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Animales venenosos: Los más temibles

El veneno es magia. No nos puede dejar de fascinar que una centelleante picadura o un furtivo mordisco de un animal pequeño provoquen efectos tan espectaculares en los organismos.

Los animales venenosos han “estudiado” durante cientos de millones de años la bioquímica de sus víctimas, y han encontrado sus puntos más débiles, las reacciones cruciales. El veneno es costoso de producir y por eso han sintetizado sustancias que en dosis ínfimas paran el corazón de un toro o bloquean en segundos la unión entre nervios y músculos.

Es difícil elaborar un ranking de los animales venenosos más temibles. Hay que tener en cuenta a los que poseen los venenos más potentes, los que inoculan mayor cantidad, los más agresivos, los más abundantes o que más frecuentan la cercanía del hombre, los que más víctimas causan, los que matan más rápido o los que inflingen mayores sufrimientos. En este último caso, en lo referente a las serpientes, está más o menos claro: si nos muerde una especie mortal en un lugar remoto sin posibilidades de salvación, seremos afortunados si pertenece a la familia de las cobras, en lugar de a la de las víboras. Éstas últimas causan una muerte lenta y muy dolorosa.

El veneno animal más potente conocido es la batrachotoxina, presente en la piel de ciertas ranas arborícolas americanas, como la Phyllobates terribilis, o rana de punta de flecha (los nativos usan este veneno para impregnar sus flechas). Curiosamente, este veneno está presente también, en mucha menor concentración, en las dos únicas especies de aves tóxicas (Pitohui dichrous e Ifrita kowaldi, endémicas de Nueva Guinea). La batrachotoxina tiene una dosis letal en el 50% de los casos (LD50) de 1 a 2 microgramos por kilogramo de peso en seres humanos. Pero los hechos de que ni ranas ni pájaros inoculan activamente su veneno y de que éste penetra con dificultades por la piel, hacen que el animal más venenoso sea la taipán del interior (Oxyuranus microlepidotus), una serpiente australiana de la familia de las cobras, aunque es un poco atípica porque su veneno no sólo tiene efectos paralizantes, sino que también causa destrucción de los músculos y hemorragias internas. Su veneno tiene una LD50 de 10 microgramos por kg de peso y una sola mordedura (hasta 110 miligramos de veneno) puede matar a aproximadamente 100 personas. Afortunadamente, vive en desiertos y es poco agresiva. Más peligrosa es la avispa de mar (Chironex fleckeri), una pequeña medusa de forma cúbica presente en las costas de Australia. Sus tentáculos contienen miles de ampollas llenas de una toxina que actúa sobre el sistema nervioso y el corazón, cuya LD50 es de aproximadamente 20 microgramos por kg del sujeto (con simplemente 1´4 miligramos de veneno, puede matar a un hombre adulto). Esta especie habita en zonas frecuentadas por bañistas y buceadores y causa muchos más accidentes mortales que la serpiente.

La avispa marina es también el animal que mata más rápidamente. Además de los efectos tóxicos de su veneno, el intensísimo dolor que provoca puede causar un shock neurógeno con inmovilización inmediata, con el consiguiente riesgo de ahogamiento y parada cardiaca. Su veneno activa muchos centros del dolor al mismo tiempo y algunas personas que han sobrevivido describen la experiencia como “quemarse vivas”. Otro celentéreo, la carabela portuguesa (Physalia physalis), presente a veces en las costas españolas, también puede provocar este shock. La serpiente más peligrosa de África, la mítica mamba negra (Dendroaspis polylepis), por su velocidad, agresividad, toxicidad del veneno sobre el sistema nervioso y la gran cantidad que inocula, puede matar a una persona en unos diez minutos.

El peor enemigo de la humanidad, por el número de mordeduras graves y mortales que realiza, es una preciosa víbora, con llamativos dibujos elípticos en el dorso, la víbora de Russell (Daboia russelli). Vive en el sudeste asiático (de Pakistán a Thailandia, Indonesia y Sur de China, pasando por India, Bangla-Desh, etc.). Es muy agresiva (los ejemplares jóvenes atacan a la más mínima provocación), ocupa una amplia variedad de hábitats y se encuentra muchas veces en las cercanías del hombre (incluso en áreas muy urbanizadas), debido a su especial atracción por los roedores. Su veneno mata las células, en especial las sanguíneas, y destruye los tejidos, incluido el muscular. También puede provocar inflamación cerebral. Es el miembro más mortal de las “Big Four”, las cuatro grandes serpientes venenosas de la India, que están implicadas en la inmensa mayoría de las mordeduras letales del país. Las otras tres son la famosísima cobra india (Naja naja), el krait común (Bungarus caeruleus) y la víbora gariba (Echis carinatus), que probablemente es la más abundante de las serpientes venenosas. La más impresionante de las cobras indias, la cobra real (Ophiophagus hannah) no está incluida en este selecto club, a pesar de medir hasta 5 metros (es la serpiente venenosa más larga) y de ser muy agresiva, ya que suele vivir en lo profundo de los bosques.

Otros animales venenosos son muy insidiosos. Los peces piedra (género Synanceja), de mares tropicales, están perfectamente camuflados como una roca y si los pisamos o tocamos nos podemos clavar sus espinas huecas, llenas de un veneno que puede matar a un hombre en pocas horas. Aún más inesperado es el ataque de algún caracol marino del género Conus (sus conchas tienen forma bicónica). Estos animales permanecen enterrados en la arena a poca profundidad y pueden dispararnos un arpón cargado de veneno (tan potente como el de las cobras en las especies más venenosas), si se sienten amenazados o si manipulamos la concha atraídos por sus bonitos colores y formas. De estos animales se ha extraído recientemente un analgésico mucho más potente que la morfina.

Las arañas tienen mucha mala fama, pero sólo hay un puñado de especies verdaderamente peligrosas para los seres humanos: las viudas negras, la araña reclusa, la araña de tela de embudo australiana y la serpiente del banano (acténida brasileña, de veneno muy potente pero que tiene dificultades para inocularlo al ser humano). Algunas especies de escorpiones son muy peligrosas, por la potencia de su veneno y su tendencia a penetrar en las casas y esconderse detrás de muebles, en los zapatos, etc. Normalmente, como en el caso de las arañas (las grandes tarántulas tropicales suelen ser poco venenosas), las especies más pequeñas son las más letales.

El veneno está muy repartido en el mundo animal. Incluso hay mamíferos venenosos, como el ornitorrinco y ciertas musarañas. Nuestra vulnerabilidad a muchos venenos nos hermana con el resto de los animales: todos compartimos una bioquímica básica, casi inalterada desde hace más de 500 millones de años.








...por Antonio Jiménez ...por Antonio Jiménez


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