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Migraciones humanas: la larga marcha

El impulso de explorar, de descubrir nuevas tierras, de liberarnos de la esclavitud de lo conocido, es más antiguo que nuestra especie, que nuestra plena capacidad de locomoción bípeda, que nuestra habilidad técnica y que nuestra inteligencia.

Los últimos hallazgos sitúan cada vez más atrás en el tiempo el momento en que el género Homo salió por primera vez de África. La primera gran migración la llevó a cabo un homínido de cerebro reducido, capaz sólo de elaborar herramientas de piedra muy toscas y que aún no corría con agilidad. Hace 1′8 millones de años ya había llegado a Georgia, al este del Mar Negro. Aún se discute si fue un Homo habilis, un Homo ergaster, o un miembro de una nueva especie, Homo georgicus. Tenía una capacidad cerebral de sólo unos 800 cm cúbicos (frente a los 900 del Homo erectus y los 1.300 del hombre actual). Este homínido llevó de África su industria lítica olduvayense, de piedras burdamente talladas, con bordes poco definidos. No se sabe qué motivó este primer éxodo de África, aunque la hipótesis más aceptada sugiere que la zona del Próximo Oriente y centro de Asia era en esa época similar ecológicamente a África, y fue colonizada también por otros grandes mamíferos africanos. La migración homínida sería un fenómeno natural de expansión de poblaciones en crecimiento.

Las poblaciones de Georgia y zonas adyacentes se expandieron en dos direcciones: hacia el Extremo Oriente, dando lugar a Homo erectus, y hacia Europa, dando lugar a Homo cepranensis/Homo antecessor (en el oeste de Europa está documentada su presencia hace poco más de un millón de años). Homo erectus pobló incluso las islas del Sudeste Asiático y pudo pervivir en Java hasta hace sólo 50.000 años. De Homo erectus parece derivarse una especie que experimentó el enanismo que suele caracterizar a muchas poblaciones de mamíferos en islas, H. floresiensis, de la isla indonesia de Flores, que sobrevivió al menos hasta hace unos 13.000 años (otros autores opinan que los fósiles hallados pertenecen a Homo sapiens con malformaciones craneales). Tanto Homo erectus como H. antecessor/cepranensis usaron durante toda su existencia sus herramientas de tipo olduvayense.

Los Homo ergaster que permanecieron en África acabaron desarrollando hace unos 1´6 millones de años una industria lítica más avanzada, la achelense, con herramientas de formas más adecuadas a su función y de bordes más afilados. Las tres grandes poblaciones humanas (de Europa, Asia y África) permanecerían aisladas o casi aisladas genéticamente durante toda su historia. Las poblaciones europeas acabaron dando lugar a Homo heidelbergensis, que supuestamente está en el origen de los neandertales, que surgieron como especie hace unos 300.000 años. Los neandertales eran hombres inteligentes, robustos y adaptados al frío, que ocuparon toda Europa y el Próximo Oriente.

Pero la gran viajera, la que llegó a los más remotos rincones del globo, fue nuestra propia especie, Homo sapiens, que se originó en África a partir de un descendiente de Homo ergaster, H. rhodesiensis. Los fósiles más antiguos de nuestra especie proceden del sur de Etiopía y tienen unos 200.000 años. Homo sapiens se expandió por toda África en sucesivas oleadas y hace unos 90.000 millones de años se encontraba ya en el Próximo Oriente.

Los esquemas de las migraciones del hombre moderno que dibujan los datos genéticos y los restos óseos e instrumentales son coincidentes a grandes rasgos, aunque revelan un patrón muy enrevesado de colonizaciones. Existe un amplio consenso en que la población africana ancestral sufrió una disminución espectacular de tamaño antes de iniciar sus migraciones a gran escala. Los miembros de nuestra especie en un determinado momento (que últimamente se asocia a una gran erupción volcánica hace 74.000 años) no eran más de 2.000, lo que explica la fundamental unidad de todas las poblaciones actuales y nuestro escaso grado de variación genética, si nos comparamos con especies cercanas como los chimpancés.

La variabilidad de los marcadores genéticos es mayor conforme más antigua es la población de origen y es menor entre grupos cercanos geográficamente que entre grupos lejanos. Estos marcadores son más variables entre los africanos actuales y son cada vez menos variables entre los asiáticos, los europeos y los americanos, siguiendo el orden en que estos continentes fueron colonizados. Los humanos modernos salieron varias veces de África hace entre 90.000 y 50.000 años. Se dispersaron por toda Asia y hace 42.000 años ya hay restos que prueban que habían llegado al Extremo Oriente (calzados, como sugiere la forma de los huesos de los pies). Hace 45.000 años estaban en Rusia y hace unos 40.000 ya estaban en Europa occidental, donde convivieron con los neandertales hasta hace unos 28.000 años, cuando estos se extinguieron. Neandertales y humanos modernos no se cruzaron, o lo hicieron de manera muy esporádica (recientemente se anunció una posible pequeña contribución neandertal a nuestro genoma, aunque podía provenir de un único episodio de cruce).

Una rama temprana de los Homo sapiens africanos siguió la costa del Golfo Pérsico y la India y llegó a colonizar las islas del Sudeste Asiático y Australia (ésta en fecha tan antigua como 70.000 - 60.000 años, lo que tiene gran mérito porque hay que cruzar un ancho brazo de mar). Por medio de sucesivas expediciones, durante muchos miles de años, los hombres primitivos llegaron hasta las islas más remotas del Pacífico. Poblaciones de Siberia y del Sudeste Asiático (éstas últimas bordearon el Pacífico Norte) colonizaron América en diferentes oleadas (quizá hasta 5), a través del Estrecho de Bering, entre Siberia y Alaska. La primera de ellas se realizaría hace unos 30.000-40.000 años (otras están documentadas hace unos 15.000 y 9.000 años). Los primeros pobladores del continente fueron siberianos que tenían su origen en el centro de Asia y ya fueron capaces de llegar hasta el extremo sur de América. Se debate actualmente si se produjo también otra migración a América desde el Noroeste de Europa en el Paleolítico Superior.

Este esquema que hemos esbozado es simple. La presencia de diferentes marcadores genéticos en las poblaciones actuales revela un patrón muy complejo: algunas poblaciones asiáticas regresaron a África, otra población se extinguió en un periodo seco en el Próximo Oriente y las poblaciones del centro de Eurasia realizaron varias incursiones tanto hacia distintas regiones de Europa como hacia Siberia y el Extremo Oriente. Además, dentro de cada región, hubo múltiples movimientos migratorios. Esta relativa falta de aislamiento (que hoy es tan patente por el fenómeno de la globalización) ha evitado que las distintas poblaciones humanas diverjan hasta convertirse en subespecies (ni siquiera se han formado razas, según los criterios que se usan para los animales). A pesar de nuestra aparentemente inabarcable diversidad, los seres humanos somos muy aburridos desde el punto de vista de un genético.

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...por Antonio Jiménez ...por Antonio Jiménez


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