En muchas mitologÃas, el mundo es creado por dioses caprichosos que juegan con la vida y la muerte, con el azar y el destino. Nosotros estamos creando el mundo del futuro sin comprender las leyes que gobiernan el del presente.
Sabemos que las especies se están extinguiendo, pero no comprendemos ni de lejos cómo puede regenerarse la biodiversidad, no conocemos con detalle cómo se crean nuevas especies. Sabemos que algunas especies están evolucionando a un ritmo insospechadamente rápido para adaptarse a las alteraciones causadas por el hombre, lo que quizá las salve de la extinción, pero no sabemos cómo encajarán esos organismos transformados en los nuevos ecosistemas. Sabemos que cada ecosistema se caracteriza por una biodiversidad especÃfica, pero no sabemos casi nada acerca de cómo se adquiere y se regula esa biodiversidad.
¿Se regula la diversidad de los ecosistemas “desde arriba” o “desde abajo”? Es decir, ¿son las especies situadas en la cúspide o en la base de la cadena alimentaria las que ejercen influencia decisiva sobre el número de especies y la biodisparidad (grado de diferencia entre especies) de cada ecosistema? Décadas y décadas de estudio no han arrojado excesiva luz sobre la cuestión.
En un intento de comprender el funcionamiento de las comunidades se propusieron mecanismos simples que regularan el tamaño de las poblaciones y el número de especies. Estos mecanismos son el “arriba-abajo” y el “abajo-arriba”. El primero postula que la existencia de depredadores en la cúspide de la cadena permite una mayor diversidad de herbÃvoros que si no los hubiera, y ésta estuviera sólo determinada por la competencia entre ellos. Si no hubiera depredador, la especie más eficiente en aprovechar el alimento vegetal se impondrÃa a las demás. Pero el depredador tiende a cazar preferentemente esta especie, por la sencilla razón de que es más abundante. De esta forma se controla su expansión y se permite una biodiversidad elevada. Casi siempre los principales afectados por la alteración humana son los grandes depredadores (entre otras cosas por el reducido tamaño de sus poblaciones y sus prolongados ciclos de reproducción).
Este modelo puede pecar de simplista. ValdrÃa para cadenas tróficas muy bien delimitadas, donde cada especie ejerce sólo un papel. Pero los ecólogos hablan ya casi siempre de “redes tróficas”, con muchos eslabones intermedios y relaciones cruzadas, en las que un mismo animal puede comportarse como depredador y presa (por ejemplo, es depredado por los adultos de otra especie, pero puede alimentarse de los ejemplares jóvenes del depredador). También hay organismos omnÃvoros o parásitos, los herbÃvoros son “atacados” por los mecanismos de defensa de las plantas, etc. Parece que este modelo funciona mejor en los ecosistemas marinos, donde las interacciones son más lineales y se aplica mejor el concepto de “cadena trófica”.
El modelo “abajo-arriba” postula que el control de la diversidad lo poseen principalmente los vegetales. Conforme la vegetación se hace más exuberante, aumenta el número de nichos ecológicos que pueden ocupar los herbÃvoros y también el número de escondites donde pueden guarecerse de los depredadores. Cada herbÃvoro usarÃa unas tácticas distintas de ocultación y asà podrÃan convivir muchas especies. Paradójicamente, las plantas protegerÃan a sus devoradores. Pero en la naturaleza las relaciones son más complejas: los mismos animales que consumen vegetales pueden también ser aliados suyos, al polinizar sus flores o dispersar sus semillas.
Otros muchos efectos pueden incidir en la preponderancia de un esquema u otro. Actualmente no se sabe qué mecanismo gobierna realmente los ecosistemas, aunque los ecólogos van llegando al consenso de que los dos actúan en mayor o menor medida en todos ellos. El mecanismo “abajo-arriba” parece tener más importancia en los ecosistemas terrestres y de agua dulce.
Las especies pueden evolucionar a un ritmo mucho más rápido del que sospechaban los paleontólogos, que pensaban en términos de millones o de miles de años. Desde los estudios exhaustivos (controlando a cada pájaro en la naturaleza desde su nacimiento casi a la manera de un dios omnisciente) del matrimonio Grant sobre los mismos pinzones de las Galápagos que inspiraron a Darwin su teorÃa, se sabe que los animales pueden presentar adaptaciones en sus cuerpos en respuesta a cambios ambientales producidos en décadas o incluso en lustros.
Ya hay evidencias de que algunas especies están empezando a adaptarse al cambio climático. Un número muy superior, sin embargo, no presenta tal capacidad de adaptación y se está extinguiendo ante las brutales alteraciones de todo tipo que provoca el hombre en los ecosistemas. Algunos autores (Myers y Knoll) se plantean cómo afectará la presente Sexta Gran Extinción a la evolución de las especies y a la generación de biodiversidad. Como dice otro autor, Soulé, “la muerte es una cosa, pero el fin del nacimiento es otra muy distinta”.
En efecto, el escenario de una continuada ocupación humana del planeta durante milenios, hace suponer que se producirán alteraciones muy graves en los procesos evolutivos y en la formación de nuevas especies. Por ejemplo, la destrucción se está concentrando de manera muy especial en los mayores focos de biodiversidad, como las selvas tropicales, los humedales o los arrecifes de coral. Los linajes privilegiados, los destinados a diversificarse de modo espectacular, serán los que ahora están adaptados a convivir con el hombre (asà nuestros descendientes verán el nacimiento de super-ratas y super-cucarachas, con una capacidad de resistencia inaudita a nuestros ataques).
La extensión de especies invasoras está homogeneizando las comunidades biológicas en todo el mundo y reduciendo el reservorio genético. El rejuvenecimiento constante de los ecosistemas por acción del hombre genera un empobrecimiento generalizado, porque los ecosistemas estables y antiguos son los más ricos en especies. También disminuirá la biomasa global, lo que causará más pérdida de biodiversidad. La fragmentación de las poblaciones en espacios aislados está causando que se corten los flujos genéticos entre ellas, lo que reduce su diversidad genética interna y las hace más vulnerables frente a cambios ambientales bruscos.
La biodisparidad también se reducirá. Los grandes mamÃferos con tiempos de generación largos perderán la batalla, mientras que la ganarán muchos insectos que se reproducen prolÃficamente. Debemos recordar que, si fallara nuestra tecnologÃa por una catástrofe, nosotros reaccionarÃamos biológicamente como lo que somos: mamÃferos grandes con uno de los ciclos reproductivos más largos de todo el reino animal.

Otros Reportajes:
Los más comentados:
Evolución humana: El cerebro (18)
Regeneración de las células: La médula espinal (9)
Evolución humana: La importancia de la dieta (8)
Postura erguida: ¿Por qué la adoptamos? (8)
Los Cloroplastos: Intrusos primitivos (7)



Estás en:



Hace “relativamente” poco que en los medios de comunicación habláis del cambio climático como una realidad que nos empieza a afectar y os desearÃa felicitar por la difusión tan correcta que estáis ofreciendo aquà sobre estos temas.
Al leer el documento sobre el futuro de la biodiversidad me ha sorprendido conocer que algunos animales ya dan signos de evidencias de adaptarse a un cambio climático que, todavÃa hoy, muchas personas (incluÃdos importantes cientÃficos) no ven claro.
¿TendrÃamos que observar más el comportamiento animal para poder predecir nuestro futuro?
Posiblemente, sÃ.