En los últimos años, el debate en torno a las células madre se está deslizando cada vez más desde el terreno ético al puramente científico.
Por un lado, bastantes países se han decidido ya a promulgar leyes que permiten y regulan la investigación con células madre embrionarias. Por otro lado, se están ensayando técnicas para extraer células madre de los embriones sin destruirlos. Y también se están encontrando otras variadas fuentes de células madre, que evitarían los dilemas éticos que plantean las células embrionarias, y que, además, parecen presentar en algunos casos ventajas técnicas sobre éstas.
En cada una de nuestras células (tenemos unos 100 billones de ellas) está la curación de todas las enfermedades. Cada una de ellas encierra el material genético necesario para producir cualquiera de los tipos celulares de nuestro cuerpo y reparar todo tipo de lesiones (es un poco misterioso por qué los organismos, que suelen economizar recursos, toleran un grado tan descomunal de redundancia genética). Sin embargo, en cada tipo celular sólo se expresa un número reducido de genes, y desde el desarrollo embrionario se sigue un complejo y ordenadísimo programa de diferenciación celular por el que cada célula acaba limitada para realizar sólo la gama de funciones que se le exige dentro del tejido al que pertenece.
Las células madre son las que poseen alguna capacidad para diferenciarse en otro tipo celular. Esta capacidad de diferenciación es muy dispar y va decreciendo desde las células del embrión en sus primeras etapas, que pueden generar cualquier tipo de célula del cuerpo, hasta las células madre que residen en los organismos adultos, que normalmente sólo pueden transformarse en los distintos tipos celulares del tejido al que pertenecen (en algunos casos, la gama es un poco más amplia).
La opción ideal para la terapéutica, sería, en principio, usar células embrionarias, que pueden proporcionar siempre el tipo celular que se necesite. Pero, aparte de las cuestiones éticas, las dificultades técnicas son abrumadoras. No se conoce aún bien el complejo sistema de señales reguladoras que conduce desde la célula embrionaria a la célula deseada. Cualquier pequeña desviación en este largo camino puede acarrear consecuencias desastrosas. Las células madre de cualquier tipo pueden generar tumores o producir tejidos distintos a los esperados. Células madre insertadas en cerebros de animales de experimentación para que se diferenciaran en neuronas han acabado formando un diente completo.
Si se implantan en un paciente células procedentes de otra persona hay riesgo de rechazo. Para disponer de células que sean compatibles con cada paciente, habría que crear bancos compuestos por un número muy grande de variedades. Una solución sería poder disponer de células madre que tuvieran la misma dotación genética que las del paciente. Esto se consigue con la clonación: se extraen los núcleos, que contienen la información genética, de células del paciente y se implantan en óvulos de donantes a los que previamente se han extraído los núcleos. El óvulo es así “engañado” y actúa como si hubiera sido fecundado, desarrollándose como un embrión. Se puede así retrotraer al núcleo diferenciado a una etapa en la que cualquiera de sus genes puede ser activado. El inconveniente es que esto aún no se ha conseguido en humanos.
Las fuentes alternativas a las células madre embrionarias se han multiplicado en los últimos años. Se han encontrado, en tejidos especiales, células con una capacidad para diferenciarse en muchos tipos celulares (en algunos casos, casi tantos como las embrionarias) y a veces con ventajas añadidas como su amplia disponibilidad o su fácil extracción. Entre esas fuentes están la placenta, el cordón umbilical (antes se pensaba que estos tejidos sólo daban células madre de la sangre), el líquido amniótico y ciertas células precursoras de los espermatozoides. También se ha informado recientemente de la obtención de células madre embrionarias a partir de un óvulo sin fecundar, que se divide asexualmente, por partenogénesis.
El líquido amniótico y la placenta contienen células con capacidad de diferenciación intermedia entre la de las células madre embrionarias y adultas. Generan células funcionales de tejido óseo, graso, muscular, endotelial (la capa interna de los vasos sanguíneos), nervioso y hepático. Pueden extraerse de amniocentesis rutinarias y de las placentas desechadas en los partos y se pueden cultivar fácilmente. Presentan menor riesgo de desarrollar tumores que las células embrionarias. Se podrían crear con ellas grandes bancos de células que cubriesen hasta un 99% de la población.
