La naturaleza nos ofrece la posibilidad de ver cosas que en un principio sólo soñábamos. Si algún antiguo griego, por ejemplo, fantaseó con la existencia de bosques en el mar, enseguida desecharía su propuesta por descabellada.
Los manglares son biotopos (conjuntos de hábitats) tropicales y subtropicales anfibios (con características acuáticas y terrestres), localizados en la zona intermareal (entre pleamar y bajamar), de costas protegidas o poco expuestas -golfos y ensenadas, marismas y estuarios o desembocaduras de ríos- con fondos blandos (de arenas, limos o arcillas) y que reciben periódicamente agua dulce por escorrentía. Los manglares están caracterizados por la predominancia, en un sitio dado, de unas pocas especies de una cohorte de 20 géneros y 54 especies de árboles (mangles) pertenecientes a muy diversas familias (16), a las cuales se asocian muchas otras especies de plantas herbáceas y leñosas.
Las especies del manglar en general poseen adaptaciones morfológicas que les permiten ocupar suelos inestables, y adaptaciones morfo-fisológicas para tolerar ambientes salinos y salobres e intercambiar gases en sustratos con baja concentración de oxígeno. Por otra parte los mangles tienen estrategias reproductivas especiales, como la de los frutos que pueden flotar durante periodos largos. Las raíces de los mangles se encuentran parcialmente sumergidas en el sustrato, presentando a veces pneumatóforos, tubos verticales huecos que sobresalen del agua, por donde penetra el oxígeno hasta las raíces. Éstas presentan también anclajes con forma de caballetes para asentar al árbol en un sustrato tan inestable. Para eliminar el exceso de sal, poseen unas estructuras en las hojas llamadas hidátodos, por las que pueden expulsarla. Cuando la cantidad de sal es muy alta en las hojas, éstas se caen. Las hojas suelen ser duras y coriáceas, para regular la evapotranspiración. Una adaptación muy especial es el viviparismo: la planta nacida de la semilla se desarrolla durante un tiempo sobre la planta madre, absorbiendo nutrientes de ésta. Al final, cae una pequeña planta, con una raíz puntiaguda que se clava en el lodo.
Los manglares son más diversos en los paleotrópicos (India, sudeste asiático, Malasia) que en la América tropical (neotrópicos). Entre los manglares más grandes del mundo, figuran los del estuario del Amazonas.
Las diferentes especies de mangle difieren en su tolerancia a la salinidad, a las bajas concentraciones de oxígeno y a la estabilidad del substrato, la frecuencia de inundación (hidroperiodo), relación precipitación-evaporación y las características del relieve, entre otros factores, los cuales serán determinantes también para la zonación o patrones de distribución de las diferentes especies. Las especies de mangle pueden tolerar concentraciones variables de salinidad: se pueden encontrar desde 0 ups (unidades prácticas de salinidad) hasta 70 ups (la salinidad del mar es de aproximadamente 35 ups). Puesto que las diferentes especies de mangle transforman sus substratos y crean así hábitat para otras especies, la sucesión da origen a una secuencia de especies desde el frente marino hasta la tierra firme, lo que se llama zonación.
Los manglares, a pesar de su área de cobertura relativamente pequeña en comparación con otros biotopos terrestres, constituyen uno de los 14 biomas terrestres; es decir, conforman una cohorte singular, sobresaliente, de plantas y animales que habitan espacios con características físicas igualmente singulares.
Los manglares son hábitat de especies migratorias, principalmente aves que pasan en los trópicos y subtrópicos la temporada invernal. También albergan a los estadios juveniles de muchos peces, moluscos, crustáceos, equinodermos, anélidos, etc., cuyos hábitats en estadios adultos son las praderas de fanerógamas, las marismas y lagunas costeras, los arrecifes coralinos u otros. Aproximadamente el 70 % de los organismos capturados en el mar pasan parte de su ciclo de vida en un manglar o laguna costera. Por su condición de ecotono o frontera entre los dos grandes tipos de biomas, los manglares alojan gran cantidad de organismos terrestres y marinos.
Los manglares poseen una productividad primaria muy alta, lo que mantiene una compleja red trófica. Los manglares protegen el litoral del oleaje y las mareas. El dosel denso y alto del bosque es una barrera efectiva contra la erosión eólica (tormentas y huracanes). También son una eficaz barrera contra los tsunamis. Los manglares atrapan contaminantes, como compuestos orgánicos tóxicos persistentes y metales pesados.
Además, los manglares desempeñan un papel importante como fuente de recursos insustituibles para muchas poblaciones en los trópicos. Entre ellos están la pesca, la extracción de madera, la cría de especies como el caimán y el capibara, la extracción de sal y de taninos y el ecoturismo.
Una de las opciones más prometedoras para luchar contra el cambio climático es la de recuperar los ecosistemas marinos, especialmente los manglares y las praderas submarinas. Los bosques verdes capturan una tonelada de carbono por hectárea y año, mientras que los bosques azules (marinos) absorben 17 toneladas. Pero existe un problema crucial: la superficie de bosques azules merma entre un 2 y un 7% cada año, debido, entre otras razones, a la pesca de arrastre, la pérdida de líneas de costa y a la utilización de los océanos.
Para alcanzar la meta de que los bosques marinos capten la mitad de las emisiones generadas por el transporte sería necesario recuperar 300.000 kilómetros cuadrados, una meta que se alcanzaría en 20 ó 30 años, ya que tenemos el conocimiento científico y las herramientas precisas para hacerlo. Un ejemplo de que estos cálculos son reales es el bosque de mangles del delta del Mekong, en Vietnam, que quedó totalmente destruido por la aviación norteamericana y ahora constituye el ejemplo de recuperación de ecosistemas marinos más importante. Los países candidatos a esta estrategia son los de Latinoamérica, Asia, Caribe, costa oriental de África y las islas del Pacífico, y para ayudarles se ha propuesto la creación de un fondo financiero internacional, que ya está estudiando el Banco Mundial, y que se nutriría de las aportaciones de los países desarrollados.

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