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Caza primitiva: útiles y técnicas

El hombre ha debido ser cazador desde sus más remotos orígenes. Esto al menos es lo que sugiere el estudio de los chimpancés, con los que estamos estrechamente emparentados.

Recientemente se ha descubierto que los chimpancés fabrican lanzas de madera con las que cazan pequeños animales. Escogen ramas que les parecen adecuadas, les quitan las hojas y mordisquean una punta para hacerla más afilada. Con estas lanzas, no arrojadizas, los chimpancés suelen hurgar en los nidos de animales arborícolas, y ensartan a los que pueden, aunque la eficacia de esta técnica es baja. Curiosamente, estos instrumentos son fabricados sólo por las hembras. Los chimpancés además capturan pequeños animales con sus manos y actúan cooperativamente a veces para rodearlos.

Existe entre los paleontólogos un debate muy enconado acerca de si los primeros miembros del género Homo fueron orgullosos cazadores o deleznables carroñeros. Las herramientas de piedra de Homo habilis parecen demasiado toscas para ser usadas en la caza, aunque presentan evidencias de que sirvieron para procesar carne. Las marcas en los huesos de grandes animales no dejan claro si fueron cazados o la carne fue extraída cuando el animal ya estaba muerto. Pero Homo habilis pudo cazar con armas de madera, o arrojando grandes piedras, o persiguiendo en bandas a los animales hasta agotar a los más débiles y viejos. Lo más probable es que Homo habilis cazara animales pequeños, como los chimpancés (y plausiblemente los australopitecos) y actuara como carroñero de las especies más grandes.

Homo erectus era más ágil y rápido, podía correr muy bien, tenía un cerebro mayor y llegó a dominar el fuego. Se sabe que se alimentaba de carne en una proporción importante. Seguramente sus grupos sociales estaban más cohesionados (las hogueras habrían contribuido a estrechar los lazos del grupo). El fuego servía también para endurecer las armas de madera y las antorchas podían servir para acosar a los animales y protegerse de su ataque. El hombre también pudo provocar incendios para acorralar a sus presas. Sus herramientas de piedra eran ya más refinadas, reflejaban un diseño mental previo y estaban muy afiladas.

Los yacimientos de Torralba y Ambrona, en Soria, de hace medio millón de años, muestran muchos restos de grandes mamíferos en un área pantanosa. También han aparecido herramientas de piedra, aunque no se ha podido determinar si los humanos condujeron a los animales hacia ese entorno fangoso para poder atacarlos con garantías de éxito, o simplemente se aprovecharon de los cadáveres dejados por inundaciones o extravíos fortuitos.

El uso de precipicios como trampas naturales hacia las que empujaban a sus presas está documentado en los neandertales, una especie de humanos robustos y vigorosos, que sobrevivieron en Europa en lo más crudo de las glaciaciones y cuya dieta estaba compuesta fundamentalmente por carne. En ese entorno seguramente les habría resultado difícil sobrevivir a base de un recurso escaso e impredecible como la carroña. Debieron ser cazadores muy bravos y valientes, que se enfrentaban con sus lanzas con puntas de piedra a grandes o medianos mamíferos a muy escasa distancia. La conducción de las presas hasta los precipicios supone una gran capacidad de planificación y de coordinación social.

Los cazadores humanos han procurado a lo largo del tiempo reducir el riesgo de la caza y aumentar su eficacia. Desde las técnicas que suponían un contacto directo con las presas (uso de lanzas no arrojadizas, mazas y hachas de piedra), se pasó al uso de armas que permitían un contacto menos directo (lanzas arrojadizas, flechas) y al uso extendido de las trampas, que minimizan el riesgo, aunque requieren una capacidad técnica superior y un conocimiento detallado de los hábitos de los animales.

La explosión cognitiva y cultural que se produjo hace en torno a 50.000-70.000 años, protagonizada por el hombre moderno, condujo a la elaboración de sofisticadas armas de caza y la adopción de tácticas complejas. Asociados a los primeros restos de humanos modernos en Europa, en un yacimiento ruso de hace 45.000 años, se han encontrado restos de trampas para cazar animales como conejos o zorros. Los primeros dardos (que quizá ya eran usados tras impregnarlos de veneno), datan de hace unos 35.000 años. Muchos dardos eran disparados por medio de un tira-dardos, que aumentaba su alcance. La cerbatana también parece tener un origen antiguo, a juzgar por su presencia en muchos continentes. Esta arma tiene la ventaja de ser silenciosa y muy precisa, con lo que no se espanta al resto de los animales.

El bumerang más antiguo fue encontrado en Polonia y data de hace más de 20.000 años. Los bumerangs usados para la caza de pequeños animales no regresaban al punto de partida y solían ser poco curvos (los que retornan al parecer han sido usados para propósitos rituales y de competición). El alcance de otras armas fue aumentado alargando el brazo de potencia: es el caso de los lanza-lanzadores, en los que la lanza era insertada en el extremo de una pieza de madera alargada, y el de la honda, para arrojar piedras.

Sin embargo, el invento más trascendental en este sentido (uno de los grandes avances de la Prehistoria, junto a la domesticación del fuego y la invención de la rueda) fue el del arco y las flechas. Se requiere bastante inteligencia e imaginación para comprender su funcionamiento (al tirar hacia atrás de la cuerda se acumula tensión en los brazos del arco y al soltarla la energía se concentra en la flecha). Quizá los hombres primitivos observaron primero cómo salían disparados los frutos al doblar el tallo flexible de un arbusto y soltarlo de golpe. Tuvieron que combinarse muchas destrezas: la fabricación de cuerdas finas y resistentes, el conocimiento de las propiedades de las diferentes maderas, la elaboración de flechas ligeras, penetrantes y que no se desviaran en su trayectoria, el modelado de los brazos con la curvatura y simetría adecuadas, etc.

En Mannheim ( Alemania) se ha encontrado el que se considera el arco más antiguo, un fragmento de madera de pino de hace 17.600 años.  La pieza lleva en un extremo una muesca para encajar la cuerda tensada. El arco de Holmgaard ( Dinamarca), de hace unos 8.000 años, ya muestra un gran perfeccionamiento. Presenta un mango rígido que sujeta por compresión unos brazos anchos y aplanados que se van estrechando gradualmente hacia las puntas. También posee un vientre (parte interna de la curva), cuidadosamente afinado, para que  los esfuerzos se repartan de manera uniforme a lo largo del arco, reduciendo con ello el riesgo de ruptura y mejorando sus prestaciones.








...por Antonio Jiménez ...por Antonio Jiménez


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