El cordón umbilical ha sido, prácticamente para todas las culturas humanas, uno de los objetos con mayor significado mágico y simbólico.
Ha generado incontables creencias, supersticiones y ritos extravagantes, y se le han atribuido cualidades adivinatorias, protectoras o curativas. No es extraño pensar que el transmisor de la vida, el enlace entre la madre y el hijo, posea virtudes extraordinarias. La medicina moderna ha confirmado esta viejÃsima intuición humana.
La placenta y el cordón umbilical humanos contienen unos 100 gramos de sangre rica en células madre, capaces de diferenciarse en cualquier tipo de célula sanguÃnea (leucocitos, glóbulos rojos y plaquetas) y también en algunos otros tipos celulares, como las células cerebrales de sostén. Con ellas se pueden curar diversas enfermedades, como la leucemia, que es una proliferación incontrolada de leucocitos; la anemia falciforme, en la que los glóbulos rojos son anormales; diversas formas de inmunodeficiencia, trastornos en el sistema nervioso, etc.
La médula ósea de los adultos también produce constantemente células madre sanguÃneas, que pueden reemplazar, por ejemplo, los leucocitos de un paciente con leucemia destruidos por quimioterapia. Cada año se realizan numerosos transplantes con éxito. ¿Cuál serÃa entonces la ventaja de usar las células de la sangre del cordón?. La respuesta es que las células madre del cordón umbilical son más “infantiles”, están menos diferenciadas que las adultas y no han llegado a desarrollar todas las etiquetas moleculares superficiales por las que el sistema inmunitario reconoce a los intrusos. Ello hace que el riesgo de rechazo del transplante por el organismo sea bastante menor, al mismo tiempo que es mucho más fácil y rápido encontrar un donante compatible. Además, los leucocitos generados por las células madre umbilicales no reconocen tantos enemigos potenciales como los adultos, lo que reduce el riesgo más temible de los transplantes de médula ósea de donantes adultos: el llamado rechazo heterólogo, que se produce cuando los leucocitos del donante atacan a las células del organismo receptor, al que reconocen como extraño. Las consecuencias de este fenómeno son con frecuencia letales.
Las células madre del cordón umbilical y la placenta son un recurso que puede obtenerse en cantidades ingentes (si se generalizara su recogida en los millones y millones de nacimientos que se producen cada año en el mundo), lo que permitirÃa formar bancos de sangre con múltiples combinaciones de etiquetas inmunitarias, lo que prácticamente asegurarÃa la compatibilidad con cualquier enfermo. Además, suelen estar exentas de ciertos virus que presentan las células de adultos.
El inconveniente principal de esta técnica es la escasa cantidad de sangre que se obtiene de cada cordón, lo que de momento prácticamente sólo permite su uso en niños y adolescentes. Este problema está en vÃas de solución por medio de técnicas de cultivo que aumentarÃan la población celular. Tampoco se sabe si estas células poseen anormalidades hereditarias, que sólo se manifestarÃan pasados meses o años. Para paliar este problema se puede mantener la sangre en un periodo de cuarentena de 6 a 12 meses, realizando un seguimiento simultáneo del niño donante para ver si desarrolla alguna enfermedad. También se pueden realizar pruebas genéticas para los defectos más comunes (e incluso en el futuro estas células podrÃan ser sometidas a terapia génica para corregir el error antes de transplantarlas).
El establecimiento de grandes bancos públicos, gratuitos y de acceso universal, de sangre del cordón umbilical garantizarÃa en un porcentaje altÃsimo que cualquier paciente encontrara en pocos dÃas células compatibles con las suyas (y cuanta más gente done, más se acercará al cien por cien esa probabilidad). Esta sangre no puede ser almacenada durante periodos de tiempo muy prolongados, pero si se congela y se mantiene por medio de sofisticadas técnicas podrÃa durar, según los expertos, hasta 15 años. Esto ha movido a que muchos padres intenten asegurar a largo plazo la salud de sus hijos, mandando la sangre de sus cordones a bancos privados que la congelan. Su uso serÃa exclusivo para ellos mismos. Pero estos padres quizá no han sido bien informados en algunas ocasiones: la probabilidad de que un niño determinado necesite sus propias células del cordón es muy pequeña, no servirÃan para curar muchas enfermedades de sus células sanguÃneas (ya que presentan los mismos defectos genéticos), y además actualmente no se conoce otro uso que pudieran tener. Se piensa que estas células madre podrÃan ser inducidas a convertirse en otras para curar cualquier clase de enfermedad futura del niño, pero estas técnicas aún no están desarrolladas y para entonces es muy probable que la fuente de células madre preferida sea otra, ya que en cualquier organismo adulto hay muchos tipos de células madre, o quizá se obtengan por clonación terapéutica a partir de cualquier célula del cuerpo.
Lo que sà está claro es que la donación altruista de cordones está salvando millares de vidas todos los años, y es altamente probable que la sangre de otro niño pueda servir para curar al nuestro, aunque la de éste ya haya sido transferida a otro. Por tanto, según los expertos sanitarios, ésta es la opción prioritaria que deberÃan seguir los padres. Las autoridades sanitarias deben asegurar que en cada sala de partos haya una unidad de recogida de sangre del cordón (algo que está muy lejos de conseguirse en muchos paÃses, entre ellos España, que lleva un gran retraso en la aplicación de estas técnicas).
El debate sobre dónde enviar la sangre se alimenta en parte por el gran vacÃo legal que existe y por la disparidad de criterios de las diferentes administraciones para regular estas prácticas. En algunos sitios la sangre sólo se puede donar a bancos públicos y en otros se permite también la existencia de bancos privados. Algunas opciones de consenso son la posibilidad de donar una parte a bancos públicos y otra a bancos privados (aunque con el inconveniente de que quizá no haya células suficientes ni para unos ni para otros) o la directriz que ha ordenado, por ejemplo, el ministerio de Sanidad español: la sangre puede almacenarse durante largo tiempo en un banco privado, pero si en ese tiempo alguien la necesita le será donada.
No pretendemos juzgar desde aquà las opciones que escojan los padres, aunque desde una perspectiva biológica podemos recordar que muchos de los grupos animales de más éxito, como los insectos sociales o los cánidos gregarios, presentan muchas conductas altruistas. Estas palabras del Evangelio también nos pueden invitar a la reflexión: “Dad y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante”.

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