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Gigantes del pasado: Un crecimiento desmedido

El mayor animal de cuantos han existido (a menos que un fósil inesperado demuestre lo contrario) está ahora entre nosotros: es la ballena azul.

En el medio acuático, el empuje hidrostático contrarresta el peso en gran medida y no es un problema excesivo llegar hasta casi las 190 toneladas.

Sin embargo, no podemos sentirnos muy orgullosos de los animales terrestres y voladores de la actualidad. Comparados con muchas de las descomunales bestias del pasado, los elefantes o rinocerontes son unos liliputienses. ¿Por qué no han sobrevivido estos gigantes? ¿Qué factores son los que empujan a los organismos a crecer desmedidamente? ¿Puede llegar a ser un gran tamaño una desventaja ante crisis catastróficas? Estos son asuntos de intensa especulación entre los biólogos, pero no parece que se haya logrado ninguna conclusión definitiva.

El mayor animal terrestre actual es el elefante africano, que puede llegar a pesar unas 7 toneladas. Puede parecer mucho, pero es bastante ridículo comparado con las 20 ó 25 toneladas que podían alcanzar el Indricotherium o el Baluchitherium, unos parientes extinguidos de los rinocerontes, que podían medir hasta 8 metros de largo y 5,5 de alto y tenían un cuello largo. Estos eran los miembros más sobresalientes de una numerosa megafauna de mamíferos que reinaron durante el periodo Terciario y cuyos últimos representantes (como los mamuts) se extinguieron hace unas decenas de miles de años.

Estos impresionantes mamíferos eran sin embargo diminutos ante los dinosaurios, los mayores animales terrestres que han existido. Algunos de los saurópodos más grandes, como el conocido Brachiosaurus de Parque Jurásico, llegaban a alcanzar 80 toneladas. Sin embargo, se conservan restos parciales de otros saurópodos que podrían haber sido mayores, como sugieren sus nombres: Supersaurus, Ultrasaurus y Seismosaurus. Recientemente se ha descubierto un dinosaurio en Argentina (Argentinosaurus), que podría haber llegado a las 100 toneladas.

¿Por qué los mamíferos no han llegado a alcanzar ni de lejos el tamaño de los dinosaurios? Se piensa que el elevado gasto energético que realiza un animal de sangre caliente limita su tamaño a menos que disponga de una fuente de energía muy abundante. Los mayores mamíferos terrestres son herbívoros y la hierba no es muy rica en energía, por lo que se piensa que por encima de un determinado tamaño los animales no podrían generar el calor necesario para mantener su temperatura entre estrechos límites. Si los animales fueran carnívoros, podrían alcanzar quizá mayores tamaños, pero la pérdida de agilidad los haría absolutamente incapaces de capturar a sus presas.

Los dinosaurios probablemente no necesitaban mantener su temperatura dentro de límites tan estrechos y por ello pudieron alcanzar mayores tamaños. Hoy se piensa que llegaron a ser tan grandes precisamente en un intento de conseguir mayor estabilidad térmica. Un animal grande pierde menos calor en proporción que uno pequeño y no necesita mantener una tasa metabólica tan alta e ingerir tanto alimento en relación a su peso. Posteriormente, se cree que algunos dinosaurios consiguieron hacerse de sangre caliente y no necesitaron ser tan grandes.

Se cree que los mayores dinosaurios no estuvieron muy lejos del mayor tamaño permitido para un animal terrestre. El tamaño impone serias limitaciones a la forma que puede adquirir un organismo. Por ejemplo, los animales pequeños pueden tener patas muy finas en relación a su tamaño, pero los animales grandes deben tenerlas gruesas. Esto es debido a que el volumen del animal (y por lo tanto su peso) crece como el cubo de sus dimensiones lineales, mientras que la capacidad sustentadora de sus patas crece sólo con la superficie, como el cuadrado de sus dimensiones, y por tanto más lentamente. Un animal que pesara unas 140 toneladas debería tener las patas tan gruesas que prácticamente se tocarían y no podría desplazarse con ellas. Además, dar cualquier pequeño paso sería correr un gran riesgo de que se le partieran las patas, ya que las tensiones angulares en el hueso serían brutales.

