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Genealogía: El largo camino del hombre

Solemos pensar en los distintos grupos de organismos como categorías absolutamente separadas. Pero tenemos que pensar en el hilo que nos ha conducido hasta aquí, que nos une a nuestros antepasados.

Ese hilo nunca se ha roto en 4000 millones de años. No hay saltos. En ti están viviendo una multitud de organismos. Respiras con los pulmones que alguno de ellos tuvo, miras con los ojos que otro desarrolló, tus células obtienen energía de la asociación que uno de tus antepasados estableció con otros organismos. Tu material genético empezó a reproducirse hace miles de millones de años, y en ese tiempo nunca ha dejado de hacerlo.

Podemos intentar hacer un recorrido por nuestra historia evolutiva, siguiendo nuestro curso a través del ramificado árbol de la vida, deteniéndonos en los organismos que han realizado aportaciones fundamentales. En nosotros aún perduran monos, musarañas primitivas, reptiles mamiferoides, anfibios con aspecto de salamandra, peces de aletas carnosas, lejanos parientes de las estrellas de mar, protozoos con flagelos, organismos celulares con núcleo y bacterias.

Los primeros miembros del género Homo empezaron a desarrollar vertiginosamente el cerebro, las habilidades sociales y el lenguaje. Sus antepasados, los primeros homínidos, adoptaron una innovación aparentemente no muy importante, pero que tuvo consecuencias incalculables en su evolución posterior: la postura bípeda, que dejaba las manos libres para transportar y manipular objetos.

Las manos prensiles son un legado de nuestros antepasados primates, que empezaron a desarrollarse en los árboles cuando aún existían los dinosaurios. Debemos a nuestra herencia primate nuestra buena visión del color, nuestra visión en tres dimensiones (que es vital para calcular las distancias entre las ramas de los árboles y que se consigue colocando los dos ojos en posición frontal en la cara), nuestro pobre olfato, nuestras uñas planas e incluso el pene péndulo de los machos. Como vemos, a pesar de nuestra posterior renuncia, aún somos unos animales básicamente arborícolas.

Los primates probablemente descienden de mamíferos pequeños e insectívoros con aspecto de musaraña, que fueron casi los únicos que pudieron sobrevivir furtivamente durante la larga tiranía de los dinosaurios. Probablemente eran nocturnos. Nuestras hembras han heredado de ellos la placenta. Los primeros mamíferos proceden de reptiles de patas cortas, aún no situadas completamente debajo del cuerpo, y andar sinuoso, que empezaron a desarrollar algunos rasgos que luego se revelaron de gran valor adaptativo: la capacidad de regular la temperatura, el cuidado intensivo de las crías, la eficiencia en el procesamiento de los alimentos y el desarrollo del cerebro. Debemos a estos animalillos nuestro pelo, el hecho de que nuestros dientes sean de varias clases, el instinto maternal, las glándulas mamarias, los huesecillos de nuestros oídos, nuestros carrillos y nuestros labios (que son necesarios para mamar).

Esos reptiles proceden a su vez de otros más primitivos que inventaron el huevo con una membrana amniótica, que aún conservan nuestros embriones, y con una cáscara dura, necesaria para que la reproducción se independice del agua. También desarrollaron una piel impermeabilizada con queratina, que es el material del que están hechos nuestros pelos. A los antepasados de estos reptiles, los primeros anfibios, debemos nuestras cuatro extremidades y nuestros pulmones. Es curioso que, a pesar de que muchos animales posteriores han reducido el número de dedos, nosotros aún conservamos los cinco que presentaban estos animales.

Estos anfibios proceden de un grupo particular de peces, que tenían aletas carnosas, a diferencia de las aletas espinosas de los peces más usuales. Estas aletas servían en alguna medida para que el animal se arrastrara por el fondo y pudieron posibilitar que recorriera pequeños trechos de tierra firme entre charcas que se secaban.

El gran grupo animal al que pertenecemos es el de los cordados. Este incluye a los vertebrados, y además a organismos tan extraños como las ascidias o bellotas de mar, unos organismos filtradores que viven fijos al sustrato marino. Compartimos con ellos las hendiduras de nuestra garganta, la varilla rígida y flexible de nuestra espalda, nuestro cordón nervioso dorsal y nuestra cola. Es verdad que nosotros no presentamos hendiduras en la garganta, ni varilla flexible en la espalda, ni cola, pero sí nuestros embriones. También conservamos algunos restos de segmentación corporal, como reliquias de antepasados que tenían el cuerpo dividido en varias partes repetidas: nuestras vértebras o nuestras costillas.

¿A qué otro gran grupo de animales nos parecemos más: a los moluscos, a los insectos y similares, o a algún otro? La respuesta es un poco sorprendente, ya que entre nuestros parientes más cercanos están las estrellas de mar. El modo de dividirse las células en el desarrollo embrionario y dónde se forman la boca y el ano nos relacionan con ellos (por cierto, podemos agradecer que estos sean dos orificios distintos a unos diminutos gusanos marinos que vivieron hace muchos cientos de millones de años).

Otro pequeño gusano marino que unos biólogos de Barcelona extrajeron de una playa de Sitges (Cataluña, España) se ha revelado como perteneciente al grupo del que surgió el antecesor común de todos los animales con simetría bilateral (entre los que por supuesto nos encontramos). Este gusano, un acelo, procede de animales muy simples, pero que consiguieron notables ventajas para el desplazamiento y la captura de alimento con respecto a los animales de simetría radial. Estos gusanos no tenían aparato digestivo, excretor ni respiratorio, aunque ya disponían de un sistema nervioso relativamente complejo y de unos órganos sexuales bastante sofisticados.

