buscar
Espanol flagIngles flag






Tiempo estimado de lectura 4:17 min. rellotge



Hombres: ¿Qué nos ha hecho humanos?

La pregunta que nos hacemos en MundoBiología es: ¿Cuáles han sido las principales fuerzas que han empujado en la evolución de los homínidos?.

Las manos prensoras, la postura bípeda, el crecimiento del cerebro, la fabricación de herramientas, la caza coordinada, el uso del fuego o el desarrollo del lenguaje son sin duda hitos fundamentales de nuestra historia. Pero persisten muchos interrogantes acerca de las presiones de selección que generaron cada una de estas adquisiciones y acerca de su importancia relativa.

Antes se pensaba que la mayoría de estas características eran exclusivas de los humanos, o al menos estaban representadas en otros animales de una forma muy deficiente. Pero cada vez nos hemos ido cayendo de más pedestales. Bastantes animales tienen cerebros grandes, pueden manipular objetos con habilidad, emplean complicadas estrategias de caza social, usan herramientas e incluso las fabrican (cuervos y chimpancés) y pueden aprender el significado de centenares de símbolos y combinarlos de diversas formas (por ejemplo los loros o los chimpancés). Sólo el dominio del fuego es un privilegio exclusivamente humano (lo cual explica quizá la fascinación que sienten los niños ante él y que ninguno lo tema antes de quemarse).

La postura bípeda fue probablemente el motor que arrancó el proceso de hominización. Por un lado liberó las manos para manipular y fabricar objetos, lo que motivó que evolucionaran hacia la prensión de precisión característicamente humana, y por otro permitió el acceso a nuevas formas de alimentación, más ricas en energía. La adquisición de la postura bípeda aconteció hace al menos 4 millones de años (muy probablemente antes) en nuestros primos australopitecos, que eran simiescos en la mayoría de sus otras características. La agilidad humana que permitió una carrera sostenida apareció probablemente con Homo erectus, hace unos 2 millones de años.

El crecimiento del cerebro ha sido espectacular en la evolución de los homínidos. El cerebro humano es tres veces mayor que el de un simio de su mismo tamaño. Los australopitecos ya poseían un cerebro un poco mayor que el de un chimpancé. Con la aparición del género Homo, el tamaño se dobló en sólo medio millón de años. En los dos millones y medio de años siguientes, llegó a ser incluso mayor que en el hombre actual (en el hombre de Neandertal). El cerebro es un órgano muy exigente desde el punto de vista metabólico y requiere sustancias escasas en la naturaleza, como las proteínas, las grasas y el fósforo, que sólo se encuentran en abundancia en la carne. Un enriquecimiento paulatino de estas sustancias en la dieta parece haber sido un factor necesario para el desarrollo del cerebro.

Algunos productos de la evolución del cerebro han sido el desarrollo de actividades cognitivas, como las necesarias para las relaciones sociales cooperativas, la fabricación de herramientas y la adquisición del lenguaje. Asimismo, cada uno de estos avances fue un motor para el posterior desarrollo del cerebro.

La caza cooperativa podría haber sido tardía en la evolución de los homínidos. La mayoría de las pruebas apuntan ahora hacia un origen menos halagador del cambio hacia la carne en la dieta humana: el carroñeo. Se han encontrado en asentamientos del Homo temprano huesos con marcas de piedra que se superponen a las de dientes de carnívoros. No sería nada extraña esta conducta, pues incluso los más poderosos carnívoros recurren a la carroña cuando la encuentran. Pero se dispone de pruebas de que por ejemplo los hombres de Neandertal eran ya cazadores muy hábiles, así como los hombres modernos de la Edad de Piedra.

La adquisición del lenguaje divide a los antropólogos. Algunos dicen que es una característica distintivamente humana y que apareció tarde, de forma súbita, ligada a la aparición de nuestra propia especie, motivada por el gran poder cognitivo desarrollado por el cerebro. Pero la mayoría de las pruebas paleontológicas sugieren que el desarrollo del lenguaje fue gradual y apareció en diversas especies de homínidos en formas más simples y rudimentarias. Las marcas craneales del área de Broca del cerebro, ligada a las funciones lingüísticas y de fabricación de útiles, están ya algo desarrolladas en los primeros representantes del género Homo. En ellos se observa también un desarrollo ligeramente mayor del hemisferio izquierdo del cerebro, que ejecuta las tareas de procesamiento lingüístico. Además, la base del cráneo de los primeros Homo ya está levemente arqueada, lo que puede sugerir que su laringe se encontraba desplazada hacia abajo, como en el hombre actual, lo que les permitiría articular quizá algunos sonidos.

La elaboración de herramientas ha pasado por tres etapas: hace unos dos millones y medio de años, los homínidos fabricaban ya toscas herramientas de piedra, que les servían probablemente para defenderse y para abrir los cadáveres y separar la carne del hueso, pero eran poco más que lascas afiladas sin formas determinadas. Hace un millón y medio de años, Homo erectus empezó a fabricar herramientas usando un molde mental: ya pretendía que sus hachas de piedra tuvieran siempre forma de lágrima. Hace unos pocos miles de años se produjo el último avance significativo, con la elaboración de los núcleos de piedra, que facilitaba enormemente la obtención de piezas de diversas formas con sólo unos pocos golpes precisos.

