
Algunas personas tienen una notable capacidad para reconocer rostros, y su memoria facial es capaz de reconocer personas que han visto solamente una vez en su vida. En mi caso, mi pésima memoria me juega en contra, y muchas veces al cruzarme con alguien paso todo el día preguntándome ¿de dónde lo conozco? Al margen de nuestra capacidad individual, lo que importa es cómo funciona este mecanismo cerebral.
Aparentemente, según una investigación de Brad Duchaine del University College de Londres, esta capacidad está enraizada directamente en nuestros genes, y a partir de ellos es que somos capaces de mirar a los ojos con confianza a un ser conocido.
Duchaine le pidió a 164 gemelos idénticos que compartían todos sus genes que llevaran a cabo el Test de Memoria Facial de Cambridge, y lo mismo les pidió a 125 gemelos que compartían sólo la mitad de sus genes. En gemelos idénticos, el porcentaje de acierto llegó a ser de 70%, mientras que entre gemelos no idénticos el mismo decayó a 29%.
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