Si nos analizamos nos percataremos que nuestro cuerpo está formado por más de 200 tipos celulares diferentes.
En él conviven especialistas en el asesinato de los intrusos y patrulleros de reconocimiento que recuerdan durante décadas sus huellas, microprocesadores de formas laberÃnticas, refinados receptores visuales que son capaces de captar un solo fotón de luz, potentes motores movidos por proteÃnas contráctiles y complejÃsimas factorÃas quÃmicas capaces de neutralizar los venenos más potentes. Conseguir un poco de orden en esta enorme algarabÃa de células es una de las principales tareas que hemos de realizar para mantenernos vivos.
Incluso nuestros componentes aparentemente más inertes, como los huesos, están formados por células. Un hueso es una entidad definitivamente viva, con vasos sanguÃneos y varias clases de células, unas encargadas de depositar la matriz ósea y otras de degradarla.
Las poblaciones celulares de nuestro cuerpo se pueden agrupar en varios grandes grupos: células del tejido epitelial, del conjuntivo, de la sangre, nerviosas y musculares.
Las células del tejido epitelial presentan formas variadas y se disponen unas junto a otras, sin dejar espacios entre ellas. Recubren las superficies externas e internas del cuerpo y realizan una gran variedad de funciones: absorción de nutrientes (las células del epitelio intestinal presentan numerosas vellosidades para incrementar la superficie de absorción); secreción de muchas sustancias, como mucosidades, la grasa de la piel, sudor, lágrimas, enzimas digestivas u hormonas; protección contra las lesiones o recepción de estÃmulos sensoriales de todo tipo (para lo cual adoptan estructuras muy especializadas y alcanzan un nivel de sensibilidad extremo). Las células del hÃgado están especializadas en degradar muchas de las sustancias tóxicas que podamos ingerir.
El tejido conjuntivo es el que nos da nuestra forma humana reconocible. Está compuesto por células y fibras (sobre todo de colágeno) incluidas en una matriz con aspecto de gel. Incluye el tejido de sostén de nuestros órganos internos, el cartÃlago de nuestra nariz o nuestras orejas, los huesos y el tejido adiposo o graso, que puede ser blanco (reserva de energÃa y secreción de hormonas) o pardo (sobre todo sirve como generador de calor).
La sangre es un tejido complejo formado por un plasma lÃquido en el que están disueltas multitud de sustancias y por el que circulan tres tipos principales de células: los abundantÃsimos glóbulos rojos, que son células que se han despojado de su núcleo y que actúan como portadores de oxÃgeno; las plaquetas, pequeños corpúsculos también desprovistos de núcleo, a pesar de lo cual realizan varias funciones tÃpicas de las células, que se encargan de promover la coagulación de la sangre en caso de heridas; y los glóbulos blancos, que están especializados en engullir microorganismos invasores o células descarriadas del propio cuerpo (fagocitos) y en promover otras respuestas defensivas, como la inflamación.
Un grupo especial de glóbulos blancos es el de los linfocitos o células del sistema inmune. Son sobre todo de dos tipos: los linfocitos B, que generan una respuesta quÃmica, produciendo anticuerpos contra cada agente agresor y conservando el recuerdo durante muchos años para actuar inmediatamente en caso de que volviera a atacar; y los linfocitos T, que llevan a cabo una respuesta celular contra los invasores, atacándolos directamente y colaborando con los fagocitos. Los linfocitos T son los afectados por el virus del SIDA.
Recientemente se ha descubierto la importancia de un grupo especial de leucocitos del sistema inmune, las células dendrÃticas, muy ramificadas, que aparecen sobre todo en la piel y las mucosas. Se sitúan en la primera lÃnea de defensa frente a las infecciones, capturando a los invasores, troceándolos en antÃgenos y exponiendo los fragmentos en su superficie. Presentan estos antÃgenos a los linfocitos y se constituyen en una especie de “educadoras” del sistema inmune, enseñándole a distinguir lo propio de lo extraño.
Las neuronas son las principales componentes del sistema nervioso. Son células muy ramificadas que establecen múltiples conexiones entre sà por medio de sustancias quÃmicas y por las cuales se desplazan impulsos eléctricos. Nos permiten aprender y pensar. Están rodeadas de otro tipo de células, las de la glÃa. Antes se creÃa que éstas sólo realizaban funciones de nutrición y protección de las neuronas, pero hoy se sabe que intervienen en las conexiones neuronales y modulan procesos como la memoria. También podrÃan desempeñar un papel en la reparación del tejido nervioso.
Las células musculares contienen bandas de una proteÃna contráctil, la miosina, cuyo desplazamiento inducido por el ATP (la molécula que transporta la energÃa en las células) produce el acortamiento del músculo. El tejido muscular es fundamentalmente de tres tipos: el músculo esquelético, de control voluntario y gran potencia, que nos permite movernos; el músculo liso, de control involuntario y de escasa potencia, que es el que produce, por ejemplo, las ondulaciones de nuestros intestinos para deslizar el alimento; y el músculo cardiaco, de enorme potencia y en el que no podemos influir voluntariamente, a menos que realicemos un entrenamiento especial.
Otros componentes especiales de nuestro cuerpo son las células reproductoras (los óvulos, enormes sacos de materias nutritivas para alimentar al embrión en sus primeras etapas, y los espermatozoides, simples vehÃculos del material genético del varón) y las células madre, células con una capacidad variable de diferenciación, que están presentes en muchos de nuestros tejidos (salvo, por desgracia, algunos de los más vulnerables, como la corteza cerebral). Las células madre pueden especializarse en diferentes tipos celulares en función de las necesidades (para reparar una lesión, por ejemplo).
Nuestro particular zoo celular se completa con “otras” células: las de miles de especies de bacterias, hongos y otros pequeños seres que pululan por muchos de los recovecos Ãntimos de nuestro cuerpo. En realidad, son parte de nosotros: su número supera muy ampliamente al de nuestras células humanas, realizan multitud de tareas para nosotros, como absorber nutrientes o protegernos de intrusos peligrosos, y si desaparecieran de golpe todas es muy probable que muriéramos.

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Esta súper interesante, que bien que se pueda encontrar este tipo de información en Internet.
Con una explicación sencilla y que ayuda mucho a comprender la importancia de las células del cuerpo. (Y)
Gracias por la información, nos fue muy útil para los deberes escolares.
No puedo más que felicitaros por el gran trabajo que hacéis difundiendo la biologÃa, ¡enhorabuena a PortalMundos.com!
Sólo quiero saber ¿de qué tipo son las células del cuerpo humano?