La forma en que los homínidos conquistaron el fuego sigue siendo un misterio, aunque hay evidencias de huesos carbonizados ya en yacimientos de más de un millón de años, que indican que el hombre conocía las ventajas de la carne calcinada, aunque no se sabe si producía activamente el fuego o sólo se aprovechaba de los incendios. Las primeras pruebas inequívocas de la presencia de hogares datan sólo de hace un centenar de miles de años aproximadamente.

Averiguar la forma en que todos estos factores y, muchos otros, se han interrelacionado para acabar configurando al ser humano, es sin duda una tarea que mantendrá ocupados a los antropólogos durante mucho tiempo.








...por Antonio Jiménez ...por Antonio Jiménez


Patrocinador



Otros Reportajes:


Los más comentados:




Publicidad




Patrocinador




3 comentarios en Hombres: ¿Qué nos ha hecho humanos?

  1. Distinguido señor Antonio Jiménez.
    Me gustaría refleccionar con usted al respecto de algunas cuestiones acerca del surgimito de los homínidos.
    Nadie pondría en duda la importancia que pudo tener el crecimiento del cerebro en el proceso de hominización, ya que al no ser dualistas (consideramos que el cerebro, las neuronas son el sustrato material en el que existen las informaciones), damos por hecho que un cerebro más grande permitiría a un individuo ser más listo, inteligente y por ende mejor competidor que sus parientes. Ello le posibilitaría acceder a la reproducción con más regularidad que el resto de sus parientes y como consecuencia la nueva característica, poseer un cerebro más grande, se extendería con premura a toda la población. Pero sin embargo este argumento a todas luces lógico e incontrovertible no siempre resulta ser cierto. El destacadísimo investigador Robin Dumbar, haciendose eco de los importantísimos estudios realizados por Michael Schilaci de la universidad de Carolina del Sur, nos revela que:
    “En primates polígamos, la relación entre el tamaño del cerebro y el éxito del individuo a la hora de encontrar pareja y reproducirse son de signo negativo.”
    En otras palabras Robin Dumbar nos asegura que por absurdo que nos parezca, la realidad es que en el marco de un clan de primates polígamos, el individuo con el cerebro más grande, contra todo pronóstico, es el que menos acceso tiene a la reproducción y por consiguiente es quien menos probabilidad de traspasar sus genes y con ellos la modificación de la que es portador (el cerebro más grande) a la próxima generación.
    ¿Por qué sucede algo tan tremendamente desconcertante, ilógico y por demás absurdo, que hecha por tierra y de hecho lapida todas las teorías existentes acerca de nuestros orígenes? ¿Es que acaso Descartes tenía razón al afirmar que el cerebro y la mente son dos fenómenos que no guardan entre ellos relación condicionante alguna?
    La respuesta a este interesantísimo dilema nos la ofrece el propio Robin Dumbar.
    “En primates la programación del cerebro ocurre desde el destete a la pubertad.”
    Este importantísimo presupuesto nos revela que el hecho de ser más inteligentes no depende en exclusivo de la circunstancia de tener el cerebro más grande sino que tambien está estrechamente ralacionado con el hecho de que el período de programación (usando el término que emplea el propio Dumbar) del cerebro se extienda, de manera que si el lapso de tiempo del que dispone un primate para llenar su corteza prefrontal de comportamientos útiles para la vida futura crece, necesariamente ese individuo podrá ser más listo y competitivo que el resto de sus parientes. Esto sucede así como consecuencia de que la cantidad de información que existe en el cerebro no depende tanto del número de neuronas que se posea como de la cantidad de interconexiones que logremos hacer entre esas neuronas, así que un primate con más tiempo para fabricar a través de la neuroplasticidad más comportamientos (más interconexiones entre las neuronas) podrá con el tiempo llegar a ser más listo, inteligente y por ende mejor competidor que sus parientes sin necesidad de que le creciese el cerebro (sin necesidad de tener más neuronas).
    Me gustaría en este instante destacar que la importancia que tiene el proceso de conexiones neuronales a la hora de hacer a un individuo más inteligente y próspero, muy por encima de la trascendencia que pudiera llegar a tener el hecho de poseer un mayor número de ellas, queda cristalinamente evidenciada en la circunstancia de que las neuronas que no logran interconectarse, que no logran convertirse en parte de una información,son eliminadas en el marco de un proceso de apoptosis desarrollado por la selección natural con el fin de que el cerebro no tenga ni una neurona más de la que es capaz de usar. Este hecho contrastado y validado por innumerables estudios neurológicos acerca del desarrollo temprano del cerebro nos deja tener la certeza de que más neuronas en el cerebro solo es una ventaja evolutiva si el individuo cuenta con el tiempo suficiente para convertirlas , a través de neuroplasticidad, en informaciones y comportamientos útiles para la vida futura.
    Por tanto, muy por encima de la importancia que podría llegar a tener la circunstancia de tener un cerebro más grande a la hora de hacer que un primate sea más listo, inteligente y competitivo, está el hecho de que el tiempo de programación de su cerebro se multiplique, porque de no crecer el período de programación del cerebro, el plus extra de neuronas que poseerá el primate no logrará convertirse en informaciones útiles y en comportamientos que le hagan un mejor competidor y como consecuencia de esto un cerebro más grande, que gastará mucha más energía que un cerebro de tamaño regular, lejos de convertirse en una ventaja sería una pesada losa que dificultaría en extremo el correcto desenvolvimiento del individuo. Ello es con certeza la poderosa razón por la cual se produce el desconcertante fenómeno que descubre Michael Schillaci y al que se refiere Robin Dumbar “En primates polígamos la relación entre el tamaño del cerebro y el éxito del individuo a la hora de reproducirse es de signo negativo.”
    Como mencionaba anteriormente, este hecho constatado refuta sin paliativos e invalida de forma lapidaria la inmensa mayoría de las teorías que existen acerca de nuestros orígenes ya que todas, en mayor o menor medida, se fundamentan en la circunstancia de suponer que un cerebro más grande tendría por necesidad que hacer que el individuo que lo portase fuece más inteligente y mejor competidor que sus parientes.
    En opinión de este autor, una teoría acerca de nuestros orígenes que no comience por ofrecer una descripción lógica, detallada y plausible acerca de que sircunstancias provocarían que se multiplicara el tiempo de programación del cerebro en un primate, carecerá del fundamento lógico indispensable para que podamos dar por ciertas las concluciones a las que arribe. En la actualidad exiten varias hipótesis encaminadas a explicarf las razones que pudieron causar que se extendiese el período de programasión del cerebro en un primate, si me lo permite intentaré ofrecerle mi propia versión de lo que pudo haber sucedido.

