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El hombre de Flores: Una nueva especie humana


¿Viven hoy día en alguna jungla remota especies de hombres distintas a la nuestra? La hipótesis parecía entrar dentro de la ciencia-ficción hasta hace 5 años, pero hoy es plausible.

En el año 2.004 un equipo internacional de investigadores reportó el hallazgo, en una cueva de la isla de Flores, en Indonesia, de una especie humana hasta entonces desconocida: Homo floresiensis. Las excavaciones iniciales permitieron recuperar el cráneo (LB1) de un individuo hembra que vivió hace unos 18.000 años. Excavaciones posteriores han permitido recuperar diversos restos óseos de 11 individuos diferentes, de hace hasta 74.000 años. En esa época, H. sapiens habitaba la cercana Borneo y H. erectus, la isla de Java, aunque no se conocen las relaciones que existían entre las tres especies.

Se estima que los miembros de H. floresiensis (los llamados “hobbits”) pesaban veinticinco kilos (como un niño de 8 años) y medían sólo un metro de altura (como un niño de 4 años). Su cerebro, de unos 400 centímetros cúbicos de media, está en el mismo rango que el de los chimpancés o los antiguos Australopithecus. Los “hobbits” eran los más pequeños de todos los homínidos, incluyendo los Australopithecus. Vivían en una isla poblada por ratas del tamaño de perros, enormes lagartos (los dragones de Komodo) y elefantes pigmeos; de estos últimos, llamados Stegodon, se han encontrado restos en una de las cuevas, con marcas de cuchillo.

En la cueva de Liang Bua, donde se desenterró LB1, aunque no en los mismos estratos, se hallaron herramientas avanzadas adecuadas a su tamaño, que parecen tener una antigüedad de entre 95.000 y 13.000 años y están asociadas con estegodontes jóvenes. Pero la mayor parte de los artefactos de esa cueva (que se remontan a 800.000 años atrás), y todos los de la vecina excavación de Mata Menge, son muy similares a los hallados en Olduvai, Tanzania, que fueron tallados hace un millón y medio de años, quizá más, se supone que por el Homo habilis.

Los “seres diminutos” tenían la cabeza pequeña y sin barbilla, los brazos largos en relación al cuerpo y extremidades robustas, parecidas a las de los chimpancés. El equipo de William Jungers, de la Universidad de Stony Brook (Nueva York), ha analizado el pie del hombre de Flores y ha descubierto una mezcla de características modernas, como la alineación del dedo gordo con el resto de los dedos y la capacidad de extender los dedos al cargar el peso del cuerpo en el pie, junto con otras muy primitivas: es un pie muy largo, en el que el dedo gordo es bastante pequeño, mientras que los otros dedos son largos y curvados. La estructura del pie es también primitiva, más parecida a la de un chimpancé que a la de un hombre moderno: es un pie plano, sin arco. El hombre de Flores podía andar, pero no era buen corredor. El resto del esqueleto muestra que su posición era erguida. Su clavícula no es de tipo humano, ni siquiera como las del género Homo, recta y larga, sino corta y curva al estilo primitivo. Su pelvis, en forma de campana, se parece más a la de un australopiteco que a la nuestra, que fue inventada por el Homo erectus hace 1,8 millones de años. El hueso trapezoide de su muñeca no tiene forma de bota, como el humano, sino de pirámide, un rasgo típico de los monos. La nariz delgada y los arcos ciliares prominentes, sin embargo, justifican su inclusión en el género Homo, aunque H. floresiensis es tan diferente en forma del resto de sus miembros que obliga al reconocimiento de una inimaginable variabilidad en el grupo. La comparación de todos estos rasgos, los antiguos y los modernos, no cuadra con que el hombre de Flores sea un descendiente evolutivo del Homo erectus. Indica, por el contrario, que es una especie anterior. Una de las primeras del género, como el pionero Homo habilis, que también es un mosaico de formas primitivas y modernas (aunque no el mismo mosaico, sino otra combinación). El antepasado del H. floresiensis ya salió pequeño de África en una época en que los homínidos aún no habían crecido de tamaño.

Equipos internacionales de investigadores han estudiado una reconstrucción del cerebro del Homo floresiensis, a partir del cráneo LB1, y concluyen que este homínido era capaz de un procesamiento cognitivo superior, a pesar del reducido tamaño de su cerebro. La relación entre el tamaño del cerebro y el cuerpo es semejante a la que se encuentra en los australopitecos, aunque el cerebro es más parecido al del Homo erectus. El lóbulo frontal, particularmente en la región que corresponde al área 10 de Brodmann, presenta circunvoluciones prominentes. En los humanos modernos esta área se ha asociado con procesos cognitivos superiores como la planificación de actividades. Proporcionalmente a su tamaño, el cerebro del Homo floresiensis tiene un lóbulo temporal más prominente que el del Homo erectus (el lóbulo temporal está asociado con la audición y el lenguaje en los humanos modernos). La reconstrucción del cerebro es también compatible con que el hobbit y el Homo erectus compartieran un ancestro común de pequeño tamaño.

Algunos comportamientos avanzados han sido asociados a la especie, como el uso del fuego para cocinar. Algunas de sus herramientas fueron aparentemente usadas en la caza necesariamente cooperativa del Stegodon enano local. También se cree que tuvieron que llegar a la isla por mar, en algún tipo primitivo de embarcación. Los indicios de tecnología avanzada y de cooperación a un nivel humano moderno han impulsado a los descubridores a proponer que H. floresiensis tenía algún tipo de lenguaje.

El análisis de la geología local sugiere que una erupción volcánica en Flores fue la responsable de la desaparición del H. floresiensis en la parte de la isla bajo estudio hace aproximadamente 12.000 años. O quizá el H. sapiens causó su extinción, compitiendo con él por el alimento o aniquilándolo por medio de la guerra.

Los descubridores sospechan, sin embargo, que esta especie puede haber sobrevivido mucho más tiempo en otras partes de la isla de hasta llegar a ser el origen de las historias sobre los Ebu Gogo contadas por los lugareños. Se dice que los Ebu Gogo eran cavernícolas pequeños, peludos y de lenguaje pobre, y presentarían el tamaño de H. floresiensis. Se creía ampliamente en su existencia en la época de la llegada de los holandeses hace quinientos años, e incluso se dice que han sido vistos hace tan sólo un siglo. Los descubridores del hombre de Flores esperan poder encontrar los restos de otras especies de Homo igualmente divergentes en otras islas aisladas del sudeste asiático y creen que es posible e incluso «probable» que alguna especie Homo perdida pudiera hallarse aún viva en algún rincón inexplorado de la selva.








...por Antonio Jiménez ...por Antonio Jiménez


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