
Pese a su apariencia de inertes y pasivas, las plantas también sufren, se defienden y hasta sienten los dientes de quienes las devoran. Esto es debido a la hormona del peligro, la llamada jasmonato; similar a la adrenalina de los humanos. La misión de esta pequeña molécula, que se antoja fundamental para la supervivencia de los vegetales, es actuar de centinela, avisar de una amenaza exterior -un animal herbívoro, un hongo, un insecto, una bacteria, un cambio brusco de temperatura- y oponer resistencia.
Los experimentos se han desarrollado en Arabidopsis thaliana, una crucífera, pariente cercana del rábano, la col, la colza, la mostaza y el alhelí, universalmente utilizada como planta modelo en la investigación vegetal por tener su genoma secuenciado en su totalidad.
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