    La capacidad de confeccionar nuevos comportamientos desaparece de ambos hemisferios corticales en todos los primates, mamíferos y endotérmicos con la llegada de la pubertad exepto en una rara especie (solo nosotros mantenemos activa la capacidad de confeccionar nuevos conocimientos y comportamientos en y con el hemisferio izquierdo durante toda la vida), ello es la razón por la que es imposible reintroducir mamíferos criados en acutividad, aún nacidos en libertad, en su hábitat natural. Esto nos hace suponer que quizás el hecho que provocaría el surgimiento del primer homínido pudo haber sido la circunstancia de que la apoptosis que debería eliminar del cerebro izquierdo de un primate común las condiciones que le habían permitido aprender comportamientos, como resultado de experimentar un proceso de neotenia, no se produjo y como consecuencia de este hecho inususal y maravillos dichas condiciones (las que permiten desarrollar nuevos comportamientos) permanecieron funcionando durante toda la vida del individuo. Este acontesimiento importantísimo que acabamos de describir pudo provocar el surgimiento de una nueva forma de vida, un ser único capaz de confeccionar conocimientos y comportamientos durante toda su vida con el hemisferio izquierdo.
    ¿Que ventajas ofrecería a este primate-homínido la nueva cualidad? El ser capaces de confeccionar comportamientos durante toda la vida otorgaría a los homínidos la extraordinaria, inédita y maravillosa cualidad de ser capaces de confeccionar comportamientos en tiempo real. ¿A que nos referimos cuando hablamos de la capacidad para elaborar nuevos comportamientos en tiempo real?
    Todos los seres vivos de nuestro planeta se enfrentan a los retos de la subsistencia armados de comportamientos programados con muchísima antelación al momento en el que serán empleados para solventar un conflicto de supervivencia (me refiero a los comportamientos desarrollados por los genes, los instintos y a los comportamientos que aprenden las diferentes especies de aves y mamíferos). Estos comportamientos preprogramados son comportamientos de “amplio espectro”, es decir, son comportamientos muy generales desarrollados para hacer frente, con mayor o menor grado de acierto, a un amplísimo abanico de contingencias discímiles. En cambio un comportamiento confeccionado en tiempo real, en el preciso mismo instante que el individuo se enfrenta al problema que dicho comportamiento debe solucionar, es muchas veces más exacto y pormenorizado, razón por la cual la capacidad de este comportamiento para adaptarse a las particularidades específicas del problema en cuestión es muchas veces superior que la que ostentan los comportamientos de “amplio espectro” programados con antelación. Por esta razón los comportamientos desarrollados en tiempo real otorgaría al nuevo linaje de los homínidos el grado supremo de adaptación al medio, porque les otorgaría la extraordinaria y exepcional capacida de adaptarse rapidamente a las condiciones específicas de cualquier nuevo hábitat en el que se vieran obligado a estar. En otras palabras, la novedosa facultad de poder confeccionar comportamientos en tiempo real sería la portentosa cualidad que permitiría a los homínidos hacer en un relativamente corto lápso de tiempo el tránsito del bosque a la sabana y sería la condición maravillosa que los catapultaría en solo seis millones de años, de estar colgados de una rama en un bosque tropical, a tocar literalmente el cielo con la punta del pulgar de su mano derecha.
    ¿Que hechos parecen apoyar la novedosa hipótesis que acabamos de someter a su discernimiento?
    Mantener en el cerebro izquierdo activadas durante toda la vida las condiciones que permiten manufacturar nuevos comportamientos desencadenaría una extraordinaria y espectacular evolución diferenciada de ambos hemisferios corticales en los homínidos. Veamos por qué.
    Dirección en la que tendría que desarrollarse el hemisferio izquierdo.
    Al ser una extraordinaria ventaja evolutiva la novedosa condición de ser capaces de confeccionar comportamientos durante toda la vida, es lícito sospechar que la selección natural auspiciaría un incremento superlativo de cuerpos neuronales (materia gris) en el cerebro izquierdo, por tanto, si el surgimiento de los homínidos ocurrió como consecuencia de los hechos descritos, necesariamente hoy en día, despues de seis millones de años de evolución, en nuestro cerebro izquierdo debería haber una proporsión superior materia gris (cuerpos neuronales)que de materia blanca (aces de axones).
    Dirección del desarrollo del cerebro derecho.
    Al mantener funcionando durante toda la vida las condiciones que permiten confeccionar nuevos comportamientos, el cerebro izquierdo izquierdo quedaría parcialmente discapacitado para encargarse con acierto de tareas tan importantes para la vida como lo son la vigilancia del entorno, la defensa contra los depredadores, la búsqueda de alimentos, el cuidado y protección de la descendencia y la orientación espacial. (Es realmente relevante que despues de tantos años de evolución, durante la cual nuestro hemisferio izquierdo se ha hiperdesarrollado, el hemisferio derecho todavía continúa siendo mejor que el izquierdo en tareas tales como el descubrimiento de figuras camufladas en entornos complejos, ejemplo, un depredador que busca algo para comer y sigue siendo quien nos guía con seguridad durante cualquiera de nuestros desplazamientos.) El hecho de que el cerebro derecho se haga cargo de la vigilancia (detección de peligros y oportunidades), protección y orientación del individuo, para ambos lados del cuerpo y del cuidado y protexión de su descendencia haría necesario que en él se multiplicara enésimamente la capacidad de trasiego de informaciones, por tanto si la hipótesis propuesta es acertada, en estos momentos en nuestro cerebro derecho debría apreciarse una mayor concentración de materia blanca (aces de axones) que de materia gris (cuerpos neuronales).
    En resumen, la existencia de las discímiles concentraciones de materia gris y blanca propuestas para cada uno de nuestros dos hemisferios corticales, hecho por demás constatable a simple vista, podría convertirse en un esperanzador indicio de que probablemente la hipótesis que sostenemos pudo ser la causa que provocó el que a un primate se le miultiplicara el período de tiempo de programación del cerebro.
    Encarecidamente le ruego disculpas por un comentario tan extenso, el objetivo del mismo no ha sido otro que el de despertar su interes sobre el conjunto de ideas que expongo. Si en alguna medida lo he logrado, me sentiría muy honrrado de poder someter a su más que cualificado criterio la sinopsis (solo 15 páginas) del libro que he desarrollado con la intención de ilustrar y argumentar en alguna medida las ideas expuestas.

