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El parto humano: ¿Por qué paren con dolor las mujeres?

El parto humano es tan doloroso y complicado en comparación con el de otros animales que algunas culturas, como la judeocristiana, han recurrido al concepto de maldición divina para comprenderlo.

La teoría de la evolución por selección natural nos da algunas pistas sobre cómo se ha originado y sobre todo, nos dice que, para que este proceso de consecuencias frecuentemente letales haya podido perpetuarse, las estructuras que lo obstaculizan han de suponer ventajas enormes en otros ámbitos.

Frecuentemente se dice que el parto con dolor es el precio que las mujeres tienen que pagar por la locomoción bípeda. Ésta es más eficiente en el gasto energético que la cuadrúpeda, aunque permite desarrollar menos potencia. Posibilitó que el hombre pudiera recorrer grandes distancias sin fatigarse demasiado y acceder a nuevas formas de alimentación, más ricas en proteínas y energía. Además, posibilitó la liberación de las manos, que pudieron emplearse para manipular o transportar objetos y para construir herramientas.

Para sostener y equilibrar el peso del cuerpo erguido, la pelvis debió adquirir una forma de cesto con un hueco en medio, a través del cual debe pasar el feto (por esta razón las mujeres tienen la pelvis más ancha que los hombres). Este hueco es relativamente estrecho y ello explicaría los dolores y las fatigas del parto.

Pero estos no se presentarían si las crías humanas fueran “normales” y tuvieran unas proporciones corporales similares a las de otros primates. Los fetos humanos son tremendamente cabezones. Podría pensarse que el cerebro se desarrolla monstruosamente, aunque más bien lo que ocurre es que el desarrollo del resto del cuerpo se queda atrás, en un estado “prematuro“. El cerebro adquiere el mayor tamaño posible de modo que pueda caber a través de la pelvis, aún a costa de que el feto nazca en un estado patético de indefensión y dependencia.

Las crías humanas nacen débiles y torpes, pero con un gran poder de aprendizaje, ya que cuentan con un cerebro que posee las mismas neuronas que en la vida adulta. Necesitan crecer en un entorno social durante bastantes años, lo que constituye un caldo de cultivo excelente para el aprendizaje y la comunicación de conocimientos. Las necesidades de las hembras también contribuyen a estrechar los lazos sociales entre los miembros del grupo humano. Por ejemplo, los machos deben aportar alimentos ricos en proteínas a las hembras en las últimas etapas del embarazo y las primeras tras el parto.

El parto dificultoso también propició que se estrecharan lazos sociales de otro modo, ya que las hembras a punto de parir probablemente buscaran la compañía y la asistencia de otros miembros de su especie, movidas por el dolor y la ansiedad. En todas las culturas humanas existe algún tipo de asistencia a las mujeres durante el parto.

En los monos de locomoción cuadrúpeda, a pesar de que su canal del parto es relativamente estrecho, el parto es bastante más fácil. La hembra pare apoyada en sus patas posteriores e inclinada hacia delante, y puede usar al menos una de sus extremidades anteriores para ayudar a la cría a salir. Ésta nace de cara y la madre puede limpiarle las mucosidades para que respire bien nada más asomar.

Las modificaciones de la pelvis humana que permiten la locomoción bípeda hacen que el canal del parto sea extraordinariamente retorcido y el feto debe girar en varias ocasiones durante su trayecto para poder salir. Además, nace con la cara mirando hacia atrás, lo que dificulta que la madre pueda limpiarla. Si ésta intentara guiar al feto para salir, probablemente doblaría su espalda en dirección contraria a la curva natural de su columna, lo que podría causarle daños irreversibles.

El estudio de los fósiles de los australopitecinos, los primeros antepasados humanos que adoptaron la locomoción bípeda, revela que el parto ya difería del resto de primates y se aproximaba al de las mujeres actuales. Para poder salir, el feto debía efectuar un giro de los hombros, que podía ser a derecha o izquierda, lo que determinaba que en el 50 por ciento de los casos la cría saliera con la cara mirando hacia atrás, con los inconvenientes que esto presenta. Quizá ya estas hembras podrían haber recibido algún tipo de ayuda durante el parto por parte de sus congéneres para guiar al feto y limpiarlo.

En el género Homo, al que pertenecemos nosotros, se aprecia ya un crecimiento considerable del cerebro, que complicaría ostensiblemente el parto. Pero durante una dilatada etapa de su evolución, su cerebro se mantuvo en un tamaño inferior a dos tercios del nuestro. Se ha supuesto que el reducido tamaño de la pelvis limitaba su desarrollo. El crecimiento explosivo del tamaño del cerebro que se ha producido desde hace un millón de años hasta hace 100.000 está asociado a un ensanchamiento de la pelvis y a un mayor retorcimiento del canal del parto, que conducía a que todas las crías nacieran con la cara mirando hacia la madre. La asistencia durante el parto debió asentarse durante esta época como un comportamiento vital para la supervivencia de la especie.

