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Cambio de sexo en animales: Un fenómeno muy natural

¿Por qué los humanos y otros animales complejos no cambian de sexo espontáneamente en el curso de su vida?

Ésta puede parecer una pregunta extraña, pero el cambio de sexo es una estrategia común en muchos organismos, un truco adaptativo más para maximizar sus posibilidades de reproducción.

Imaginemos por un momento que experimentáramos un cambio de sexo en nuestra vida. Muy probablemente fuéramos al principio hembras y al alcanzar nuestro tamaño máximo nos convirtiéramos en machos. Toda la estructura de nuestra sociedad cambiaría y seguramente experimentaríamos cambios psicológicos más intensos que los de la pubertad o la menopausia. Por fin hombres y mujeres nos comprenderíamos mutuamente.

Todo esto no ocurre muy probablemente porque nuestros aparatos reproductivos son demasiado complejos para convertirse en los del sexo complementario. Pero otros organismos (en su mayoría acuáticos) con sistemas reproductivos más simples, como gusanos nematodos, camarones y moluscos, experimentan un cambio de sexo a lo largo de sus vidas. Incluso seres tan complejos como los peces cambian de sexo, actuando como hermafroditas secuenciales. Las julias o doncellas (Coris julis) del Mediterráneo son hembras cuando jóvenes y de adultos son siempre machos, cambiando su coloración. Esto también ocurre en otros peces de los arrecifes como en algunos gobios, algunos tordos y algunos peces loro (llamados así por la fusión de sus dientes formando un pico característico). El pez loro Scarus altipinnis atraviesa tres fases con tres coloraciones distintas: fase juvenil (sexualmente inactivo), fase inicial (normalmente hembra) y fase final (siempre macho). Algunos ejemplares de la fase inicial adoptan la coloración de la hembra y el sexo masculino, para engañar a los machos terminales, más fuertes, y tener alguna oportunidad de fecundar hembras. En algunas especies el cambio de color es tan grande que parecen especies distintas. Otras especies no tienen machos en la fase inicial y otras no cambian de color entre fases. El cambio de sexo en el tordo limpiador (Labroides dimidiatus) depende de ciertas pautas de conducta. Normalmente, un macho agresivo mantiene a un harén de hembras y si el macho muere, entonces la hembra dominante asumirá el papel de macho agresivo en cuestión de horas, aunque el cambio de sexo total tarda unos días.

Un ejemplo de cambio en el sentido opuesto es el de las sebas o lapas zapatilla, unos caracoles marinos con concha en forma de zapato. Estos moluscos viven fijos a un sustrato y forman montones en los que los ejemplares de abajo, los mayores, son hembras, y los de arriba, más pequeños, machos. Los ejemplares intermedios a veces están transformándose de machos a hembras, conforme crecen de tamaño. Los machos de arriba no tienen problema para fecundar a las hembras de abajo porque sus penes son muy largos. Las sebas necesitan un sustrato duro para vivir. Cuando un ejemplar se fija a un sustrato, atrae a las larvas planctónicas de la especie que se encuentren por los alrededores. El ejemplar de abajo se convierte en una hembra al crecer y el de arriba en un macho. Conforme éste crece, pasa a ser hembra, sobre la que se fija un macho, y así hasta que se forman unos montones apretados con bastantes individuos.

Como vemos, el cambio de sexo suele estar asociado al aumento de tamaño. ¿Por qué en unas ocasiones el paso es de macho a hembra y en otros casos al revés? La situación primaria y más “natural” es el paso de macho a hembra al crecer. La hembra es un organismo especializado en producir óvulos y huevos, que requieren abundantes reservas de alimento. Algunas hembras mantienen a sus crías en su interior y las nutren. La selección natural normalmente favorece que las hembras sean mayores que los machos y esto es precisamente lo que ocurre en la mayoría de los casos. Por eso los machos se convierten en hembras al crecer. En el caso de los mamíferos o aves, es más frecuente que los machos sean mayores. Pero aquí normalmente ha intervenido otro factor: la selección sexual, que promueve que los machos sean mayores para vencer en las luchas con otros machos para poder aparearse o simplemente para impresionar más a las hembras. Esto es lo que ocurre en los peces y lo que hipotéticamente podría ocurrir en el caso del hombre, donde los machos son mayores que las hembras (en nuestros antepasados fue todavía mayor la competencia entre machos y por tanto la diferencia de tamaño entre los sexos).

Con respecto al cambio de sexo y el tamaño, recientemente se ha producido un descubrimiento muy interesante. Las criaturas que cambian espontáneamente de sexo lo hacen cuando llegan al 72 por ciento de su tamaño máximo. David Allsop y Stuart West, de la Universidad de Edimburgo, estudiaron decenas de especies de animales que cambian de sexo, y todos ellos siguen la misma regla cuando modifican su género. El 98 por ciento de la variación en el tamaño en el cambio de sexo en las 121 especies estudiadas puede explicarse por esta regla del 72 por ciento de su tamaño corporal máximo. La mitad de las criaturas cambia de macho a hembra y el resto a la inversa. Aún no se conoce el mecanismo disparador del cambio de sexo.

Un caso curioso es el de ciertos gusanos nematodos. El animal puede cambiar de sexo en función de las oportunidades de apareamiento. Es habitual que un ser vivo modifique su comportamiento dependiendo del entorno, explica el doctor David Pilgrim, de la Universidad de Alberta. Sin embargo, hasta ahora se creía que estas circunstancias no afectaban a nuestros genes. Pilgrim y sus colegas han demostrado que éstos sí pueden verse alterados por el entorno.

Como los humanos, el gusano nematodo hembra posee 2 cromosomas X. El macho sólo posee un único X. Los científicos mostraron que el porcentaje de miembros de uno u otro sexo podía ser alterado en función de la cantidad de comida que el animal detectara. La joven hembra sabe juzgar cuánta comida habrá disponible en cuanto crezca. Si cree que habrá mucha comida cuando esté sexualmente madura, en muchos casos perderá uno de sus cromosomas X, convirtiéndose genéticamente en un macho. Si piensa que habrá poca comida, mantendrá sus cromosomas XX y crecerá como una hembra. Esta hembra (en realidad un hermafrodita, ya que puede producir tanto esperma como óvulos) puede fertilizarse a sí misma si no encuentra a un macho, si bien su descendencia será sólo del género femenino (XX). Si la densidad de población es alta, como suele ocurrir donde hay comida, entonces es beneficioso ser un macho, ya que el nematodo macho es menos abundante y las oportunidades de encontrar una hembra son más altas. Si fueran bajas, el gusano se sentirá más seguro siendo una hembra, ya que aún puede procrear, aunque nunca encuentre pareja.








...por Antonio Jiménez ...por Antonio Jiménez


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