  2. Estimado Hernán:

    Me han parecido muy interesantes tus reflexiones. Estoy totalmente de acuerdo contigo en que el tamaño absoluto del cerebro no es determinante a la hora de predecir el grado de inteligencia de un animal. Es cierto que existe una correlación estadística entre el tamaño del cerebro y la aparición de conductas más complejas e inteligentes, pero esta relación no es directa ni proporcional siempre. Interviene un elemento más, como tú señalas: el número y la calidad de las interconexiones entre neuronas, que está relacionado con el tiempo de aprendizaje. Hace poco leí en http://www.amazigs.com una noticia que enfatiza el hecho de que animales con cerebros muy reducidos, como los insectos, pueden tener una gran inteligencia. La clave está en las conexiones entre neuronas. Te copio el texto porque es muy interesante y sorprendente:

    “Según las asombrosas conclusiones de un equipo de científicos, los insectos podrían ser tan inteligentes como los animales de tamaño muy superior al de ellos, a pesar de tener un cerebro tan diminuto como una cabeza de alfiler.

    Los animales con cerebros más grandes no son necesariamente más inteligentes. Así lo creen Lars Chittka de la Universidad Queen Mary de Londres y Jeremy Niven de la Universidad de Cambridge.

    La investigación científica muestra reiteradamente cómo los insectos son capaces de algunos comportamientos inteligentes que los científicos pensaron previamente que eran exclusivos de los animales más grandes. Las abejas, por ejemplo, pueden contar, clasificar objetos similares tales como los rostros de humanos o de perros, entender el concepto de “igual” y “diferente”, y distinguir entre formas que son simétricas y asimétricas.

    “Sabemos que el tamaño del cuerpo es la forma más sencilla de predecir el tamaño del cerebro de un animal”, explica Chittka. “Sin embargo, al contrario de la creencia popular, no podemos decir que el tamaño del cerebro predice su capacidad de comportamiento inteligente”.

    La diferencia de las dimensiones del cerebro entre animales es notable: El cerebro de una ballena puede pesar hasta 9 kg (con más de 200.000 millones de células nerviosas) y el cerebro humano varía entre 1,25 kilogramos y 1,45 (con una cantidad de células nerviosas estimada en 85.000 millones). El cerebro de una abeja pesa sólo 1 milígramo y contiene menos de un millón de células nerviosas.

