienen preferencia por las células en proliferación, en su forma no activa. La aplicación de luz de frecuencias adecuadas sobre el tumor (sobre la piel o por medio de un endoscopio con una lámpara) transforma estas sustancias en dañinas, con lo que el tumor puede destruirse. El inconveniente de esta técnica es que sólo puede aplicarse a tumores poco profundos o de los conductos del cuerpo. Pero se están desarrollando sustancias que se vuelven activas con luces más penetrantes.
La nanotecnología (manipulación de la materia a las menores escalas posibles) promete revolucionar a medio plazo la vida diaria. Ya se están ensayando aplicaciones para tratar el cáncer. Por ejemplo, se han introducido nanotubos de carbono, muy buenos conductores del calor, selectivamente en las células cancerosas (se han recubierto de folato, por el que las células tumorales experimentan gran apetito). Luego se ha aplicado luz infrarroja, que apenas calienta las células normales, pero calienta los nanotubos y hace que la temperatura de las células tumorales alcance los 70º C, lo suficiente para matarlas. También se prueban nanopartículas de oro con el mismo fin.
La viroterapia es el uso (de momento sólo en ensayos clínicos) de virus genéticamente modificados para activar el sistema inmunitario o para unirse selectivamente a las células tumorales, penetrar en ellas y destruirlas. Esto lo logran reproduciéndose masivamente en su interior o insertando en sus cromosomas genes que las hacen más sensibles a los fármacos. Ésta es sólo una de las posibilidades de la terapia génica que, a largo plazo, quizá se convierta en un arma potente contra el cáncer. Otra estrategia original de mediados de los noventa, la de “matar de hambre y sed” a los tumores inhibiendo la formación de los nuevos vasos sanguíneos que necesitan al crecer, ha obtenido hasta el momento resultados modestos, aunque puede usarse en combinación con otras terapias y se sigue investigando sobre ella.
Otro enfoque es el de la prevención de la enfermedad cuando está originada en un alto porcentaje de casos por la infección de un virus. El caso en que esta relación es más clara es el del cáncer de cuello uterino y la reciente vacuna contra el virus implicado, el del papiloma humano, ha mostrado una eficacia del 100% en la prevención a corto plazo de lesiones precancerosas causadas por el virus.
El uso de plantillas de ADN permite caracterizar las alteraciones en la expresión de genes. Ya hay en marcha un macroproyecto para caracterizar todas las alteraciones de las células tumorales. Esto redundará en el establecimiento de estrategias específicas para cada tipo de tumor. Además se considerará el perfil genético de cada enfermo para predecir su respuesta a los tratamientos y qué efectos secundarios pueden presentarse.
Todas estas alternativas, junto a las continuas mejoras en terapias tradicionales como cirugía y radioterapia, gracias a la conjunción de ciencias como la robótica o la física, propician que nuestra ávida esperanza pueda al menos aferrarse a cada vez más asideros.

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Dada la relevancia del tema, insertaremos aquí periódicamente los avances más importantes que se vayan produciendo en la lucha contra el cáncer. En mayo de 2007 se informó de que se consiguió una eficacia doble con respecto a los métodos tradicionales en el tratamiento de uno de los cánceres de peor pronóstico, el glioblastoma multiforme, que afecta al cerebro, usando campos eléctricos de frecuencia intermedia. Estos campos atacan muy específicamente a las células malignas y apenas afectan a las sanas (sólo se han observado efectos secundarios cutáneos muy leves), ya que alteran el proceso de división celular y las células cerebrales normales casi no se dividen. Además, las propiedades eléctricas de ambos tipos de células son distintas (difieren en tamaño y forma). El reducido número de pacientes (10) a los que se ha aplicado la técnica hace que los resultados sean provisionales, pero ya se han aprobado estudios a gran escala en varios hospitales. Si tienen éxito, se contaría con un arma novedosa y muy selectiva para tratar los tumores.
Cualquier nueva noticia sobre la lucha contra el cáncer es tomada con mucha esperanza por todo tipo de personas, en especial para los que sufren esta enfermedad. Cualquier avance, por pequeño que parezca, puede ser muy grande para millones de personas.
A ver si pronto nos llegan noticias que permita vislumbrar una vacuna, o un tratamiento eficaz, contra el cáncer.