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Hombres: ¿Qué nos ha hecho humanos?

La pregunta que nos hacemos en MundoBiología es: ¿Cuáles han sido las principales fuerzas que han empujado en la evolución de los homínidos?.

Las manos prensoras, la postura bípeda, el crecimiento del cerebro, la fabricación de herramientas, la caza coordinada, el uso del fuego o el desarrollo del lenguaje son sin duda hitos fundamentales de nuestra historia. Pero persisten muchos interrogantes acerca de las presiones de selección que generaron cada una de estas adquisiciones y acerca de su importancia relativa.

Antes se pensaba que la mayoría de estas características eran exclusivas de los humanos, o al menos estaban representadas en otros animales de una forma muy deficiente. Pero cada vez nos hemos ido cayendo de más pedestales. Bastantes animales tienen cerebros grandes, pueden manipular objetos con habilidad, emplean complicadas estrategias de caza social, usan herramientas e incluso las fabrican (cuervos y chimpancés) y pueden aprender el significado de centenares de símbolos y combinarlos de diversas formas (por ejemplo los loros o los chimpancés). Sólo el dominio del fuego es un privilegio exclusivamente humano (lo cual explica quizá la fascinación que sienten los niños ante él y que ninguno lo tema antes de quemarse).

La postura bípeda fue probablemente el motor que arrancó el proceso de hominización. Por un lado liberó las manos para manipular y fabricar objetos, lo que motivó que evolucionaran hacia la prensión de precisión característicamente humana, y por otro permitió el acceso a nuevas formas de alimentación, más ricas en energía. La adquisición de la postura bípeda aconteció hace al menos 4 millones de años (muy probablemente antes) en nuestros primos australopitecos, que eran simiescos en la mayoría de sus otras características. La agilidad humana que permitió una carrera sostenida apareció probablemente con Homo erectus, hace unos 2 millones de años.

El crecimiento del cerebro ha sido espectacular en la evolución de los homínidos. El cerebro humano es tres veces mayor que el de un simio de su mismo tamaño. Los australopitecos ya poseían un cerebro un poco mayor que el de un chimpancé. Con la aparición del género Homo, el tamaño se dobló en sólo medio millón de años. En los dos millones y medio de años siguientes, llegó a ser incluso mayor que en el hombre actual (en el hombre de Neandertal). El cerebro es un órgano muy exigente desde el punto de vista metabólico y requiere sustancias escasas en la naturaleza, como las proteínas, las grasas y el fósforo, que sólo se encuentran en abundancia en la carne. Un enriquecimiento paulatino de estas sustancias en la dieta parece haber sido un factor necesario para el desarrollo del cerebro.

Algunos productos de la evolución del cerebro han sido el desarrollo de actividades cognitivas, como las necesarias para las relaciones sociales cooperativas, la fabricación de herramientas y la adquisición del lenguaje. Asimismo, cada uno de estos avances fue un motor para el posterior desarrollo del cerebro.

La caza cooperativa podría haber sido tardía en la evolución de los homínidos. La mayoría de las pruebas apuntan ahora hacia un origen menos halagador del cambio hacia la carne en la dieta humana: el carroñeo. Se han encontrado en asentamientos del Homo temprano huesos con marcas de piedra que se superponen a las de dientes de carnívoros. No sería nada extraña esta conducta, pues incluso los más poderosos carnívoros recurren a la carroña cuando la encuentran. Pero se dispone de pruebas de que por ejemplo los hombres de Neandertal eran ya cazadores muy hábiles, así como los hombres modernos de la Edad de Piedra.

La adquisición del lenguaje divide a los antropólogos. Algunos dicen que es una característica distintivamente humana y que apareció tarde, de forma súbita, ligada a la aparición de nuestra propia especie, motivada por el gran poder cognitivo desarrollado por el cerebro. Pero la mayoría de las pruebas paleontológicas sugieren que el desarrollo del lenguaje fue gradual y apareció en diversas especies de homínidos en formas más simples y rudimentarias. Las marcas craneales del área de Broca del cerebro, ligada a las funciones lingüísticas y de fabricación de útiles, están ya algo desarrolladas en los primeros representantes del género Homo. En ellos se observa también un desarrollo ligeramente mayor del hemisferio izquierdo del cerebro, que ejecuta las tareas de procesamiento lingüístico. Además, la base del cráneo de los primeros Homo ya está levemente arqueada, lo que puede sugerir que su laringe se encontraba desplazada hacia abajo, como en el hombre actual, lo que les permitiría articular quizá algunos sonidos.

La elaboración de herramientas ha pasado por tres etapas: hace unos dos millones y medio de años, los homínidos fabricaban ya toscas herramientas de piedra, que les servían probablemente para defenderse y para abrir los cadáveres y separar la carne del hueso, pero eran poco más que lascas afiladas sin formas determinadas. Hace un millón y medio de años, Homo erectus empezó a fabricar herramientas usando un molde mental: ya pretendía que sus hachas de piedra tuvieran siempre forma de lágrima. Hace unos pocos miles de años se produjo el último avance significativo, con la elaboración de los núcleos de piedra, que facilitaba enormemente la obtención de piezas de diversas formas con sólo unos pocos golpes precisos.

La forma en que los homínidos conquistaron el fuego sigue siendo un misterio, aunque hay evidencias de huesos carbonizados ya en yacimientos de más de un millón de años, que indican que el hombre conocía las ventajas de la carne calcinada, aunque no se sabe si producía activamente el fuego o sólo se aprovechaba de los incendios. Las primeras pruebas inequívocas de la presencia de hogares datan sólo de hace un centenar de miles de años aproximadamente.

Averiguar la forma en que todos estos factores y, muchos otros, se han interrelacionado para acabar configurando al ser humano, es sin duda una tarea que mantendrá ocupados a los antropólogos durante mucho tiempo.

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...por Antonio Jiménez ...por Antonio Jiménez


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