    A pesar de que algunos incrementos en el tamaño del cerebro sí repercuten en la capacidad de comportamiento inteligente del animal, muchas diferencias en el tamaño sólo existen en una región específica del cerebro. Esto se ve con frecuencia en animales con sentidos altamente desarrollados (como la vista o el oído) o con una habilidad para hacer movimientos muy precisos. El incremento del tamaño permite al cerebro trabajar con mayor nivel de detalle, con mejor resolución, y con sensibilidad o precisión superiores, en otras palabras, no aporta capacidades nuevas sino que tan sólo aumenta el alcance de las existentes.

    La investigación sugiere que los animales más grandes podrían necesitar cerebros más grandes simplemente porque hay más maquinaria para controlar. Por ejemplo, necesitan mover músculos más grandes y por consiguiente necesitan más nervios y de mayor tamaño para realizar los movimientos.

    Tal como señala Chittka, a menudo en los cerebros más grandes no encontramos más complejidad, sólo una repetición hasta la saciedad de los mismos circuitos neuronales. Esto puede aumentar el grado de detalle de imágenes o de sonidos recordados, pero no incrementa el nivel de inteligencia. Para utilizar un ordenador como analogía, los cerebros más grandes podrían en muchos casos tener discos duros con mayor capacidad de almacenamiento, pero no necesariamente mejores procesadores.

    Esto significa que pensar de manera “avanzada” puede probablemente ser realizado con una cantidad pequeña de neuronas. Varias modelaciones por ordenador muestran que incluso la consciencia puede ser generada con circuitos neuronales muy pequeños, los cuales podrían en teoría caber fácilmente dentro del cerebro de un insecto.

    De hecho, los modelos sugieren que la capacidad matemática de contar podría lograrse con solo unos cientos de células nerviosas, y que unas miles podrían ser suficientes para generar la consciencia.

    Se espera que esta área de investigación conduzca al desarrollo de una mejor capacidad de procesamiento en ordenadores, que les permita, entre otras cosas, reconocer emociones y expresiones faciales humanas con mayor eficiencia que la que hoy poseen.”

    Me ha sorprendido el dato, que no conocía, de que en los primates polígamos tener un cerebro voluminoso es una desventaja. Habrá que tener en cuenta este dato en los modelos de evolución cerebral en el ser humano (aunque debemos recordar que el hombre es mucho menos poligámico que otros primates como el chimpancé o el gorila).

    Me han parecido interesantes tus ideas acerca de la influencia del fenómeno de lateralización cerebral en la evolución humana. Sin duda este fenómeno ha jugado un papel importante en la evolución humana. Pero según un artículo publicado en septiembre de 2.009 en “Scientific American”, la diferenciación de tareas en los dos hemisferios cerebrales no es exclusiva de los humanos, como se venía pensando hasta ahora. Según los autores del estudio, la especialización de los dos hemisferios cerebrales ya existía cuando aparecieron los vertebrados, hace 500 millones de años. Parece que el hemisferio izquierdo se centró en un principio en el control de los modelos de conducta rutinarios y el derecho se especializó en las respuestas a situaciones inesperadas. El habla y la preferencia por la mano derecha debieron desarrollarse a partir de la especialización del control de la conducta rutinaria. Sí es cierto que en la evolución humana se aceleró esta tendencia a repartir las tareas.

  3. Distinguido señor Antonio Jimenez.

    Le agradezco infinitamente que tuviese a bien leer mi comentario y le aseguro que para mí es un gran honor que alguien como ud. piense que las ideas expuestas con anterioridad son interesantes.