Un gran tamaño puede ser tal vez adecuado para tiempos de estabilidad y bonanza, pero los animales grandes en general están peor dotados para afrontar cambios bruscos en las condiciones ambientales. Ningún animal terrestre de más de 25 kilogramos sobrevivió a la extinción de fines del Cretácico, hace 65 millones de años. Los animales grandes necesitan mayores territorios y tienen ritmos de reproducción muy bajos, por lo que les cuesta recuperarse tras los eventos catastróficos. Una de estas catástrofes, la aparición del hombre, se piensa que está detrás de la extinción de la fauna de grandes mamíferos de Australia y América, hace unas decenas de miles de años (coinciden misteriosamente la época de los últimos fósiles encontrados con la de la llegada supuesta del hombre moderno a esos territorios).

Los animales voladores actuales son también pigmeos en comparación con algunos de las aves y pterosaurios del registro fósil. Las mayores aves actuales, como el albatros antártico y el buitre negro, apenas llegan a los 15 kilos de peso, pero Argentavis magnificens, un ave de las Pampas parecida al cóndor, llegaba a los 80 kilos y tenía una envergadura alar de 7 metros. Los fuertes vientos que soplaban en la zona en aquella época, hace unos 6 millones de años (los Andes eran mucho más bajos y no obstaculizaban los vientos del Pacífico), le permitían despegar avanzando contra ellos y planear hasta grandes altitudes, desde donde controlaba un gran territorio para localizar carroña. Ésta sería abundante por la presencia de un gran depredador marsupial de dientes de sable y por la ausencia de otros carroñeros. La carroña es un recurso rico en energía y que se puede localizar y obtener con poco esfuerzo, y es seguramente el único tipo de alimento que pudo sustentar a un ave tan enorme.

Sin embargo, hasta el Argentavis parecía un pajarillo al lado del mayor monstruo volador de la historia, el pterosaurio Quetzalcoatlus northropi, que tenía una envergadura alar de unos 15 metros, comparable a la de una avioneta de tamaño medio. Sus huesos eran muy ligeros y se piensa que no pesaba más de 100 kilos. Nadie sabe cómo volaba ni qué comía esta bestia de fines del Cretácico, aunque se supone que pescaba en la superficie del agua o comía carroña de dinosaurios, y que planeaba muy lenta y suavemente, como una cometa con forma de dragón.

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1 comentario en Gigantes del pasado: Un crecimiento desmedido

  1. Primeramente felicitar a MundoBiología por la extraordinaria y profesional difusión de temas relacionados con la biología. ¡Enhorabuena Antonio!

    En relación al texto “Gigantes del pasado…” me gustaría dejaros un pequeño comentario personal sobre mi propia experiencia. En mi profesión como bióloga marina he podido conocer de cerca a la Balaenoptera musculus, más conocido como, la ballena azul. Es impresionante, realmente una experiencia indescriptible, nadar cerca de este mamífero y verle alimentarse de krill, pequeño organismo planctónico semejante al camarón y de algunos peces pequeños.

    Las longitudes y pesos de la ballena azul no son comparables a ningún otro animal que actualmente conozcamos, se han medido ballenas azules de hasta una treintena de metros y pesos cercanos a las 200 toneladas.
    En la costa de la Península Ibérica y las Canarias encontramos una subespecie llamada Balaenoptera musculus musculus, digna de ser estudiada.

    Lamentablemente, como tantas otras especies, la ballena azul se encuentra en peligro de extinción. En nuestra mano está que los últimos ejemplares no desaparezcan para siempre.

    Saludos para todos.

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