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Nuestros “primeros padres”: rastreo genético

Eva y Adán, según los genetistas, vivieron en épocas distintas. Ambos fueron africanos, pero Eva tuvo que esperar a Adán más de 80.000 años.

Claro que los genetistas tienen un concepto muy particular de “Eva” y “Adán”. Para nosotros, serían los fundadores de nuestra estirpe, la pareja de la que desciende toda la humanidad. Pero los genetistas manejan un concepto más prosaico, aunque muy fructífero para entender nuestra evolución. “Eva” sería una mujer que vivió en el pasado y que ha tenido una descendencia ininterrumpida de hijas hasta el día de hoy. No fue la única mujer de su época y probablemente tampoco la única cuya línea reproductiva ha llegado hasta nuestros días, pero sí el antepasado común de todas las mujeres actuales. “Adán” fue el antepasado masculino común de todos los varones de la actualidad, un hombre cuya descendencia ha contado con varones en todas las generaciones.

¿Cómo se ha podido efectuar semejante rastreo genético? Cada embrión humano recibe una muestra aleatoria de los cromosomas del padre y de la madre, de forma que en cada generación se produce una mezcla que impide el seguimiento de linajes puros. Pero hay dos excepciones a esta regla: los cromosomas Y, determinantes del sexo masculino, que se transmiten siempre desde los padres a sus hijos varones; y los genes de las mitocondrias, orgánulos del citoplasma celular que provienen del óvulo y se reproducen por sí mismos, y que por tanto heredamos de nuestras madres. De esta forma, se puede seguir a los antepasados masculinos de los hombres y a los femeninos de las mujeres.

Cuanto más pequeña sea una población, más pronto convergirán los linajes hacia el antepasado común de todos sus miembros actuales. En el caso de la población de todas las mujeres humanas, los estudios más recientes y minuciosos sugieren que esa madre ancestral vivió hace aproximadamente 143.000 años. Un estudio similar liderado por la universidad de Stanford ha llegado a la conclusión de que el más reciente antepasado común de todos los varones de la actualidad vivió hace 59.000 años. Esta discrepancia se explicaría por las diferencias en el éxito reproductor de los dos sexos. En las sociedades primitivas, un porcentaje mayor de mujeres que de hombres conseguiría reproducirse (unos pocos machos fuertes y atractivos acapararían sexualmente a muchas hembras, mientras que la mayoría de los machos no tendrían oportunidades de reproducirse, como ocurre en muchas especies animales). Los machos exitosos en la reproducción constituyen un grupo menos numeroso que el de hembras exitosas, y por eso la convergencia en un antepasado común se produce antes. No se sabe si los varones que desplazaron a los otros en la reproducción en aquella época presentaban alguna combinación de caracteres especialmente atractivos para las hembras o es que estaban mejor dotados para la supervivencia o la caza.

Estos estudios se han realizado por medio de comparaciones entre los genomas de individuos actuales de todas las procedencias. Las moléculas portadoras de la herencia sufren mutaciones a un ritmo más o menos constante y por ello pueden usarse para estimar el tiempo que hace que dos linajes se separaron. Cuanto más parecidos sean los genomas de dos personas, más cerca en el tiempo estará el antecesor común de ambas. Por estos métodos se puede saber también dónde se originó nuestra especie. Los africanos se parecen genéticamente a otros grupos menos de lo que estos se parecen entre sí. También los diferentes pueblos africanos muestran un grado mayor de diversidad genética que los pueblos de otros continentes, lo que sugiere que su antepasado común es más antiguo. Algunos africanos actuales, como los hotentotes, estarían próximos a los grupos ancestrales. Nuestra especie se originó en África hace 200.000-400.000 años, y hace unos 100.000 años, según las últimas estimaciones, por primera vez un pequeño grupo abandonó ese continente hacia el Próximo Oriente. De esos inmigrantes y de otros que salieron de África en diversos momentos procederíamos todos los no africanos. Recientemente se han descubierto en Rusia los restos más antiguos del hombre moderno hallados en Europa: datan de hace unos 45.000 años.

Los datos aportados por la genética molecular respaldan pues el origen africano del hombre moderno, frente a la hipótesis de una evolución en varios continentes, que postula que se produjeron mezclas genéticas entre diferentes especies del género Homo. Hoy se sabe que si estas mezclas se produjeron, fueron de alcance muy reducido. Recientemente se ha anunciado el hallazgo de material neandertal en el genoma humano, lo que implicaría que en el periodo en que ambas especies convivieron en Europa se produjo algún cruce esporádico (¡quizá sólo uno!) entre humanos modernos y neandertales, pero estos resultados aún son objeto de debate.

La teoría del origen africano del hombre moderno ha recibido respaldo de una fuente inesperada. Científicos de la Universidad de Nueva York, bajo la dirección de Page Caufield, han rastreado la ascendencia femenina de los humanos modernos, por medio de otro material genético que sólo heredamos de nuestras madres: el de las bacterias Streptococcus mutans, que viven en nuestra boca y provocan caries.

Estas bacterias se propagan de madres a hijos y aparecen por primera vez en la boca a los dos años de edad. Estos organismos han evolucionado junto al hombre moderno, siguiéndolo en sus migraciones y siendo testigos de su diferenciación en grupos étnicos, y por esto se pueden aplicar a ellos métodos de comparación molecular para establecer linajes humanos. Se ha analizado y comparado el material genético de bacterias procedentes de muchos individuos nativos de todos los continentes.

Con estos datos, se construyó un árbol evolutivo cuyas raíces estarían en África y que revela otra “Eva ancestral” que vivió en ese continente hace entre 100.000 y 200.000 años. Su principal rama se extiende a Asia, y otra secundaria marca la migración de un pequeño grupo de asiáticos hacia Europa, lo que originó al menos un linaje de antiguos caucásicos.

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...por Antonio Jiménez ...por Antonio Jiménez


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