    Quisiera que me permitiera explicarle que precisamente el hecho contrastado de que en primates las funciones cerebrales de las que se ocupa cada uno de los hemisferios sean distintas, es una de las premisas cognoscitivas sobre las que baso la hipótesis que sostengo. Verá.
    Para que proliferasen los endotérmicos (aves y mamíferos) se hizo necesario que la selección natural desarrollase un sistema de confección (aprendizaje)de comportamientos distinto del sistema existente hasta el momento. (Las mutaciones y la recombinación de alelos que sucede durante el cruzamiento aleatorio de los individuos). Es que la velocidad a la que es posible confeccionar nuevos comportamientos de indole genética es muy lenta (n x 1/2 ya que siempre existe un 50% de probabilidad de que una nueva modificación, por muy beneficiosa que sea, no pase a la descendencia) lo que impide el desarrollo de seres endotérmicos. ¿por qué?
    Mientras que un reptil come una vez cada dos o tres meses un mamífero necesita comer casi a diario, lo que lo obliga a buscar incesantemente comida y como consecuencia siempre está en peligro de que alguien se lo coma. Por esta razón los endotérmicos precisan de una ingente cantidad de nuevos comportamientos que a la selección natural le es imposible desarrollar por el método tradicional (la recombinación de alelos), ello, como le explicaba, es la causa que provocaría el surgimiento de la capacidad para confeccionar nuevos comportamientos de índole no genética. Estos comportamientos de transmisión por aprendizaje pasarían a las postreras generaciones con una velocidad de (1 x n , siendo n el número de descendientes por individuo) ya que cada descendiente sería capaz de copiar de sus progenitores los comportamientos no instintivos, velocidad de transmición muy superior a la del método “tradicional” que permitiría a las aves y mamíferos disponer de un arcenal de comportamientos mucho más complejos, sofisticados y mejor adaptados a las circunstancias particulares en las que viven los individuos, que los comportamientos innatos, circunstancia que sin lugar a dudas los haría mucho mejores competidores que los individuos de otras especies.
    Pero la capacidad de confeccionar y aprender programas de comportamientos acarreaba con sigo grandes contrariedades. La posibilidad de confeccionar comportamientos distintos de los instintos aparece con el surgimiento de la corteza cerebral y con la aparición (según Mauro Torres) del sueño REM. La aparición de la corteza cerebral permitió a los endotérmicos una serie de ventajas infinitamente superior a la que disponen los vertebrados preendotérmicos (peces, anfivios y reptiles).
    La primera de ellas es que la corteza cerebral permite a sus portadores confeccionar imágenes de lo que existe en la realidad objetiva. ¿Que quiere decir capacidad de confeccionar imágenes de lo que existe?
    La mejor manera de ilustrarlo es explicar lo que sucede cuando no se tiene capacidad para confeccionar imágenes del mundo material.
    Las personas que padecen el trastorno llamado visión del ciego no ven nada, sus cortezas visuales no procesan las imágenes de la realidad en la que están, sin embargo estos individuos son capaces de seguir la luz de un puntero proyectada en una pantalla o de atravesar una avitación llena de obstáculos sin tropesar con ninguno. El tálamo es en donde, en el caso de quienes padecen la visión del ciego, son procesadas las señales visuales procedentes del exterior.
    J. Le Doux desarrolló miedo condicionado en un grupo de ratas, hacía sonar una campana al mismo tiempo que las sometía a una descarga eléctrica. Las ratas sentían pánico con solo oir la campana. Luego les extirpó la corteza auditiva con la intención de que quedansen totalmente sordos los roedores y contra todo pronóstico las ratas seguían experimentando pánico cada vez que sonaba la campana. Las ratas estaban oyendo con el tálamo.
    A partir de los argumentos expuestos es posible inferir que quizás los vertebrados preendotermicos disponen de un sistema arcaico de percepción que no confecciona las imágenes de la realidad objetiva, tal y como lo hace el sistema de percepción radicado en la corteza cerebral. En otras palabras, la capacidad de disfrutar imágenes visuales, auditivas y de otros sentidos parece ser un patrimonio exclusivo de las aves y mamíferos, cualidad que disfrutamos gracias a que disponemos de la corteza cerebral.
    La segunda función de la corteza cerebral es la de asociar las diferentes imágenes procedentes de los diferentes sentidos. Ello es lo que permite que el mallido de un gato traiga a nuestra mente la imagen (recuerdo) visual del felino o la imagen (recuerdo) sensorial de sus garras aferradas a la camisa.
    La tercer función de la corteza cerebral es la de asociar diferentes imágenes entre si. Por ejemplo en un oso la imagen visual de un salmón está asociada a la imagen del sabor de su carne y de sus huevos, a su imagen odorífica, a la imagen de satisfacción y de placer que le produce el comerlo y a la imagen de los procedimientos que debe emplear para atraparlo. Este conjunto de asociaciones de imágenes es lo que le permite al oso saber que es un salmón y conocer que ese pes es algo que debe intentar comer. Del mismo modo existe en nuestro cerebro la imagen de un martillo asociada a la imagen de los clavos uniendo, al ser golpeados, dos piezas de madera, y esta imagen está asociada a su vez a la imagen de las casas de madera, de los armarios, de las sillas, de los cuadros y de un sin número de cosas útiles. Este conjunto de asociaciones de imágenes es lo que nos permite saber que es un martillo y para que sirve.
    La cuarta prestación que ofrece la corteza cerebral es la posibilidad de confeccionar asociaciones de imágenes de gran complejidad, la creatividad, fenómeno asociado al sueño REM. Un nuevo conocimiento no es otra cosa que un nexo causal entre dos asociaciones de imágenes. Por ejemplo el sonido que hace un fruto que ha madurado al caer es el conocimiento que le indica a un babirusa el momento y el lugar a donde debe dirigirse porque allí hay comida. Ello ocurre porque en su corteza se produce una asociación causal de imágenes. Causa (sonido del fruto que cae) consecuencia (comer un delicioso y nutritivo fruto maduro). Como explicaba la construcción de este tipo de conocimiento causal de gran complejidad, en opinión de Muro Torres y en la mía, sucede durante el sueño REM y está estrechamente vinculada al mismo.
    La quinta y última prestación que ofrece la corteza cerebral a los mamíferos y aves es la de confeccionar programas operativos (de movimiento) destinados a convertir los conocimientos en comportamientos. Por ejemplo, al conocimiento que posee un babuino de que golpeando muchas veces una semilla se abrirá, se la adicionan programas de movimientos destinados a ejecutar de forma certera los golpes y programas de vigilancia destinados a verificar que el resultado de las acciones es el esperado y a rastrear el entorno en función de impedir que un rival le arrebate la semilla una vez que le haya quitado la cáscara.
    Pero como le decía,estas maravillosas prestaciones que ofrece la corteza cerebral a los endotérmicos acarrean grandes contrariedades para los individuos.
    El primer inconveniente que trae con sigo la posibilidad de confeccionar comportamientos distintos de los innatos es que es preciso que el comportamiento no se active durante la primera etapa de la vida.
    Todos los comportamientos de índole genética traen adscrito lo que Conrrad Lorenz y Nico Timbergen denominaron estímulo señal, por ejemplo la presencia de una serpiente es el estímulo señal que provoca en la inmensa mayoría de los mamíferos un ataque de pánico y con él la perentoria necesidad de huir. Sin embargo algunos mamíferos, como es el caso de los suricates, se enfrentan sin arredrarse en lo más mínimo a las mortíferas serpientes de cascabel.
