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Armas de seducción: Cortejo animal


El cortejo y la seducción pueden alcanzar en los seres humanos unos niveles de sofisticación abrumadores, pero, ¿de verdad cumplen su objetivo de seleccionar los mejores genes?

En los animales, con culturas sencillas o ausentes, es vital que el cortejo cumpla con la función de encontrar un compañero sexual que maximice la producción de descendientes, su supervivencia y su aptitud reproductiva. Los cortejantes (sobre todo las hembras) deben juzgar de modo acertado una serie de rasgos de la pareja. Estos pueden ser de muy diversa naturaleza, en función de las estrategias reproductivas y los requerimientos ambientales de cada especie. Los rituales de cortejo cumplen también la función de reconocimiento entre miembros de la misma especie, y a veces son muy complejos, para evitar cruces infértiles o peor aún, que produzcan retoños inviables. Una mutación que produzca un pequeño cambio en las pautas de cortejo puede conducir en muy poco tiempo a la formación de nuevas especies.

En muchas aves, como las grullas, la secuencia de movimientos del cortejo es extremadamente elaborada, aunque quizá la danza más elegante sea la de los cisnes, con su delicado entrecruzamiento de cuellos. En algunas especies, machos y hembras cantan a dúo. Los albatros bailan mirándose mutuamente y los piqueros intercambian ramitas con el pico, como si fueran regalos. Entre las hembras más exigentes están las de los tilonorrincos o pájaros glorieta. Los machos construyen impresionantes chozas o galerías de ramas, que decoran con objetos de colores vistosos. Recolectan trozos de vidrio, hebras de lana, billetes, flores, etc. Incluso se arriesgan a robarlos de los “nidos” de otros machos. También pintan la construcción nupcial con jugos de frutas, usando herramientas (manojos de fibras que agarran con el pico). No contentas con esto, las hembras exigen además que los machos ejecuten elaboradas danzas y que tiren por el aire los objetos ornamentales.

El delfín rosado amazónico es un animal romántico según nuestros cánones. Recoge pedazos de madera, rocas o montones de lodo para captar la atención de las hembras. Les ofrece estos regalos, llevándolos en la boca y acercándose en posición vertical, muy cerca de la superficie, para después sumergirse rotando sobre su propio eje. El objetivo es impresionar a la hembra. Si hay otros delfines cerca, se mostrará fuertemente agresivo frente a ellos, pero nunca entrará en una pelea en presencia de la hembra. Los delfines rosados macho tienen ese color característico por la cicatrización de sus heridas debidas a enfrentamientos con otros machos. El tener un color más fuerte significa que se ha enfrentado en más oportunidades y con mayor intensidad a otros delfines.

Los alardes de valentía son indicadores honestos de la bondad de los genes, ya que el macho tiene mucho que perder en ellos. Es el caso de los machos de unos peces, los gupis de Trinidad. Cuando un depredador se acerca al grupo, se dirigen temerariamente hacia él en parejas. Las hembras escogen normalmente a los machos que presentan un color anaranjado más intenso, pero pueden elegir al menos coloreado de la pareja si es el que más se acerca. Si no hay ninguna hembra próxima, a los machos ni se les ocurre hacer esas locuras.

Para poder aparearte, debes “estar a la moda”, presentar los rasgos que una población de hembras considera atractivos en un momento determinado. La selección de estos rasgos es desbocada. Un macho que presente un carácter algo llamativo, puede atraer a algunas hembras. Los descendientes machos de estos cruces heredarán el rasgo atractivo del padre y las hijas, las preferencias de la madre, con lo que la selección de rasgos cada vez más llamativos se alimenta a sí misma. Los caracteres se desarrollan tanto que llegan a comprometer la supervivencia (colas desmesuradas, colores estridentes, etc.). Por otro lado, las hembras suelen ser influidas por las elecciones de otras. Una hembra siempre busca incrementar su descendencia futura, por medio de hijos irresistibles para otras hembras. Por ello, muchas eligen a machos a los que han visto aparearse con otras, sobre todo si éstas tienen experiencia.

Muchas hembras son más prosaicas y aceptan a los machos que mejores regalos alimenticios les ofrecen. Algunos grillos macho regalan a las hembras sustancias nutritivas producidas por ellos para evitar que se coman el esperma, depositado en el exterior. Pero lo más usual es la ofrenda de presas. Los machos de las moscas escorpión tratan de regalar una presa a la hembra para que les permita el apareamiento; si no la consiguen, les ofrecen su nutritiva saliva. Si la hembra la rechaza, el macho puede olvidar las gentilezas y tratar de forzar la cópula, sujetando a la hembra con sus pinzas genitales. Los machos más fuertes usan la primera estrategia, la más exitosa, y los más débiles recurren desesperadamente a la tercera, aunque las hembras consiguen casi siempre escapar.

Otras hembras se fijan más en las aptitudes del macho para cuidar de la progenie. En las ranas gladiadoras, el macho es el encargado de construir el nido y defender los huevos. En el cortejo, el macho se queda quieto y la hembra choca a propósito contra él, golpeándolo con mucha fuerza. Si el macho se mueve demasiado o abandona el nido, la hembra se apresura a marcharse en busca de otro más fuerte para defender la nidada. El macho del hámster enano de cola corta exhibe una conducta extraordinaria. Actúa como partero de la hembra: limpia por turnos a cada cría recién nacida, corta con los dientes los cordones umbilicales y recoge a las crías que se alejan del nido. Pero más que ejemplo de devoción paternal, la actividad del macho es una estrategia de cortejo, ya que la hembra sólo es receptiva al apareamiento en las 3 horas siguientes al parto.

A veces, el cortejo es muy largo, minucioso e íntimo. Esto ocurre en las especies monógamas y es más frecuente cuando los dos sexos realizan una gran inversión en el cuidado de la prole, como ocurre en muchos pájaros, en los que el cortejo puede durar semanas. Las hembras necesitan llegar a conocer las capacidades reales del macho y evaluar el riesgo de ser abandonadas con las crías o de sufrir maltrato. Los machos también necesitan estimar la probabilidad de que las hembras les sean infieles o les abandonen con las crías.

Muchas veces el cortejo es muy peligroso para los machos. Las hembras de arañas, mantis y escorpiones frecuentemente los devoran durante o después de la cópula. Los machos de algunas arañas tienen que inmovilizar a las hembras con hilos de seda y los de otras les llevan presas, para que se entretengan comiendo mientras ellos llevan a cabo un apareamiento furtivo. El escorpión macho sujeta las pinzas de la hembra con las suyas mientras efectúa la danza nupcial para evitar que ésta le clave su aguijón.








...por Antonio Jiménez ...por Antonio Jiménez


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