Cierto tipo de células madre precursoras de los espermatozoides extraídas de ratones adultos, sorprendentemente, tienen una capacidad de diferenciación similar a la de las células embrionarias. Pueden generar células de las tres capas que se forman en los embriones: endodermo (tejido epitelial), mesodermo (músculo, hueso, tejido graso, cartílago) y ectodermo (tejido neuronal y piel). Pueden extraerse de biopsias de testículos de adultos, y por tanto su disponibilidad es muy grande.
Las células madre obtenidas por partenogénesis, inducida por métodos químicos o eléctricos, de un óvulo, son también pluripotenciales, y pueden generar células de las tres capas embrionarias, pero no pueden producir un organismo completo, debido a la carencia de las marcas del padre (así se evitan los problemas éticos). Este método puede proporcionar a mujeres enfermas la posibilidad de generar los tipos celulares que necesitan por medio de la donación de sus propios óvulos para que les sea inducida la partenogénesis. Así no hay riesgo de rechazo inmunológico. Pero aún se necesita evaluar la durabilidad y la seguridad de estas células madre: si un gen presenta alguna mutación perniciosa, no habrá copia del gen procedente del padre para realizar su función, y en cambio hay dos copias “maternales” que pueden amplificar el efecto dañino del gen.
Los problemas técnicos son de tal envergadura que parece que, en el mejor de los casos, el uso generalizado de células madre con fines terapéuticos tardará lustros o más bien décadas. De todas formas, podemos ir preparándonos por si tenemos que modificar nuestros esquemas mentales: avanzar en el tiempo quizá no tenga que significar siempre encontrar más y más deterioro.

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Los dilemas éticos que plantea el uso de embriones en las investigaciones con células madre pueden desaparecer si se confirman los espectaculares resultados obtenidos recientemente en ratones. Los investigadores han conseguido transformar células de la piel de adultos en células aparentemente idénticas a las embrionarias, que por tanto tendrían capacidad de generar cualquier tipo celular del cuerpo. Para ello sólo han necesitado aportar cuatro factores de transcripción (reguladores de genes) a las células. Averiguar si esto puede lograrse también en humanos probablemente llevará algunos años.
Se debería potenciar la investigación con células madres ya que la terapia con dichas células puede aportar un tremendo beneficio a los humanos.
También es cierto que se habla mucho de su controversia y de los posibles efectos antimorales de utilizar células madres para depende qué tipo de investagaciones pero, con un buen control en las investigaciones, las células madre pueden aportar un abanico de nuevas curas que todavía ahora no somos capaces ni de sospechar.
En relación al primer comentario, hay que decir que no ha habido que esperar años para lograr en humanos lo conseguido en ratones, sino sólo unos pocos meses (hasta noviembre de 2.007). Dos equipos han logrado de forma independiente, con técnicas algo distintas, reprogramar células adultas, diferenciadas, de la piel, para convertirlas en células totipotentes similares a las embrionarias, con capacidad para generar cada uno de los 220 tipos de células del organismo. Así se evitan los problemas éticos de las células embrionarias y se cuenta con una técnica más directa y menos laboriosa para producir los diferentes linajes de células. Pero la técnica empleada (introducción por medio de virus de genes que promueven la desdiferenciación en las células) es aún peligrosa. Los expertos dicen que quedan aún muchos años hasta lograr aplicaciones clínicas en humanos, pero ojalá que se equivoquen de forma tan espectacular como en este caso. Un buen análisis del hallazgo está en Células madre sin embriones
En septiembre de 2008 se ha informado de un nuevo avance potencialmente revolucionario en la investigación sobre células madre. Se ha conseguido unir dos técnicas de vanguardia (aunque hasta ahora sin muchos resultados prácticos): la investigación en células madre y la terapia génica. Se han introducido en células del cuerpo adultas virus portadores de genes que las inducen a convertirse en células con capacidad de generar otros tipos celulares. Los virus no han provocado infección y no se han desarrollado tumores por una proliferación descontrolada de las células madre. Esta nueva fuente de células madre se une a las dos anteriores: las células madre del adulto y las células madre embrionarias. Así se consigue en principio mitigar los inconvenientes de cada uno de estos tipos celulares: las células madre embrionarias tienen mucha capacidad de diferenciación pero son difíciles de controlar y frecuentemente producen tumores, mientras que las células madre adultas tienen poca capacidad de diferenciación.