Recientemente se ha identificado también al antecesor de todos los animales, un protozoo del grupo de los coanoflagelados. Estos son seres unicelulares con un flagelo en forma de látigo y una corona de pequeños cilios que mueven para filtrar alimento. Nuestras células presentan numerosas huellas estructurales y moleculares que delatan nuestro parentesco con ellos.

Siguiendo hacia atrás en este viaje en el tiempo, llegaremos al centro recóndito de donde surgió todo, a la primera molécula que fue capaz de replicarse. Su impulso aún late en cada una de las incontables divisiones celulares que ocurren en nuestro cuerpo en cada minuto.

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3 comentarios en Genealogía: El largo camino del hombre

  1. Hola, Antonio:

    Antes de nada, felicitaciones por tu estupenda capacidad didáctica y por tu todo tu trabajo.

    Parece ser que todos los órganos de nuestra anatomía realizan una o varias funciones en el conjunto de aparatos y sistemas que nos mantienen con vida y nos permiten reproducirnos, pero, ¿y las mamas en el género masculino?, ¿qué función tienen? ¿son vestigios de un hermafroditismo pasado en mamíferos? o ¿es una estrategia atenuada de supervivencia por si la madre no pudiera amamantar a las crías? Alguien dijo que son un componente erótico importante en el hombre, pero me parece un papel secundario. ¿Cuál fue el principal?.

    ¡Un saludo!

  2. Hola, Belén:

    Gracias por tus felicitaciones. Yo te felicito a ti por tu curiosidad y tu inteligencia para plantear preguntas.
    Las mamas de los mamíferos machos no parecen ser vestigio de un hermafroditismo pasado, puesto que el hermafroditismo no se da en nigún vertebrado, con la excepción de varios grupos de peces, en que suele ser secuencial. Pienso que es cierto en parte que los pezones son un componente erótico en el hombre, aunque poco explorado (en las mujeres desde luego que sí son un componente muy importante). Al menos si seguimos las ideas de Desmond Morris y otros antropólogos, muchos rasgos del cuerpo humano han evolucionado para ser o bien reclamos sexuales o bien zonas erógenas o ambas cosas a la vez (incluyendo por ejemplo nuestros labios de la boca carnosos e incluso el lóbulo carnoso de nuestras orejas). Ello se debería al gran papel que ha jugado el sexo en la consolidación de nuestra estructuración en parejas o bien para apaciguar conflictos, etc.

    La función de los pezones tampoco parece ser una estrategia atenuada de supervivencia por si la madre no pudiera amamantar a las crías, ya que casi ningún mamífero macho produce leche y amamanta a las crías (en el grupo de los cerdos, frecuentemente hay machos que producen leche y sí hay un murciélago cuyos machos amamantan a sus crías, pero son casos puntuales).

    La respuesta creo que está bien explicada en este documento “Pezones” y en sus comentarios.

    Por cierto, un debate relacionado es por qué las hembras tienen clítoris, si ellas parecen no necesitar el orgasmo tanto como el macho. La respuesta que se da es básicamente la misma que en el caso de los pezones, aunque yo personalmente pienso que si las hembras reciben la gratificación adicional del orgasmo,tendrán un estímulo más para las relaciones sexuales y ello puede incrementar su eficacia biológica produciendo más hijos en algunos casos. Es un tema debatido, y sobre el que hay muchas teorías, que presentan evidencias dispares.

  3. Bueno,bueno. Después de leer el documento que citas parece que me ha quedeado algo claro: que las mamas no juegan un papel esencial en la reproducción, vamos, que organo genital no es. Por eso es un “elemento” común en ambos sexos y que sólo en la pubertad, con el trasiego hormonal de estas edades, se desarrolla en las hembras. Me gustaría saber al respecto qué “dice” el cromosoma Y. qué genes comparte y cúales no con el cromosoma X?.. A falta de conocer la respuesta, creo que la complementariedad es la base de muchos procesos y aplicable a todos los niveles de organización: A nivel atómico los polos opuestos se atraen y se unen, a nivel molecular idem cuando tienen cargas opuestas, los cromosomas paterno y materno durante la meiosis se buscan y se entrecruzan,el órgano genital femenino y el masculino son complementarios, uno invaginado y otro evaginado, e igualmente se “acoplan”. Y por último, a nivel de individuo el macho y la hembra por lo general, se buscan y se unen mas o menos temporalmente. Otra cosa es atinar en la elección…..
    Hasta la próxima!

  4. Hola, Belén:

    el cromosoma Y en mamíferos es bastante esmirriado y contiene pocos genes. La mayoría de esos genes son los que determinan la masculinidad y la fertilidad del macho. Los cromosomas X tienen muchos más genes y juegan un papel mucho más importante en el desarrollo del individuo, tanto en la diferenciación sexual como en otras tareas (coagulación de la sangre, por ejemplo, recordarás que la hemofilia la transmiten las mujeres pero la sufren los hombres). El desarrollo sexual en las primeras etapas del embrión está guiado por el cromosoma X (todos somos hembras por defecto) y sólo la activación de los genes del cromosoma Y produce la diferenciación de los machos.

    Por cierto, como dato curioso, te cuento que las hembras que tienen un hermano mellizo macho y que están por tanto influidas por la testosterona que él segrega, lo pasan peor en la vida: mueren antes, tienen más problemas de fertilidad y son menos escogidas por los machos como parejas, debido seguramente a que desarrollan un aspecto más masculino.

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