    ¿Como es posible que los suricates desarrollen ese comportamiento alternativo al comportamiento instintivo de huir del ofidio? Para ello es preciso que la unión entre la “imagen” del estimulo señal (la serpiente) que traemos de serie al nacer, probablemente radicada en el tálamo y el comportamiento miedo-huida radicado en la amígdala no exista en el momento de nacer, porque si dicha unión existe, siempre que se detecte la imagen del estímulo señal (la serpiente) se disparará de inmediato la respuesta de miedo-huida y por tanto el individuo no podrá confeccionar una respuesta alternativa a la de escapar del peligro. Este es el caso de las personas que padecen fobias, en ellos la unión entre la imagen de una araña (en los que padecen argnofobia) y la respuesta de comportamiento miedo-huida es en extremo fuerte y como consecuencia siempre que ven una araña, por muy inofensiva que sea, sienten un gran ataque de pánico.
    La circunstancia de que las aves y mamíferos nacemos con algunos comportamientos innatos desligados de las imágenes de sus respectivos estímulos señal (un hecho abordado por neurólogos de la talla de Le Doux y demostrado en interesantísimos experimentos realizados con chimpancés bebés) es sin dudas un serio inconveniente para que sobreviva el individuo ya que si el comportamiento de huida no se dispara ante la presencia de un peligro el individuo moriría.
    El otro gran inconveniente que acarrea el sistema cortical de confección de comportamientos es el siguiente.
    Los endotermicos aprendemos de nuestros padres los comportamientos que nos permitirán adaptarnos convenientemente a nuestro entorno por dos métodos, el aprendisaje por imitación y el más extendido, el aprendizaje por ensayo-error. Tanto en el uno como en el otro tipo de aprendizaje el individuo necesita confeccionar imágenes. Veamos, cuando se aprende por imitación el aprendiz necesita rememorar en su cerebro la imagen del modelo que trata de imitar. Cuando se aprende por ensayo-error el aprendiz precisa rememorar las imágenes de lo que hizo anteriormente con la intención de no repetir las acciones fallidas anteriores, de manera de introducir una variante nueva en el proceso de aprendizaje. Este es el otro gran inconveniente del sistema cortical de aprendizaje porque los escaner nos han permitido ver que cuando nos concentramos en la evocación de imágenes procedentes de nuestros bancos de memorias, como tenemos el mismo sistema para percibir y para recordar, al cerebro le es imposible generar con claridad las imágenes que están siendo captadas por los ojos, el olfato y el oído, por tanto los individuos cuando aprenden con sus dos hemisferios corticales quedan literalmente ciegos y sordos a la realidad exterior. Ello es la razón por la que un grupo de leoncitos que juegan a las cacerías son incapaces de descubrir una hiena que los acecha detrás de unas yerbas altas, del mismo modo que un niño de cuatro años es incapaz de advertir el coche que se acerca, cuando se lanza a todo correr a la calle detrás de una pelota (la pelota es el sustituto de la presa en el caso de nuestra especie).
    El tercer gran inconveniente que acarrea el sistema cortical de aprendizaje de comportamientos es que ralentiza en extremo la velocidad de reacción. J. Le Doux nos explica que cuando la imagen de un estímulo señal (la presencia de un depredador) captada por los ojos, el oído o el olfato, entra al tálamo y de allí pasa directamente a la amígdala por intermedio de la gran conexión que existe entre estas dos estructuras, la reacción de huida se produce en centésimas de segundos. Pero cuando una información entrante, después del tálamo asciende a la corteza en función de ser procesada allí por el sistema de aprendizaje en función de buscar el mejor comportamiento para hacer frente a tal contingencia, la respuesta se produce muchísimo más tarde, circunstancia que imposibilita la supervivencia del individuo.
    El cuarto y último inconveniente que provoca el funcionamiento del sistema cortical de aprendizaje es que los endotérmicos aprendemos evocando incesantemente ingentes cantidades de imágenes, lo que elva a cotas extremas el gasto energético del cerebro. Desmesurado gasto energético que hace imposible que el individuo disponga de la energía necesaria para defenderse, procurarse el alimento y ocuparse de su protección.
    En resumen, mientras funciona la capacidad cortical de confeccionar nuevos comportamientos discímiles de los instintos los individuos son por completos incapaces de sobrevivir por sí mismos. ¿Cómo solucionó este delicado problema la selección natural? Primero, circunscribiendo el funcionamiento de la capacidad de aprender comportamientos a la primera etapa de la vida de los individuos y ampliando el programa de comportamiento “Instinto Maternal” existente ya en algunos invertebrados y en algunos vertebrados preendotérmicos, en función de alentar y obligar a las aves y a los mamíferos a cuidar de su descendencia durante esa primera etapa de la vida en la que estarán discapacitado para valerse por si mismos como consecuencia de tener funcionando el sistema cortical de aprendizaje.
    (Si algo es realmente importante en el extraordinario descubrimiento de Michael Eschillaci al que se refiere Robin Dumbar, es la circunstancia que demuestra lapidariamente que la programación del cerebro en primates ocurre únicamente del destete a la pubertad. Porque de no ser así, necesariamente un cerebro más grande (con un mayor coeficiente de encefalización) simpre sería una ventaja que permitiría a su portador ser el individuo más competitivo y por ende el que con más regularidad se reproduce, cosa que en la realidad no sucede en ningún modo.)
    Pero que pasará cuando los individuos maduran sexualmente y abandonan la protexión, la alimentación y el cuidado de sus progenitores, ¿podrán sobrevivir manteniendo en funcionamiento el sistema cortical de aprendizaje? Sin lugar a dudas la respuesta es un rotundo no.
    El que el primer homínido sobreviviera al hecho desafortunado de que se le mantuviese funcinando el sitema cortical de aprendizaje, se pudo deber, entre el conjunto de condiciones que enumero y explico en mi libro, a la circunstancia de que el sistema de aprendisaje de comportamientos solo continuara funcionando en su cerebro izquierdo y sobre todo al hecho al que ud, tan certeramente hace mención. A la incipiente lateralización de las funciones cerebrales que ya se evidencia en los primates.
    Permítame explicarme. Al permanecer funcionando en el cerebro izquierdo el sistema de aprendisaje de comportamientos en los primeros homínidos, este hemisferio cerebral quedaría discapacitado para hacer frente de forma acertada a las contingencias del entorno. Sería incapaz de ocuparse de hacer frente a los depredadores y estaría discapacitado para las tareas relacionadas con la búsqueda y obtención de alimentos y la reproducción. De manera que el hemisferio derecho tendría necesariamente que hacerse cargo de tales importantísimas tareas para ambos lados del cuerpo. Cosa que sería completamente imposible que sucediera a menos de que el cerebro derecho ya estuviese “entrenado” y preparado para encargarse de esta importantísima tarea. El hecho de que el cerebro derecho en mamíferos y en especial primates, como ud maravillosamente menciona, se ocupaba preponderantemente de dar respuesta a situaciones y contingencias inestables (las amenazas de los depredadores, el atrapar a las presas, el defenderse del ataque de un rival, vigilar el entorno en busca de una amenaza o de una oportunidad) es lo que sin lugar a dudas permitiría sobrevivir a u primate (homínido) que mantuviese funcionando en su hemisferio izquierdo las estructuras del sistema cortical de aprendizaje.

