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La diversidad de las algas: Los vegetales aucáticos

Pfiesteria piscicida es un organismo unicelular cuyas increíbles capacidades se conocen desde hace poco.

Puede adoptar hasta 24 formas diferentes (células ameboides, estrelladas, esporas móviles o quistes de resistencia), se alimenta de peces y puede causar mortandades de millones de individuos. Produce sustancias tóxicas volátiles y los seres humanos que las respiran sufren en poco tiempo náuseas, problemas respiratorios y pérdidas de memoria similares a las del Alzheimer.

Éstas son sólo algunas de las sorpresas que el mundo de las algas no cesa de depararnos. Aunque Pfiesteria no tiene clorofila y no realiza la fotosíntesis, pertenece a un grupo, el de los dinoflagelados, que tiene muchos miembros fotosintéticos. Algunos dinoflagelados son los causantes de las temibles “mareas rojas”, al producir sustancias tóxicas que pueden acumularse en bivalvos, como mejillones u ostras, y provocar la muerte fulminante de la gente que los consume. Otros producen una bioluminiscencia pálida que otorga un brillo fantasmal y lechoso a los mares.

Estos organismos son representantes de grupos con características híbridas entre los vegetales y los animales. Algunos organismos pueden alternar generaciones fotosintetizadoras con otras depredadoras o carroñeras. Pueden presentar formas inmóviles o nadadoras, y los pigmentos que poseen no sólo sirven para realizar la fotosíntesis, sino que pueden servir para detectar la luz y actuar como ojos rudimentarios. En el mundo de los microorganismos, las fronteras entre vegetales y animales se difuminan por completo.

Bajo el nombre de algas, englobamos una gran variedad de grupos de organismos, que no tienen en común entre sí más de lo que tienen en común las plantas con los animales. Las algas verde-azuladas o cianobacterias pertenecen a un gran grupo completamente distinto al de las demás algas, el de los procariotas (que está formado por células sin núcleo, de estructura muy simple). Dentro del grupo de los eucariotas encontramos los ambivalentes euglenófitos, que lo mismo fotosintetizan que cazan impulsados por flagelos; las delicadas diatomeas, encerradas en un estuche de sílice bellamente ornamentado; las algas pardas gigantescas que forman frondosos bosques marinos; las algas rojas que producen sustancias de gran interés para la industria o las algas verdes, de las que han surgido los antecesores de todas las plantas terrestres.

Un alga sería en principio un vegetal acuático de estructura sencilla. Pero algunas algas viven en la tierra húmeda, las cortezas de los árboles o el interior de muchos animales, como moluscos, gusanos planos y corales, estableciendo simbiosis con ellos. Recientemente se ha descubierto en Japón un misterioso microorganismo con algas simbióticas que presenta una conducta muy peculiar: tras la división celular, una célula hija recibe todas las algas y la otra se transforma en un depredador dotado de boca con la misión de capturar algas y reiniciar el ciclo.

Las algas también participan en una de las alianzas más importantes de la biosfera, la de los líquenes, que establecen con hongos, lo que les permite ser los primeros colonizadores de los terrenos inhóspitos. Las algas aportan a las simbiosis sustancias elaboradas y oxígeno, mientras que sus asociados sólo aportan un ambiente estable y algunas sustancias minerales.

Tampoco las algas tienen siempre estructura sencilla: algunas algas pardas alcanzan cientos de metros de longitud y tienen órganos análogos a las raíces, tallos y hojas de las plantas terrestres. Muchas veces son unicelulares o filamentosas, pero también pueden formar colonias esféricas u organizarse en tejidos complejos.

La importancia de las algas en la biosfera es enorme, ya que son los principales productores primarios de los ecosistemas acuáticos. Las algas microscópicas del plancton, con su altísima tasa de fotosíntesis y reproducción, sirven de base para las cadenas tróficas del medio acuático, que pueden estar compuestas por más eslabones que en el medio terrestre. Las algas se presentan en cualquier medio en el que haya humedad y luz, incluso los lagos salinos, las rocas litorales por encima del nivel de la marea donde la insolación es muy alta o los hielos de la Antártida. Algunas algas rojas, que poseen pigmentos adecuados para captar la luz de longitud de onda que más penetra en el agua, pueden llegar a alcanzar 260 metros de profundidad en los mares.

En los mares fríos predominan las algas pardas, formando grandes praderas o incluso bosques. Los mares fríos son más productivos que los cálidos porque sus aguas suelen ser más ricas en nutrientes y admiten en disolución más anhídrido carbónico y más oxígeno que las aguas cálidas, en las que estos gases tienden a escapar a la atmósfera. En los mares tropicales las poblaciones suelen ser menos densas, pero hay más diversidad de especies, sobre todo de algas verdes (como la indestructible Caulerpa, que ha invadido el Mediterráneo) y rojas.

En el cultivo de algas puede estar una de las bases de la alimentación humana en el futuro. Las algas son fáciles de cultivar e invierten casi toda la energía que se les suministra en generar materia alimenticia útil (al contrario que las plantas terrestres, que producen muchas fibras y madera). Muchas especies pueden ser consumidas en ensaladas o sopas y aportan muchos minerales. Otras pueden servir de forraje para el ganado. De muchas algas pardas y rojas se obtienen sustancias de gran interés para la industria, como el agar o la carragenina, que son geles que sirven de base a muchos productos: helados, gelatinas, medios de cultivo bacterianos, etc.

Las algas (procariotas y eucariotas) han dominado la historia de la Tierra durante al menos 3.000 millones de años (sólo en los últimos 500 millones de años han cobrado mayor importancia las plantas terrestres), han transformado la composición de la atmósfera, han sostenido a casi todas las demás formas de vida y han estabilizado el clima (muchas algas tienen caparazones de carbonato cálcico, con lo que contribuyen a retirar anhídrido carbónico, uno de los causantes del efecto invernadero, de la atmósfera). Han inventado la fotosíntesis productora de oxígeno, la reproducción sexual y la organización pluricelular con división del trabajo. Sin ellas no estaríamos aquí: han hecho que el planeta sea habitable para nosotros.

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...por Antonio Jiménez ...por Antonio Jiménez


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