La alianza que, hace como mÃnimo unos 150 millones de años, empezaron a consolidar las plantas con flores y los insectos, ha resultado ser una de las más fructÃferas de la historia de la vida.
Dos grupos de organismos con intereses muy distintos iniciaron una improbable relación que condujo a ambos a dominar abrumadoramente casi todos los ecosistemas de tierra firme (quizá no sea una casualidad que tanto los insectos como las plantas con flores tengan poca presencia en los mares).
Las plantas angiospermas se diferencian de las gimnospermas (conÃferas, por ejemplo) en que sus semillas están protegidas por la pared del ovario y en que sus flores constan de varias piezas normalmente llamativas (por eso se llaman comúnmente “plantas con flores”, aunque las gimnospermas también tengan flores pequeñas y poco espectaculares).
La protección de las semillas posibilitó que las plantas pudieran usar a los insectos para mejorar sus posibilidades de reproducción. La polinización de las gimnospermas, que dominaron antes de la irrupción de las angiospermas, era realizada sobre todo por el viento, que sólo conduce hasta otra flor una mÃnima proporción del polen que produce la planta.
Las angiospermas contrataron un eficiente equipo de mensajeros, que transportaba el polen hacia otras flores con economÃa y seguridad. Las primeras plantas con flores ofrecieron una parte del polen como salario, pero otras evitaron esa reducción de sus posibilidades de reproducción premiando a los insectos con néctar, una secreción azucarada. Otras, más evolucionadas, como muchas orquÃdeas, engañan a los insectos aparentando contener néctar, que no producen, en sus espolones.
Son muy claras las tendencias que se han producido en la evolución de las flores a lo largo del tiempo, para conseguir una polinización más eficiente, realizada por nuevos grupos de insectos que iban surgiendo paralelamente.
Las flores primitivas eran grandes y robustas para reducir los daños de insectos que acudÃan a comer todo lo que podÃan, tenÃan muchos estambres y producÃan mucho polen, no tenÃan formas especiales y eran polinizadas por un amplio abanico de insectos. Las flores más evolucionadas atraen a los insectos con colores y olores llamativos, tienen formas especiales para adaptarse a un tipo muy especÃfico de insecto, suelen producir néctar y tener pocos estambres.
¿Por qué las plantas eligieron a los insectos y no a otros animales terrestres? Quizá nunca conozcamos todas las razones, pero podemos apuntar algunas. Los insectos tienen un tamaño adecuado. Otros animales, como los pájaros y los mamÃferos, son más eficaces para dispersar las semillas y las plantas los usan para este fin con preferencia sobre los insectos, aunque las hormigas también tienen importancia como dispersantes de semillas.
La capacidad de vuelo de los insectos fue un factor decisivo. Los primeros insectos que polinizaron plantas con flores fueron los escarabajos, pero posteriormente las plantas prefirieron mejores voladores, que podÃan acceder fácil y rápidamente a las flores. La versatilidad de los apéndices de los insectos les permitió llegar a lugares recónditos y adaptarse a las distintas estructuras de la flor.
Las plantas ofrecieron a los insectos multitud de microambientes que ocupar y de recursos alimenticios que explotar. Esto ha producido la increÃble diversidad de insectos que observamos actualmente. La dependencia de polinizadores cada vez más especÃficos ha creado flores de incontables diseños estructurales.
Abundan los ejemplos de simbiosis entre los insectos y las plantas. Uno de los más llamativos es el de las hormigas que ofrecen protección a los árboles que las alojan y alimentan, atacando a los herbÃvoros e incluso a cualquier brote vegetal que se aproxime al árbol, pero básicamente estamos ante una relación depredador-presa. Aunque en muchos casos los insectos colaboren con las plantas, suelen estar bien dispuestos a devorarlas.
Pero las plantas han aprendido a vengarse. Existen especies que capturan y comen insectos, por medio de dispositivos muy sofisticados y crueles. Hay flores, como las de ciertas orquÃdeas mediterráneas, que engatusan y frustran a los abejorros macho imitando a las hembras, tanto en su aspecto como en la pilosidad del abdomen y el olor. Las plantas florecen cuando emergen los machos y aún no han aparecido las hembras. Los machos intentan aparearse con la flor y en el forcejeo se cargan de polen, con el que fecundarán a otra flor.
También hay flores-trampa, que retienen a los insectos en su interior el tiempo necesario para que posibiliten la fecundación. Otras plantas luchan contra las orugas devoradoras presentando dibujos de huevos de mariposas en sus hojas. Cuando una mariposa llega con intención de poner huevos, es disuadida por los dibujos, ya las orugas que piensa que la hoja está ocupada.
Hay flores que simulan ser carne putrefacta para atraer a las moscas sin ofrecer nada a cambio, plantas pegajosas que inmovilizan a los insectos que las molestan, orquÃdeas que provocan a las abejas moviendo unas pequeñas expansiones con ayuda del viento, para que las ataquen y de paso las polinicen… Como vemos, las plantas no son tan inocentes e inofensivas como parecen.

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Muy bueno el blog.