La ordenada visión de la evolución como un árbol de ramas bifurcadas que corresponden a la aparición de las nuevas especies, tras un cambio gradual, está amenazada.
Aunque esta visión aún refleja la mayoría de los procesos evolutivos, un nuevo paisaje, brusco, salvaje y monstruoso, está revelándose al lado de los fenómenos biológicos más familiares, como la mutación puntual o la reproducción sexual. El árbol bifurcado se está transformando en una red enmarañada, con conexiones horizontales de unas ramas a otras. La aparición de nuevos organismos puede darse a veces de golpe, por medio de intercambios masivos de genes entre especies no emparentadas.
La simbiosis puede producir asociaciones estrechas y permanentes entre dos o más organismos, que virtualmente funcionan como un único ser. Este proceso habría abierto caminos radicalmente nuevos en la historia de la vida (la unión de hongos y algas para formar líquenes, por ejemplo, permitió la vida sobre tierra firme). Cada vez se están encontrando más ejemplos de transferencia horizontal de genes. Este fenómeno es común entre bacterias, pero últimamente se están hallando también casos entre éstas y organismos superiores, e incluso entre distintos organismos superiores. Por este mecanismo, organismos muy lejanamente emparentados intercambian material genético. Por ejemplo, se ha observado que la bacteria parásita Wolbachia inserta todo su genoma en el de su mosca hospedante (Drosophila ananassae). También ha sido muy llamativo el reciente descubrimiento de que los rotíferos bdelloideos (animales diminutos), son capaces de incluir en su genoma porciones de ADN de muy diversas procedencias: de bacterias, hongos, otros rotíferos… Los bdelloideos no poseen reproducción sexual y seguramente han conseguido esta habilidad para incrementar su variabilidad genética y por consiguiente, su adaptabilidad.
Hasta ahora aceptábamos que la hibridación sólo podía darse en organismos superiores entre especies o géneros estrechamente emparentados. Los enigmas que plantean la distribución y desarrollo de las larvas de muchos animales que las poseen sugieren que entre los animales han ocurrido repetidamente hibridaciones entre seres muy lejanamente emparentados. La idea propuesta, tan revolucionaria que sobresalta nuestra inteligencia, es que cuando vemos una oruga y su mariposa, podemos estar viendo no dos fases de un único organismo, sino dos organismos distintos que expresan de forma secuencial sus genes. Un organismo independiente con forma de larva hibridó en el pasado con otro en forma de adulto, y así se sumaron las ventajas de cada modo de vida por separado.
En ciencia, como dijo Carl Sagan, “afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias”. Esta hipótesis aún es discutida pero se van acumulando indicios a su favor. La mayoría de las anomalías en la distribución de las larvas se dan en animales marinos, donde óvulos y espermatozoides se liberan en muchos casos al agua y puede producirse la fecundación (rara vez) entre diferentes especies. En varios casos, como los de moluscos y equinodermos, hay grupos con larvas y sin larvas. En los moluscos, la mayoría de los bivalvos y caracoles marinos se desarrollan a partir de un tipo especial de larva llamada trocófora, translúcida, con bandas de cilios. Esta larva no se parece al animal adulto. Calamares y pulpos, también moluscos, no presentan larvas. La larva trocófora aparece también en gusanos poliquetos, y algunos sipuncúlidos, grupos muy alejados por otros caracteres de los moluscos. Dentro del mismo grupo al que pertenecen los gusanos poliquetos, están también las lombrices de tierra, que no poseen larvas. La teoría más aceptada es que todos estos grupos proceden de ancestros con larvas trocóforas y que algunos miembros las perdieron, pero otros caracteres genéticos, de desarrollo, etc, parecen contradecir este origen común. Existe un rotífero que es muy parecido a una larva trocófora. La tesis que ahora se propone es que algunos de estos grupos hibridaron con el rotífero y otros no.
El panorama es aún más complicado en los equinodermos, cuyos adultos presentan simetría radial y cuyas larvas, con simetría bilateral, recuerdan a las de otro grupo, las de los hemicordados, gusanos bilaterales. Dentro de los equinodermos, las larvas varían bastante de forma, pero todas pueden ser haber sido adquiridas mediante una serie de hibridaciones con un planctosferoideo ancestral, un organismo planctónico. El análisis genético del ARN ribosómico 18S muestra un orden temporal de aparición de las larvas en los distintos grupos (hemicordados, holoturias, estrellas de mar, erizos de mar) que concuerda con el que habían establecido las investigaciones morfológicas anteriores. Este orden no coincide con la historia evolutiva de los adultos inferida a partir de otro tipo de pruebas. La explicación más simple es que el ARN ribosómico 18S se había transferido en varias ocasiones en los distintos grupos. Existen también ejemplos de equinodermos sin fase larvaria, que presentan un patrón de desarrollo embrionario distinto al de otros equinodermos. Si ese animal perdió su fase larvaria, tuvo que alterar totalmente su patrón de desarrollo. Es más lógico admitir que ese animal nunca adquirió por hibridación una larva. Probablemente, la anomalía más extraña corresponda a una estrella de mar, Luidia sarsi, que genera dos tipos de larvas de vida libre durante un tiempo, hasta que una de ellas, con simetría radial, se posa en el fondo del mar. Este extraño fenómeno parece ser contrario a la evolución conjunta de larva y adulto a partir de un antecesor común de ambos.
Existen otras teorías y actualmente hay un encendido debate sobre este tema, pero los últimos datos parecen mostrar que las larvas se generaron en periodos de tiempo relativamente breves, lo que encontraría una fácil explicación mediante la transferencia larvaria por hibridación (aunque no se descartaría un reclutamiento de genes del adulto para que operen en larva).
En una nueva versión del viejo dilema: ¿qué fue primero, la larva o el adulto?, la nueva teoría propone que la larva fue una adquisición posterior del adulto. Puede resultarnos fantasmal la imagen de dos animales fusionados en uno, y que siguen un infinito ciclo en el que uno se desarrolla y muere para dejar paso al otro, pero eso es precisamente lo que parece estar ocurriendo en muchos casos.

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El tema de las larvas es interesante, se agradecería si me pudieran dar la bibliografía.
Un saludo.
Hola, Biocomplex:
Para el tema de las larvas me basé en un reportaje aparecido en el número de marzo de 2.008 de la revista “Investigación y Ciencia”.