Datar la antigüedad de la vida no tendrÃa sólo interés cronológico, sino que aportarÃa muchas pistas sobre las condiciones en que surgió y los posibles sucesos que condujeron a ella.
El primer problema es: ¿dónde buscar señales realmente antiguas de vida? Una sorprendente sugerencia reciente es buscarlas en la Luna. La idea no es tan descabellada como parece a primera vista: choques de meteoritos en las etapas tempranas de la vida habrÃan lanzado rocas terrestres fuera de órbita, y algunas habrÃan ido a caer a la Luna. Allà podrÃan haber permanecido virtualmente inalteradas durante todo este tiempo, ya que en la Luna no ha habido organismos, que hubieran destruido las señales biológicas, ni atmósfera que las hubiera alterado quÃmicamente, ni una tectónica de placas que haya hundido, calentado y transformado las rocas.
Pero mientras nos planteamos la oportunidad de un posible safari lunar, no nos queda otra alternativa que buscar en este planeta. Los lugares idóneos serÃan en principio los que albergan rocas más antiguas: los escudos de los grandes continentes, lejos de los márgenes de las placas litosféricas, donde se produce el constante hundimiento y calentamiento de las rocas.
Quizá nunca podamos encontrar el momento exacto de aparición de los primeros organismos, ya que la Tierra tiene en torno a 4500 millones de años de edad y las rocas más antiguas, encontradas en el ártico canadiense, tienen sólo 3960 millones de años. Afortunadamente, se pueden encontrar indicios que nos informen de etapas anteriores. Los circones son los minerales más resistentes y estables de la Tierra, más aún que los diamantes. Se han encontrado muestras de hasta hace 4400 millones de años. Estos pequeños cristalitos han cambiando radicalmente la visión que tenÃamos de las primeras etapas de la historia de la Tierra.
Antes se pensaba que durante sus primeros 700 millones de años, la Tierra fue un lugar muy caliente, tanto que buena parte de la corteza estarÃa fundida (por eso no se encontraban apenas rocas inalteradas de edad anterior). Hasta hace unos 4000 millones de años no habrÃa océanos. Pero los circones muestran que muy pronto, con una edad de unos 100 millones de años, la Tierra ya habÃa completado gran parte de su proceso de enfriamiento y habÃa agua lÃquida en la superficie. La vida puede ser mucho más antigua de lo que imaginábamos.
El segundo problema para estudiar la vida primitiva es más fundamental, y está originando controversias muy acaloradas: ¿qué es lo que tenemos buscar? Identificar un indicio fósil como una bioseñal, como una muestra de la estructura o del metabolismo de un organismo antiguo, es muy complicado. Algunas de las marcas que nos pueden parecer en un principio delatoras inequÃvocas de vida, pueden sin embargo ser producidas también por reacciones quÃmicas a altas temperaturas y presiones. Cuando los organismos han alcanzado cierto grado de complejidad (por ejemplo, las cianobacterias que originaron microfósiles hace 2000 millones de años) no hay problema en reconocerlos como tales, pero al ir hacia atrás en el tiempo los organismos son más simples y es más difÃcil distinguirlos de estructuras de naturaleza inorgánica.
Los fósiles moleculares, es decir, los restos de moléculas orgánicas, que sólo pueden haberse producido en el interior de los organismos, más antiguos que se conocen son de hace unos 2700 millones de años y fueron hallados en Australia. Son lÃpidos de las membranas celulares y su complejidad descarta que pudieran tener un origen mineral.
Los restos de vida macroscópica más antiguos de la Tierra proceden también de Australia, y son estromatolitos, rocas estratificadas y abovedadas construidas por microorganismos. Son muy similares a los que construyen actualmente algunas cianobacterias, pero tienen nada menos que 3500 millones de años.
Otra bioseñal es la abundancia relativa de distintos isótopos (átomos con el mismo número atómico pero con distinto peso atómico) de azufre, en rocas nuevamente de Australia, de hace unos 3500 millones de años. Pero se discute si esos cristales de pirita (sulfuro de hierro) se formaron en un ambiente propicio para la vida. Señales de este tipo de 2500 millones de años sà son indicativas de vida.
La abundancia relativa de los distintos isótopos de ciertos elementos es un indicio de vida, porque los organismos suelen preferir uno de ellos, con lo que varÃa la proporción en que se presentan con respecto a los procesos meramente quÃmicos. La abundancia relativa del carbono ligero nos da los indicios de vida más antiguos que conocemos: unos minúsculos puntos negros de carbono en las rocas sedimentarias más antiguas que se conocen, las de Isua, en Groenlandia, de hace más de 3700 millones de años. Las rocas sedimentarias son las más adecuadas para encontrar indicios de vida: en las Ãgneas, por definición, no pueden presentarse, y en las metamórficas, cualquier resto biológico sufrirÃa tales transformaciones que serÃa prácticamente destruido. Otras motas similares en Akilia, también en Groenlandia, de más de 3800 millones de años, no se consideran indicios fiables de vida, ya que las rocas no parecen sedimentarias, sino Ãgneas, y habrÃan sufrido un proceso particular de metamorfismo, mediante el cual se habrÃa creado grafito (la forma de carbono que constituye la mina de los lápices) de fuentes de carbono no biológicas.
La posible muestra de vida más antigua que conocemos no procede de la Tierra, sino del famoso meteorito marciano ALH84001, al que se le calcula una edad de 3900 millones de años. Las bioseñales en cuestión son granos de magnetita (mineral de hierro con propiedades magnéticas) con las caracterÃsticas propias de los que poseen algunas bacterias actuales en la Tierra (los usan para regular su profundidad guiándose por el campo magnético terrestre). También se han hallado granos de magnetita similares en Australia, en rocas de casi 2000 millones de años. Pero ambos indicios son controvertidos. De todas formas, recientes estudios que tienen en cuenta las órbitas de los meteoritos y las condiciones primitivas en Marte, hacen plausible que la vida llegara a la Tierra procedente del planeta rojo. En ese caso, quizá los únicos marcianos vivos en la actualidad seamos nosotros.

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Saber qué edad tiene la vida resulta francamente complicado ya que la primera respuesta que se deberÃa dar es ¿qué es lo que se debe buscar cómo primer indicio de vida?
No sé si alguna vez se conseguirá averiguar cómo es de antigua la vida, lo cierto es que se deberÃa continuar investigando en el tema.