    Ahora permítame dedicar un pequeño especio destinado a diferenciar la lateralidad de las funciones cerebrales que se evidencia en los animales y la lateralidad de las funciones cerebrales en los homínidos.
    Exepto nosotros, el resto de las aves y mamíferos, los únicos capaces de aprender comportamientos, pierden dicha maravillosa cualidad con la llegada de la pubertad y el inicio de sus vidas como adultos independientes, por tanto la lateralidad de las funciones cerebrales observada en ellos se circunscribe unicamente a información que ya existe en el cerebro y en ningún modo relacionada a la confección de nuevos comportamientos. Por el contrario nosotros los homínidos somos los únicos seres vivos de este planeta, que sepamos, capaces de confeccionar nuevos comportamientos durante toda la vida, unicamente con el hemisferio cortical izquierdo. Ese hecho trascendental y extraordinario es lo que provocaría un cambio radical de orden cualitativo en la configuración de cada uno de nuestros dos cerebro. Cambio que ya se descubre en australopitecos, en lo que es posible constatar (como demuestra Ralf Holloway) el hiperdesarrollo que alcanza el área de Broca, desarrollo vinculado a la confección de los movimientos que controlan la mano derecha (como demuestra Alan Walker) y no a la producción del lenguaje.
    En resumen, la lateralidad constatada en animales es consecuencia de un paulatino proceso de acumulación de pequeños cambios de oreden cualitativo, por el contrario la lateralidad de las funciones cerebrales en los homínidos es consecuencia de un trascendental y único cambio de oreden cualitativo que provo ca un torrente de continuos cambios cuantitativos que conducen a la diferente configuración morfológica de nuestros dos hemisferios. Hecho que no ocurre en ningun otro ser de nuestro planeta.
    Distinguido y estimado Ignacio Martínez, ha sido un placer volver a dirigirme a ud. para hablar de estos temas tan interesantes. Me gustaría poder enviarle una pequeña sinopsis del libro en el que expongo y desarrollo la hipipótesis de la que le hablo ya que sería muy afortunado si alguien de su talla intelectual la leyese y me enviara su valoración. De todas maneras le agradezco infinitamente qie lea y enjuicie los argumentos que le envío en el presente comentario.
    Queda de ud. muy agradecido Hernán.

Publicidad



En colaboración:
Fox   National Geographic Channel   Feelnoise   Foxlife   Guinness World Records   Phaidon   Blume   Editorial Planeta

| PortalMundos.com Internacional |
fltx Europa: España fltx América del Norte: México, US en español fltx América Central: Costa Rica, Cuba, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, Puerto Rico, República Dominicana fltx América del Sur: Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú, Uruguay, Venezuela

PortalMundos Factory, S.L. | 2000 - 2013 | Hosting Profesional por :: isyourhost.com ::