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Biodiversidad: Su conocimiento

Podemos tener, con los satélites, los GPS, la globalización e internet, la impresión de que el mundo ya está explorado y no puede depararnos sorpresas.

Pero la diversidad biológica es de tan inconmensurable magnitud, que si el ritmo actual de descripción de nuevas especies no se acelera, probablemente se tardarán decenas de miles de años en catalogarla completamente.

Durante los últimos cinco siglos se ha realizado una prospección biológica más o menos sistemática de todos los continentes. A partir de la adopción del sistema de clasificación de los organismos de Linneo, hace unos 250 años, estas investigaciones se intensificaron enormemente y adquirieron un punto álgido en el siglo XIX: los gobiernos financiaban numerosas expediciones que recorrían el mundo en busca de organismos y los museos de historia natural florecieron por todas partes.

El resultado de estos inmensos esfuerzos ha sido la descripción de en torno a 1.500.000-1.800.000 especies distintas. Nadie sabe cuántas especies quedan por descubrir, pero estimaciones razonables (basadas por ejemplo en contar las especies no conocidas que se encuentran en un solo árbol de una selva tropical y en multiplicar este número por el de árboles que hay en una hectárea y por el número de hectáreas no exploradas) sugieren que seguramente hay al menos varios centenares de millones de especies.

Las bacterias, por ejemplo, presentan una casi monstruosa proliferación de formas. En un sólo gramo de tierra de un bosque de Noruega se han encontrado entre 4.000 y 5.000 especies, la mayoría de las cuales no se conocían (en realidad, el número total de especies bacterianas descritas es de unas 4.000). Las bacterias ocupan todos los hábitats de la Tierra: el suelo, los mares, nuestros cuerpos, la Antártida, las fuentes termales a más de 100 º C de temperatura, las minúsculas grietas de las rocas hasta varios kilómetros de profundidad, los lagos salados o envenenados con ácido sulfúrico… Cada uno de estos ambientes requiere adaptaciones especiales y está habitado por especies distintas.

Podemos aplicar consideraciones parecidas a otros grupos tremendamente diversos, como el de los insectos o los moluscos. La mayor parte de los hábitats terrestres están aún prácticamente sin explorar: los fondos abisales de los mares, las selvas tropicales (ambos hábitats muy ricos en especies), las profundidades de la Tierra o las regiones polares. En realidad, sólo conocemos las especies más comunes, las más llamativas, las menos tímidas y las que viven cerca de donde hay biólogos (se dice a veces que los mapas de distribución de especies en realidad lo que reflejan es la distribución de los biólogos que las estudian).

Existen algunas leyes que gobiernan la distribución de la biodiversidad en el mundo. La primera ley dice que el área de distribución de la mayoría de las especies es muy reducida. Esto quiere decir que todavía no hemos encontrado los “santuarios” de la mayoría de las especies del planeta. La segunda dice que además, estas especies con área reducida, presentan localmente pocos individuos (lo que las hace aún más difíciles de detectar). La tercera ley recoge el hecho de que hay algunas regiones que presentan una gran densidad de especies (como los trópicos) y otras una densidad baja (los polos, por ejemplo). La cuarta ley dice que las especies con área de distribución reducida suelen hallarse confinadas geográficamente por algún obstáculo que impide su libre dispersión.

La combinación de la tercera y la cuarta ley se traduce en que existen “puntos calientes de biodiversidad”, lugares con una especial concentración de especies exclusivas. Cuanto más nos acerquemos a los trópicos más especies habrá por unidad de área y cuánto más aislado esté el territorio, como en el caso de las islas o las cumbres de las montañas, más probabilidad hay de que las especies que encontremos sean exclusivas de ese territorio. Así pues las islas y las montañas de las regiones tropicales son los lugares que merecen nuestros mayores esfuerzos de conocimiento y protección de la biodiversidad.

Precisamente en estos momentos en que se habla tanto de biodiversidad, su estudio está muy poco valorado por la sociedad. Sólo un pequeño porcentaje de los biólogos en activo se dedican a la descripción y clasificación de especies (se privilegian otros estudios, como los ecológicos, de comportamiento, de biología molecular, etc.). En parte, es lógico, porque la clasificación de los organismos no reporta resultados económicos visibles. Otro obstáculo para estos estudios es que, cuantas más especies se describen, más laboriosa es la descripción de especies nuevas (hay que comparar cada ejemplar con los de todas las especies descritas y aclarar todas las confusiones que se van generando).

Sin embargo, no habría que perder del todo la conciencia de que los estudios de catalogación de la diversidad son muy importantes, ya que son la base de posteriores investigaciones. No podremos entender cómo funciona detalladamente un ecosistema si no conocemos cuántos y cuáles son sus componentes. Tampoco podremos emprender una investigación racional y sistemática de la actividad biológica de las sustancias que producen los organismos (por ejemplo para encontrar nuevas medicinas) si previamente no los hemos identificado correctamente.

Es de esperar que en los próximos años se produzca un aumento de la velocidad de descripción de nuevas especies. Algunas nuevas técnicas, como internet (por ejemplo para consultar bancos de imágenes de los ejemplares de los museos inmediatamente), la fotografía digital, los sistemas de información geográfica o las redes compartidas de bases de datos, están facilitando mucho la labor de los clasificadores. La aplicación creciente de las técnicas de biología molecular a la identificación de especies también está produciendo resultados espectaculares (aunque definir una especie en base a sus particulares secuencias moleculares destruye gran parte del atractivo que para algunos de nosotros ejercen estas tareas).

La vieja visión del estudioso que examina con su lupa los órganos genitales de decenas de ejemplares de mosquitos buscando minúsculas diferencias entre ellos está condenada a desaparecer, pero siempre habrá quien valore su paciencia, como la del trabajo de los artesanos.








...por Antonio Jiménez ...por Antonio Jiménez


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1 comentario en Biodiversidad: Su conocimiento

  1. Enhorabuena por el artículo. La biodiversidad es un tesoro enorme del que hemos de cuidar entre todos. Desde mi punto de vista toda medida que se tome para la protección de espacios naturales son pocas. Recientemente he podido leer una noticia sobre medidas de ampliación de uno de los espacios naturales principales de España, Doñana.

    Un saludo a todos los seguidores de portalmundos :)

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