La cuestión que nos produce cierto estupor desde una óptica humana es: ¿era necesario realmente complicar tanto las cosas, llevar al límite el tamaño del cerebro en relación a la pelvis y producir un dolor cercano al máximo soportable durante el parto? La selección natural nos dice que todo esto no es ningún capricho, aunque tampoco obedece a un propósito racional. Las ventajas potenciales de una locomoción bípeda, un cerebro grande y un comportamiento social superan todos los obstáculos.

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...por Antonio Jiménez ...por Antonio Jiménez


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5 comentarios en El parto humano: ¿Por qué paren con dolor las mujeres?

  1. El tener locomoción bípeda suposo, entre otras cosas, que las mujeres sufrieran más dolor en el parto, pero, para el hombre no suposo nada ya que el no pare… ¿eso es una evolución humana justa?

  2. Hola Eva,

    Ése es un reproche muy comprensible, pero la evolución no es justa ni injusta, simplemente es, actúa por medio de fuerzas ciegas. No se persigue el bien de la especie, sino que los individuos compiten egoístamente unos con otros por tener el número máximo de descendientes y los machos y las hembras experimentan fuerzas de selección diferentes. Peor puede ser el caso de algunos machos que son parásitos de las hembras, como en ciertos peces y caracoles. Además, al otro lado de la balanza hay que poner que los machos solemos tener una esperanza de vida inferior a la de las hembras, debido a la competencia con otros machos para poder aparearnos, a las ostentaciones peligrosas que nos vemos forzados a realizar y al hecho de que somos más “prescindibles”, menos valiosos biológicamente que las hembras, ya que vosotras realizáis una inversión más elevada en la prole y tenéis casi garantizado el apareamiento en la mayoría de las especies.

  3. Hola de nuevo, Eva:

    En el periódico “EL Mundo” ha aparecido hoy (14-12-07) una noticia que puede “reconciliarte” un poco con la evolución. Para que la mujer pueda al menos sostener mejor el peso de su vientre gestante, y pueda caminar mejor, su columna vertebral ha evolucionado de manera diferente a la del hombre. La zona lumbar de la columna empezó a curvarse hace millones de años, en nuestros primeros antepasados que caminaron erguidos, lo que permite estabilizar el cuerpo colocando el centro de gravedad sobre las caderas. El incremento de esta curvatura y el refuerzo de la columna lumbar son clave para mantener una actividad normal durante la gestación.

    Los especialistas estudiaron a 19 embarazadas y comprobaron cómo la curvatura lumbar aumenta gracias a que las articulaciones de la mujer son más largas que las de los hombres y a que la cuña sobre la que bascula esta curvatura está formada por tres vértebras en lugar de dos, como ocurre en la mitad masculina de la especie.

    El estudio, realizado por investigadores estadounidenses, ha sido publicado en la revista “Nature”.

  4. Hola, Antonio;

    Particularmente pienso que el dolor se debe al proceso de dilatación muscular del cérvix, realizado rítmicamente a través de contracciones. Durante la menstruación también se abre y los dolores son similares, aunque elevados a la n-1 potencia en el caso del parto. La cabeza de feto cabe, generalmente, por el hueco de la pelvis y creo que no experimenta modificaciones. Pero, ¿por qué duele tanto la apertura de “compuertas”? ¿Está también relacionado con la locomoción bípeda? Podría ser también una manera de permanecer como estrategas de la K: experiencias dolorosas, las justas.

    También pienso que un parto en cuclillas reduciría, en parte, las dificultades del alumbramiento, y las manos quedarían libres para recoger al bebé.
    ¡Salud!

  5. Hola, Belén:

    de nuevo planteas cuestiones muy interesantes y me pones en aprietos.

    Sí, la cabeza del feto cabe generalmente por el hueco de la pelvis, pero por poco. No es que los bebés humanos tengan una cabeza descomunal, es simplemente que el cerebro se desarrolla tanto dentro del útero materno (un entorno protegido y con un aporte abundante de nutrientes) que el resto del cuerpo se queda atrás en su crecimiento. Así pagamos el precio de nacer muy desprotegidos e incapaces, con el cuerpo aún muy débil, pero ya tenemos desde que nacemos una gran capacidad de aprender.
    No sé muy bien por qué las contracciones duelen tanto, supongo que porque el cuello del útero debe dilatarse mucho para dejar pasar la cabeza y enseguida el tejido muscular se encuentra en contacto con los huesos de la cadera, que impiden una apertura más cómoda.
    En cuanto a si el dolor responde a la estrategia de la K, yo pienso que es más bien un efecto colateral (la estrategia consistiría principalmente en parir pocos hijos grandes y bien desarrollados), aunque no te puedo negar que puede ser un factor también influyente. Normalmente, en biología las cosas son complicadas y hay muchas interconexiones y procesos de realimentación.
    La principal dificultad del parto humano parece estar relacionada con la forma sinuosa del canal del parto y la necesidad del bebé de acomodar muy bien su cabeza a él y y girarla en los momentos adecuados. Un artículo muy interesante (en el que me basé en gran parte para este reportaje) es “La evolución del parto humano”, en el número de febrero de 2.002 de “Investigación y Ciencia.”

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