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Los bebés humanos: Creadores de mundos

El escritor inglés Gilbert Keith Chesterton decía que “los niños pequeños son tan felices porque son muy serios”.

“No hay más que mirar los ojos de un niño de tres meses de edad para darse cuenta de la gravedad y el asombro con que está contemplando el mundo. Ante él aparece un universo tan nuevo como lo fue el día de su creación, con un nuevo sistema de estrellas, hierba nueva y un mar nuevo”.

La ciencia trata de entender cómo una pequeña masa bulbosa de materia encefálica es capaz en tan poco tiempo de apropiarse del mundo y traducirlo a símbolos, esquemas mentales y conciencia. Queda un largo camino por recorrer, pero podemos analizar algunos aspectos del desarrollo cerebral y mental de los bebés humanos, especialmente comparándolos con los de otras especies inteligentes, que puedan aportar algunas pistas sobre este tremendo misterio.

Todos los niños nacen prematuramente. Nacen justo antes de que su enorme cabeza sea incapaz de atravesar el canal del parto. El gran desarrollo del cerebro no se ha correspondido con un desarrollo comparable del resto del cuerpo y los bebés van a necesitar durante mucho tiempo un cuidado muy intenso por parte de sus padres. Esta indefensión pudo convertirse en una ventaja evolutiva, al propiciar que durante un prolongado periodo de tiempo el niño aprenda muchas cosas de su entorno social. La infancia es mucho más larga en el hombre que en el resto de primates.

Las crías de chimpancé nacen con un cuerpo más desarrollado y son más activas y despiertas que los bebés de edad comparable. Superan en muchas pruebas de inteligencia y habilidad a las crías humanas mientras la relación entre su cerebro y su cuerpo es más o menos similar a la de éstas. Lo que ocurre es que el cerebro del chimpancé no crece demasiado después del nacimiento, mientras que el humano crece a un ritmo rápido hasta aproximadamente la edad de tres años. Aún así, a los 18 meses tanto bebés humanos como de chimpancé son ya capaces de colaborar con los adultos y entender de alguna forma sus motivaciones. El altruismo y la empatía no serían pues capacidades exclusivamente humanas.

A esa edad, sin embargo, ya se ha producido el salto cualitativo que distinguirá a los humanos de los chimpancés. El cerebro de los niños está ya al nacer programado genéticamente para aprender a entender y a hablar un complejo lenguaje simbólico. Las modalidades de lenguaje en los chimpancés son mucho más limitadas. El simbolismo es una herramienta muy poderosa para comprender el mundo. En contra de lo que se creía, no es una facultad totalmente innata de los niños que se manifiesta a una determinada edad, sino que debe ser en parte aprendido. Bebés de diferentes edades a veces confunden los objetos reales con sus representaciones, siempre que sean bastante fidedignas. A veces intentan introducir sus pies en zapatos pintados en un papel, o les cuesta entender que una maqueta de su cuarto es una representación simbólica de éste.

Las preguntas que todos los padres se hacen acerca de qué está pensando su bebé aún no tienen respuesta. Pero ya sabemos en parte lo que está haciendo su cerebro. Cada día se establecen en él innumerables conexiones entre células nerviosas, que equivalen al cableado de los circuitos lógicos y las pautas de conducta básicas que regirán buena parte de su vida. Estas conexiones no son estáticas, y se van modificando de acuerdo con los estímulos que recibe el niño. Aunque el cerebro adulto conserva aún un alto grado de plasticidad, cada vez las conexiones fijadas son más difíciles de deshacer y es más difícil modificar rasgos como las grandes líneas de la personalidad o los procesos de razonamiento y de aprendizaje de cada persona.

Las últimas teorías sobre cómo se forman estas conexiones podrían ayudar a responder otra frecuente pregunta de los padres: ¿con qué sueñan los bebés? Está claro que, de algún modo, sueñan, ya que las mediciones eléctricas de su actividad cerebral revelan que entran en fases de sueño REM, que es en el que se producen los sueños. En esos periodos, la actividad de las neuronas es prácticamente igual a la de la vigilia. Los bebés (y también las crías de todos los animales estudiados) pasan un tiempo mucho mayor que los adultos en la fase REM.

Los últimos hallazgos sobre este tema son asombrosos: se ha demostrado que cuanto más inmadura y dependiente es una cría de mamífero, más horas dedica al sueño REM y más horas dedicarán a él los adultos. El ornitorrinco es el animal que más horas dedica al día al sueño REM, nada menos que ocho. Las crías del ornitorrinco nacen completamente indefensas y ciegas y no son capaces siquiera de regular su temperatura. Los delfines adultos apenas tienen sueño REM: sus crías son muy independientes (no les queda más remedio en el mar) y nada más nacer ya saben nadar, seguir a su madre, regular su temperatura y evitar a los depredadores.

Los científicos piensan que la actividad neuronal intensa durante el sueño REM puede servir a las crías inmaduras para establecer las conexiones neuronales genéticamente programadas para ciertos comportamientos. Este sueño podría actuar como un sustituto de las estimulaciones sensoriales en animales que, por su inmadurez, no tienen aún acceso a ellas. Se ha comprobado que los gatos no desarrollan bien su sistema visual si se les priva al comienzo de su vida del sueño REM.

De este modo, los bebés vivirían en sus sueños en un mundo extraño, creado de algún modo por ellos, poblado de ruidos y luces imaginarios. Este mundo a su medida podría ser una especie de antesala al mundo real, para que el choque con él no sea demasiado brusco.

Las consecuencias de privar a los niños pequeños de sueño REM podrían ser catastróficas. Pero lo que está claro es que privarlos de afecto es letal. La depresión anaclítica o de Spitz aparece en bebés privados de afecto, particularmente en los que pierden a la madre, aunque sean bien alimentados y cuidados. El bebé pierde el interés por los estímulos externos, el apetito y el sueño. El desarrollo psicomotor se inhibe y las defensas ante las infecciones sufren un colapso. Si no se restituye el cariño, es probable que el bebé muera. Es emocionante pensar en esas pequeñas criaturas que aún no saben quiénes son ni dónde están, pero que ya están atrapadas, como nosotros, en esa red que nos une unos a otros, de la que nadie puede liberarse totalmente.

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...por Antonio Jiménez ...por Antonio Jiménez


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1 comentario en Los bebés humanos: Creadores de mundos

  1. Es muy interesante el reportaje. Me ha llamado la atención la frase de que todos los bebés nacen prematuramente. Realmente es sorprendente.

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